Sin las manos atadas

No puede suponerse que la acción preventiva, incluyendo la que tiene que ocurrir ante la evidencia de un delito que comienza o que acaba de ocurrir, ha quedado severamente restringida para la Policía bajo las nuevas reglas sobre privación de libertad. Por el contrario. Si hemos de regirnos por leyes y disposiciones judiciales orientadas a proteger al ciudadano de actos arbitrarios por parte de miembros de la autoridad, hay mayores motivos para fortalecer las actuaciones de vigilancia y persecución. Hacer el trabajo de enfrentar a los delincuentes en el momento en que afectan a la sociedad sería ahora más necesario; lo único que la Policía debe estar sólidamente asociada a jueces y fiscales cuando actúa por sospecha o en respuesta a denuncias serias. Por lo demás, no vemos motivos para que organismos de seguridad se abstengan de practicar registros masivos que aún siendo odiosos y entorpecedores, pueden estar justificados en situaciones extremas. La detección, en tales operativos, de armas tenidas ilegalmente, convierte a los portadores en autores flagrantes de delitos, y por tanto, siguen expuestos a quedar en prisión automáticamente, sin que por ello se vulnere la ley.

[b]El insufrible “concho”[/b]

El gobierno –o el Estado Dominicano de todos estos tiempos- tiene todavía un largo camino por recorrer para la instauración de servicios colectivos de transporte, para que los capitalinos no sigan dependiendo tanto del mal llamado “concho”. ¿De qué ha servido Renove con sus cientos de millones de pesos para una minoría? Ahora que los precios de la gasolina llegan a los niveles más altos de la historia, uno se pregunta si es justo y práctico que las principales avenidas estén continuamente congestionadas de automóviles públicos para cinco o seis pasajeros; vehículos que en su gran mayoría están en pésimo estado, que generan una intensa contaminación y que representan el medio más costoso de locomoción en una ciudad tan extendida horizontalmente. El costo por pasajero de este transporte se hace más oneroso cada semana, con cada boletín de alza.

[b]La pobreza de los relevos[/b]

Líderes estudiantiles y muchos profesionales políticamente avanzados y dirigentes de izquierda y liberales de los tiempos aquellos de la intolerancia y el autoritarismo, se llenaban la boca condenando los estilos caudillescos y a los liderazgos únicos que predominaban en algunos partidos, los que caracterizaron una época, prácticamente hasta los otros días. Ahora sucede que en ausencia de los grandes líderes, muchos de sus herederos no han podido evitar la dispersión de fuerzas usualmente calificadas como mayoritarias. Y curiosamente, entre los oficiantes de los cismas en marcha, no pocos se opusieron a esas supremacías partidarias que ahora no encuentran la forma de sustituir por algo menos malo.