Siento pena por Jaime David

Jaime David sabe muy bien que el problema histórico del uso de las tierras de Los Haitises por parte de campesinos pobres y muy pobres, para quienes esa trinchera era su única fuente de vida, estaba en vías de solucionarse definitivamente, juntando la ayuda económica y técnica que vendría de fuentes externas a Los Haitises (dominicanas), con la tierra que un decreto presidencial había designado para esos fines.

Jaime David sabe que la formación de Los Haitises son la principal reserva de agua que le queda al país; que ésta capta mucho más de 1,000 millones de metros cúbicos de agua que ya son necesarias para abastecer cinco provincias y a la propia Capital de la República.

Jaime David sabe muy bien que sus principales técnicos le rindieron un informe oponiéndose a la pretensión de Palacio de cederle a un par de poderosos capitalistas de Santiago una inmensa porción de tierra colindando con Los Haitises, parte de la cual estaba destinada para las aldeas y haciendas modelos donde se asentarían las familias pobres desalojadas de Los Haitises.

Jaime David sabe que la cementara ahí no procede. Lo sabe muy bien. Y sabe que ésta no puede tener ningún estudio de impacto ambiental porque para ello, según la ley, tenía que someterse a la opinión publica, a los habitantes y organizaciones de la zona y a un debate público y contradictorio, y que nada de esto se hizo.

Jaime David sabe que lo que hay detrás de la criminal concesión a dos poderosos grupos de Santiago es fortalecer el acceso de las cúpulas de poder a los medios de comunicación que estos grupos poseen y muchas otras indelicadezas, que no me está permitido publicar en esta columna.

Jaime David sabe que el problema social que durante décadas ha lastimado a cientos de familias campesinas y que mantiene en vilo a las comunidades que habitan Los Haitises nunca se va solucionar, puesto que al permitir la entrada de una cementera no habrá razones validas para alegar daño a Los Haitises, puesto que el peor daño lo causaría este tipo de industrias, con la destrucción de sus acuíferos, del relieve y la contaminación de la superficie.

Jaime David sabe que la Secretaría y su gestión pierden el apoyo que le pudo brindar la sociedad, cuando, por razones que no pueden publicarse, permite un desatino y un engaño como éste.

Siento pena por Jaime David, involucrado en una iniciativa que nunca podrá justificar, y que esta sociedad a la que le duele, de verdad, este país, nunca le permitirá disfrutar.