Sin OMSA no hay Metro

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HAMLET HERMANN
El gobierno ha permitido, o quizás propiciado, el colapso de la Oficina Metropolitana de Servicio de Autobuses (OMSA). Los miserables remiendos de estos días ponen a pensar si no será que quieren quebrarla para privatizarla, tal como se rumora entre los transportistas. Más que estar gastando y endeudándose sin límites en una obra como el Metro que rinde culto a la espontaneidad, debieron haber empezado por el principio: por las soluciones superficiales de transporte. Y OMSA ha sido una de esas soluciones superficiales desde que el presidente Leonel Fernández creó la institución en 1997.

Da la impresión de que los autores intelectuales del Metro han despreciado el axioma de que sin rutas alimentadoras no puede existir una línea de transporte masivo. La construcción de este tren subterráneo es, en gran medida, una decisión fruto de la ausencia de una política racional de transporte. Si les hubiera interesado tomarse un tiempo y razonar un poco habrían descubierto que el que vive en una metrópoli como Santo Domingo no camina más de tres cuadras sin montarse en un vehículo del transporte público. Ni el clima ni el tiempo disponible lo permiten. Cualquiera prefiere pagar dos, tres y hasta cuatro pasajes antes que caminar largos trechos bajo el sol tropical del eterno verano dominicano. Si alguien tuviera dudas, nada más debía preguntarse qué ha provocado el auge del moto-concho, del concho y de las camionetas improvisadas como transporte público.

Y no es que los autores intelectuales de la modernidad tipo Metro sean brutos e ignorantes. Todo lo contrario. Lo que pasa es que algunos prefieren la “fast track” (vía rápida) de la acumulación originaria de capital antes que una sabia inversión pública para beneficio colectivo. Resulta inconcebible que esos genios no echaran una mirada a la Naturaleza que los rodea para convencerse de que sin afluentes alimentadores no hay río que fluya. ¿Qué sería del Yuna, el más caudaloso del país, si no tuviera como afluentes al Camú, Masipedro, Maimón, Chacuey y Cuaba? El Yaque del Norte estaría más seco que el Sáhara si no contara con el agua de Jimenoa, Bao, Amina, Mao, Guayubín y Maguaca. Lo mismo podría decirse del Yaque del Sur, el Ozama y muchos otros ríos de este maravilloso país que genera el agua que desperdiciamos.

OMSA ha sido una solución superficial desde que el presidente Leonel Fernández creó la institución en 1997.Y qué decir del servicio ofrecido durante añales por la Federación Nacional de Transporte la Nueva Opción (FENATRANO) que ha predominado en las rutas de autobuses a lo largo del recorrido que dicen tendrá el Metro subterráneo. Si los “modernizadores” hubieran consultado (antes de empezar a excavar) a Ignacio Ditrén de OMSA y a Juan Hubieres de FENATRANO, ellos les habrían dicho por dónde debían ir las previas e imprescindibles rutas alimentadoras que llenarían de pasajeros al inefable Metro. Pero su arrogancia y su prepotencia no lo permitieron.

Para este megaproyecto se impuso una interpretación antojadiza de la modernidad. Porque el enfoque filosófico de los autores intelectuales del Metro es el de empezar todo por arriba, basándose en una ideología contra-natura que enriquece a unos pocos. Si deciden invertir en educación, gastan todo el dinero disponible en construcciones para la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Claro que simulan olvidar las condiciones de analfabetismo en que llegan los estudiantes al nivel universitario dado que nunca hay dinero para los estudios básicos y secundarios donde se crean las bases para aprovechar los estudios superiores.

Si optan por gastar los fondos públicos en salud, donan decenas de millones de dólares a una clínica privada aún cuando en los hospitales públicos no hay siquiera papel para los inodoros.

Asimismo, si se les ocurre influir en el transporte, improvisan un Metro subterráneo y desordenan la estructura institucional de ese sector hasta colocarla con veinte años de atraso.

A esos genios no les surgen las ganas de entender que lo único que se empieza por arriba es un pozo. Todo lo racional en la vida debía iniciarse por abajo, como algo pequeño que debe ser ayudado a crecer lenta y sólidamente de manera que perdure más allá de los períodos electorales que enloquecen a quienes uno suponía cuerdos. Lo lamentable será que luego de malgastar miles de millones de pesos se darán cuenta del daño que le hará a su Metro el haber permitido que OMSA colapsara. Porque sin afluentes alimentadores no hay río que fluya y sin OMSA y sin FENATRANO no hay Metro que funcione. Esto es, a menos que el objetivo sea privatizar a OMSA desde ahora.