Significación de la inmigración no haitiana

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POR CARLOS DORE CABRAL
Si en 8 años -entre 1997 y 2005- la Dirección General de Migración concedió 50,000 permisos de residencia a extranjeros no haitianos, se puede estimar –con riesgos-  que entre 1961 y 2006 –un total de 45 años- se concedieron a esa categoría de inmigrantes unos 250,000 permisos de ese tipo. 

Si se asume para el caso de la República Dominicana la misma norma que para otros países receptores que, por cada extranjero documentado, existe por lo menos otro indocumentado, hay que llevar esa cifra a 500,000 inmigrantes no haitianos.

Y si esa presencia extranjera no se mantiene estática, sino que se reproduce –como demuestran las entrevistas procesadas hasta ahora-, la cifra de inmigrantes no haitianos y sus descendientes, o sea, inmigrantes no haitianos en primera y segunda generación, es mayor que el medio millón anotado (supra).

Para una población de 8 millones de habitantes, como es la dominicana, esos 500,000 extranjeros no haitianos significan el 6.25%.  Esta cifra en sí misma tiene una gran significación estadística, pero la tiene aún más si se recuerda que el millón de dominicanos que se dice reside –legal e ilegalmente-  en Estados Unidos sólo representa un  0.3% de su población, que roza los 300 millones.

(Sé que de ese millón de dominicanos en Estados Unidos, la mayoría está concentrada geográficamente en Washington Heights, un barrio de Manhattan, en Nueva York y eso le da relevancia a su presencia, cosa que no pasa con el medio millón de extranjeros no haitianos que residen en la República Dominicana. No obstante, se puede plantear la hipótesis –la investigación aún no llega a ese tipo de detalle tan sofisticado– de que algunos de los miembros de este último conglomerado, forman parte de los diversos sectores de poder, sin excepción, lo cual no sucede con los inmigrantes dominicanos en Estados Unidos ni tampoco con los inmigrantes haitianos en el país.)

O sea, que la importancia numérica de los inmigrantes no haitianos no es despreciable.  Pero mucho menos lo es desde el punto de vista de la calificación de esos nacionales extranjeros que ingresan al país. 

Mientras la inmigración haitiana es fundamentalmente laboral, compuesta por trabajadores especializados en tareas de muy baja calificación, además de unos miles de estudiantes universitarios y un reducido grupo de profesionales y empresarios, lo que sugiere que su composición social es mayoritariamente de pobres y muy pobres y sólo unos miles de clase media media y unos cuantos de clase media alta y clase alta, la inmigración no haitiana es también fundamentalmente laboral, pero, por el contrario, compuesta de trabajadores especializados en tareas calificadas, en su mayoría profesionales y empresarios de niveles bajos, medios y altos. Esto quiere decir que su composición social se destaca por grupos de clase media media y en menor medida grupos de clase media alta y clase alta.   

Las entrevistas procesadas hasta ahora entre inmigrantes chinos, colombianos, cubanos, españoles e italianos son las que permiten afirmar que la mayoría son profesionales o empresarios de distintas categorías.  Los profesionales predominan entre los colombianos, cubanos y españoles y los empresarios, mayormente comerciantes, entre los chinos e italianos.

Las razones por las cuales esos miles de extranjeros no haitianos seleccionan la República Dominicana y no otros países como destino de su decisión de emigrar no son todavía completamente claras para todos los grupos, pero sí existen indicios bastante sólidos en algunos de ellos. 

En los casos de los chinos y de los cubanos el factor principal que se saca en claro de las entrevistas es la facilidad con la cual pueden entrar y quedarse en la República Dominicana. Pero también, y esto es central en todas las conversaciones a través de las cuales se canalizan las preguntas con estos nacionales, es que el país puede servirle de punto intermedio para dirigirse hacia Puerto Rico o Estados Unidos.  A la vez que algunos factores de atracción, tanto en términos de inversiones convenientes, como de empleos acordes con su formación.

