Sin civismo no hay futuro

Cuidado con creer que para desarrollar con normalidad los procesos electorales es suficiente contar con reglas aceptables a la mayoría, organismos rectores y contenciosos confiables y recursos tecnológicos certificados. Se trata de una obra de humanos diversos y contradictorios, susceptibles de llevar el entusiasmo por sus causas a los extremos. La mesura, templanza y respeto entre partidos y aspirantes con sujeción a valores y a la autoridad constituida son imprescindibles para llegar a feliz término. La dureza de enfrentamientos internos que parecen conducir a una ruptura total, las sospechas de maquinaciones en liderazgos con segundas intenciones y la renovación de intenciones reformadoras de lo institucional absurdamente fuera de tiempo, configuran un panorama deriesgos para el orden electoral que fluyen de un componente partidario de importancia por su magnitud en el electorado y gran presencia en los poderes del Estado.

Independientemente de lo que signifiquen por el número de seguidores, orientación ideológica, métodos de proselitismo y sectores sociales que representen, las organizaciones partidarias son piezas fundamentales de la democracia y del mosaico que como un todo constituye la nación. Sin su civismo y sentido ético hay poco futuro. Los partidos políticos no deben dejarse dominar y dividir por ambiciones de poder, estando tan claro que con ello se disminuyen ante el pueblo que es el que da los triunfos.