Siempre Puerto Plata

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“Más de 115 mm de agua, en menos de seis horas. Estamos inundados en todos los lugares. Espero que podamos seguir diciendo que no tenemos pérdidas de vidas…”. Mensaje estremecedor del médico y empresario, José Natalio Redondo Galán. Jueves 8:29 de la noche. El grito del presidente de la Asociación de Hoteles, Restaurantes y Empresas Turísticas del Norte, trascendió la ficción. La persistencia de las lluvias, la terquedad de la naturaleza, brava y vengadora, no permite resquicio para la fantasía, empero, garantiza, el intento de recrearla. Entonces me espantó recordar la novela Sueños de Salitre, pero el trance no era adecuado para literatura. El dato obligó la consulta. Osiris de León, servicial, luego de conocer la información, advierte: Es grave.
Las lluvias continúan y continuarán. El suelo no resiste más. Ha sido una tormenta sin tormenta, es una calamidad que perturba, reta, mortifica. Es la impotencia frente al caudal. Aguas sin control ni cauce, con fuerza aterradora que destruye, arrasa, derrumba. No respeta estatus, ni vallas. No se detiene con muros ni compuertas, con plegarias, ni invocaciones. Es el torrente que inunda, desata y desbarata. El plantío en la corriente, la tierra sin raíces, las reses ahogadas y estremecidas, el fango como asfalto y ruta. Es el miedo y el deseo de no tenerlo.
Las imágenes perturban y obnubilan, empero, es diferente ver el desfogue en la pantalla que sufrirlo, compartirlo por las redes, desde la tranquilidad y el cobijo.
Urge mantener la voluntad, el esfuerzo colectivo, solidario. La tragedia exige acuerdos y presunción de buena fe. Ocurre en Puerto Plata, en María Trinidad Sánchez, en Espaillat, Santiago, Montecristi. Afecta Samaná y a la provincia Duarte. Incluye a San Cristóbal, San Juan, y sigue, sigue. La gravedad, la inminencia, desafía el norte de la isla. Las causas pueden ser muchas, variadas, interesadas. Las razones ponderadas, evaluables, pero ahora, es el momento de acudir, del socorro y la asistencia, para inventar la esperanza y reconstruir.
La leyenda provinciana atribuye a Santa Rosa de Lima la protección de la región. Los ancianos de la comarca contaban, generación tras generación, que gracias a su intercesión nada fatal afectaba a Puerto Plata. Cualquier amenaza de ese Atlántico imponente, sería fugaz y no impediría que la loma abrazara el territorio y la costa sintiera la espuma, con ese vaivén de seducción y encanto permanentes. Ningún huracán intervendría jamás el espacio. La fe que acata la leyenda se enfrenta con la orografía. El respaldo divino está en la cordillera, sin embargo, la agresión vence montañas. También el acoso contra lechos y arrecifes, la agresión a las fuentes acuíferas, la saña que tala. El arrebato de zonas, la contaminación.
Mientras las aguas arrastraban enseres, techos, animales, penetraban en el pueblo sin respetar contenes, postes, empalizadas ni concreto. Mientras la infraestructura del aeropuerto Gregorio Luperón exhibía pisos encharcados, una voz denunciaba culpas. Analizaba construcciones y concesiones: zonas de drenajes irrespetadas, casuchas y urbanizaciones construidas encima de antiguas cañadas, Isabel de Torres sacrificada. La legión de compueblanos, residentes fuera de la provincia, ocupada en procura de alimentos, ropa, para esa marginalidad damnificada, compartió aquello. Aunque inoportuno, comentaba el contenido. De nuevo la consulta al experto: eso es válido, pero hay que sumarle lluvias del orden de 200 milímetros en un día y de 120 milímetros en seis horas. Eso, es mucha agua- asevera Osiris de León.
La convocatoria para la cooperación, está por doquier, la respuesta extraordinaria. La constancia es imprescindible. El saldo del desastre nacional, hasta ahora, conforme al reporte del COE, es: 4,662 viviendas afectadas y 23,110 desplazados. En Puerto Plata, el registro es de 4,171 casas afectadas. El Hospital de Montellano: inhabilitado. El Hospital Ricardo Limardo, funciona más allá de sus limitaciones. La turbiedad afecta las aguas de los acueductos Imbert, Camú, Altamira, La Jaiba, Martín Alonso. El tiempo de Puerto Plata ha sido siempre. Ahora necesita más, para que resplandezcan las mañanas de sal y sol.