En ese sentido, los entrevistados chinos entienden que el gran momento de sus desplazamientos hacia aquí fue la década de 1980, expulsados por las decisiones de las Naciones Unidas relacionadas con las poblaciones chinas de ultramar y  atraídos por un país que no ponía prácticamente ningún obstáculo a su ingreso. Tanto es así, que algunos dicen que en esa época un nacional chino podía traer al país hasta 300 “hijos”, bastaba para ello que portaran documentos con el mismo apellido.  Asimismo, la situación económica  de ese momento se convertía en un atractivo para pequeños y medianos inversionistas de esa nacionalidad, quienes entendían como una gran ventaja que 1.5 pesos dominicanos equivalían entonces a 1 dólar.  Para ellos incluso, así mismo lo plantean, el atraso del país, donde hasta el papel de pegar se convertía en una novedad, era conveniente para sus negocios de importaciones.

En el caso de los cubanos,  el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países y los acuerdos migratorios a que ese hecho dio lugar, convirtieron a la República Dominicana en uno de los sitios hacia donde era más fácil salir de Cuba. Las limitaciones son prácticamente solo económicas, pues cada paso en ese sentido tiene un valor en dólar, pero las facilidades son tantas que el inmigrante cubano residente aquí ni siquiera necesita permiso para volver a su tierra natal.

Las condiciones predichas y el hecho de que en la Republica Dominicana hay montado un mecanismo bastante eficiente de viajes ilegales hacia los Estados Unidos, dieron inicio a un flujo poblacional importante que en principio tenía todas las características (e intención) de una inmigración de transición. 

Pero, como el paso de un inmigrante cubano a la República Dominicana hacia Estados Unidos no es automático y, por el contrario, requiere de recursos y de conocimientos que implican relaciones, los nacionales de la tierra de Martí tienen que hacer una parada aquí, conseguir trabajo, ahorrar dinero y conocer el medio, para entonces, proponerse seguir –por vías ilegales—hacia el Norte.

Y en ese ínterin-proceso la mayoría de ellos parece que decide quedarse en el país, pues normalmente consigue trabajo en su propia profesión, ya sea como profesor pre universitario o universitario o en empresas privadas o estatales, cosa que saben a la perfección que es muy difícil de lograr, al menos llegando, en los Estados Unidos.

El cambio de propósito en la decisión de emigrar se refuerza por el hecho de que el proceso de reunificación familiar es también más fácil desde aquí, pero más que eso, residiendo en la República Dominicana puede visitar su familia y su familia puede visitarlo con igual facilidad. La cercanía física y la comunidad étnico-cultural-geoecológica entre cubanos y dominicanos permite afirmar que si ese flujo migratorio se mantiene  su característica principal será (si no es que ya lo es) la transnacionalidad. 

En los casos de los colombianos, de los españoles,  de los italianos y el resto de los inmigrantes no haitianos, hay también pistas sobre los motivos para inmigrar a la República Dominicana, pero no con las pruebas con que se cuenta en el caso chino y cubano.  Se sigue trabajando en eso y se expondrán tan pronto logren reunirse y procesarse.

Lo expuesto hasta aquí permite afirmar que la inmigración no haitiana es tan significativa como la haitiana y trae consigo, al igual que ésta, elementos de avenencia y de desavenencia entre los inmigrantes y la nación y los ciudadanos de la nación que los recibe.

E igualmente que es preciso que se trabaje, como se hace con los residentes haitianos y sus descendientes, en los elementos que tienen que ver con los procesos de integración, identidad y ciudadanía de esos extranjeros no haitianos y de sus descendientes que residen en la República Dominicana.

Por eso la importancia de que a la hora de pensar sobre las migraciones y la nacionalidad con miras a la Constitución y a las leyes de la República no se tenga en cuenta solamente a los inmigrantes haitianos, sino también a los inmigrantes no haitianos.