Sigamos el ejemplo de otros países de América

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
Hasta hace unos pocos años, los países latinoamericanos estaban plagados de férreas dictaduras en donde la corrupción rampante era tan común, que se pensaba constituía la regla y no la excepción. Los tiempos comenzaron a cambiar para estos déspotas cuando los Estados Unidos de América decidieron retirar el apoyo que les brindaban, sobre todo aquellas que enarbolaban un anticomunismo furibundo, tal era el caso de Trujillo en nuestro país. Este cliché dejó de tener vigencia cuando en los años ochenta, la Perestroika puso fin a la guerra fría.

En América Latina ha surgido en muchos países un movimiento reivindicativo para juzgar y condenar los hechos de corrupción más conspicuos. Así el ex-presidente Carlos Menem, cuyo régimen corrupto llevó a la bancarrota a la otrora rica República Argentina, perdió no solo las elecciones, sino que fue llevado ante los tribunales para responder por los desafueros cometidos durante su largo período presidencial.

El general Augusto Pinochet, a quien el juez español Baltasar Garzón hizo pasar una larga temporada de cárcel domiciliaria en el Reino Unido, se le cayó su buena estrella, al descubrirse una cuenta multimillonaria en los Estados Unidos, fruto de la extorsión y las ilegales “comisiones” que cobraba por “el mantenimiento de un clima de paz para los inversionistas” que aunque sorprenda, contribuyó al auge económico de Chile. Hoy ha sido desprovisto de su fuero como congresista y enfrenta cargos por corrupción y abuso de poder que le llevó a disponer de la vida de muchos que no comulgaban con sus métodos represivos.

Perú no se ha quedado atrás y el en otro tiempo señor de horca y cuchillo, todopoderoso ministro Vladimir Montesinos, fue destituido y condenado a cumplir una pena de veinte años de prisión. Asimismo, generales que saquearon el país cuando detectaron el poder, han sido confinados por las acciones de corrupción que cometieron cuando estaban en el poder.

Gustavo Noboa del Ecuador tuvo que asilarse en la embajada de la República Dominicana en Quito y hoy se encuentra asilado en el país siempre eludiendo cargos que por corrupción le endilgan las autoridades que gobiernan aquel país sudamericano.

Un presidente que gozaba de gran aprecio y popularidad hasta que se descubrió todas las fechorías y desfalcos que cometió, lo fue Collor de Melho en el Brasil. País que no obstante su tamaño y sus riquezas naturales, todavía no ha podido desplegar el gran potencial que le augura un gran porvenir. Sin embargo, este coloso se esta preparando aceleradamente para ingresar en el sitial que le corresponde dentro del mundo desarrollado.

En América Central se ha desatado una cacería de brujas contra presidentes que durante su mandato se cometieron graves irregularidades en el manejo del erario. Arnoldo Alemán, ha sido acusado y encarcelado por desfalcos durante su administración. Esta situación ha querido ser aplicada al actual presidente Enrique Bolaños quien ha debido apelar a la solidaridad internacional para no ser derrocado.

Costa Rica ha creado un precedente. Su antiguo presidente, Miguel Angel Rodríguez, quien había sido seleccionado para reemplazar al colombiano César Gaviria en la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), tuvo que renunciar ante la insistente acusación que se le hiciera de aceptar un soborno, para que la compañía francesa Acatel de telefonía móvil ganase un concurso en su país. Ha sido un espectáculo muy deprimente ver por la televisión la imagen de este “dignatario” esposado y escoltado por policías descender de la aeronave que lo condujo de vuelta a San José.

México, el gran país del Norte no escapa a estos escándalos. Los ejemplos son múltiples. El presidente López Portillo. El asesinato del candidato Coloso. El gran instaurador de la “mordida”, el general de la policía Durazo.

Todos los personajes que hemos citado, han debido enfrentar cargos por diversos actos de corrupción, por exceso de poder, cohecho o recibir dádivas encubiertas. En nuestro país, en donde se han comprobado actos inequívocos de corrupción no han sido enjuiciados los principales responsables de la depredación de los dineros que como impuestos pagan los contribuyentes. Existe, o mejor dicho fue creado en el gobierno anterior, el Departamento de Prevención contra la Corrupción (DEPRECO), cuyo director, un pithecanthropus erectus con “ínfulas de erudito”, no sometió a nadie ante los tribunales, no obstante las reiteradas denuncias que se hicieron. Es más, este señor tuvo la “cachaza” de aprovecharse del cargo y comprar a precio vil una parcela del Estado.

Ojalá que los vientos depuradores que soplan en toda América Latina y en el mundo, empiecen a batir sus ráfagas en el país y se comiencen a someter a los “ladrones de cuello blanco o saco y corbata”, únicos y verdaderos culpables de la situación de injusticia en la cual nos encontramos, que acentúa la desigualdad social y constituye una burla para aquellos ciudadanos cumplidores de la ley.