Simpatías e intenciones no bastan para ganar elecciones

GUILLERMO CARAM
GUILLERMO CARAM

Políticos y analistas suelen confundirse creyendo que bastan simpatías e intenciones de voto evidenciados mediante encuestas y opiniones para ganar elecciones. Son condiciones necesarias pero no suficientes para triunfar. Se necesita más: garantizar que simpatizantes concurran a votar. Y vigilar rigurosamente conteo y cómputo de votos.
Recordando a Balaguer: “las elecciones se ganan en mesas electorales”. También a Stalin “no importa quiénes voten sino quienes cuenten”.
Creyendo en simpatías e intenciones, políticos se duermen en laureles y los resultados electorales terminan sorprendiéndoles. Entonces viene el rasgado de vestiduras y “llorar y crujir de los dientes” por no haberse ocupado de garantizar concurrencia y diligentemente cuidado conteos y cómputos de votos; independientemente de cuan manual o automatizado sean.
Esto es especialmente válido para opositores, ya que gobernantes suelen disponer recursos financieros para mover simpatías e intenciones hacia centros de votación. Y para influenciar en instancias que cuentan y computan hasta acomodarlos a conveniencia.
Los opositores tienen que valerse de otros recursos para garantizar concurrencia electoral.
Deben fomentar pasión y entusiasmo en sus simpatizantes mediante discursos enérgicos denunciando males a corregir con respectivas soluciones. Demostrar diferencias entre el presente desesperanzado y el futuro esperanzador. Recordar a Einstein calificando de locura pretender “resultados diferentes haciendo lo mismo”. Proponiendo propósitos y acciones similares a lo que se quiere cambiar, favorece el continuismo en lugar del cambio.
Ese discurso debe ser predicado insistentemente como hacía Absalón, el hijo del Rey David que lo enfrentó: se estacionaba en las puertas de Jerusalén indagando malquerencias de peregrinos y predicándoles “si fuera juez…a…todos…les haría justicia. (2Samuel2y4). Opositores han de predicar insistentemente Justicia, en tribunales y economía, hasta superar injusticias presentes.
Deben demostrar capacidad de cumplir lo predicado, debidamente precisado y agendado, mostrando voluntades y equipos humanos para ello. Y habilidades, firmeza y prudencia, no sea que propuestas provoquen reacciones adversas como han provocado gobiernos latinoamericanos regidos por impericia y debilidades. Así, podrán superar resistencias y temores que todo cambio suele generar.
Opositores tienen que entender que la política es dinámica, no estática. Desarrollar sistemas de inteligencia electoral conducentes a revisar estrategias, entendiendo que configuraciones electorales cambiantes llevan a revisar líneas políticas. Por ejemplo, ¿haría algo el PLD si su candidatura presidencial sigue desplomándose?: ¿propiciaría propuesta del PRSC para habilitar al Presidente Medina? ¿Cambiaría candidato y por quién?¿Eso bastaría o llegarían a propiciar reunificación?
Estas previsiones reflejarían madurez opositora. Entusiasmaría electores hasta estimular concurrencia electoral. Traducirían simpatías e intenciones en sufragio para desplazar al gobierno que nos lleva por despeñaderos de desesperanzas, delincuencia, insatisfacciones, inseguridades, despilfarros, perdiendo identidad; debiendo imprescindiblemente, vigilar celosamente conteos y cómputos de votos.