“Sin zapatos no hay paraíso”, un retrato de la miseria y desesperación

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Como intérprete, Pepe Sierra ha demostrado su capacidad histriónica encarnando diversos personajes en cine y en teatro, que lo han hecho merecedor de las mejores críticas.
Esta vez su talento como actor no está en juicio, sino su rol como director en la segunda puesta en escena que hace detrás del telón en la pieza “Sin zapatos no hay paraíso”, estrenada este fin de semana en Casa de Teatro.
Vicente Santos (Cocote) y Richarson Díaz, (el primero maestro y el segundo alumno de Pepe en clases de actuación), fueron los elegidos por Sierra para contar la historia que narra esta obra, que dura una hora en escena.
Con una magnífica escenografía que recrea un barrio, construida por José Enrique Calvoof, estos dos actores le dieron le vida a Toño y Paco, dos “amigos”, que comparten un chiquero en donde refugian sus frustraciones, sueños y sufrimiento.
Santos le de vida a “Toño”, un hombre con cierto nivel de educación que lucha por salir adelante y ayudar a la familia que dejó en el campo. El actor lleva su personaje de forma orgánica hasta un punto que se llega a creer que el personaje es real.
Díaz se convierte en “Paco”, un “tigre” de la calle, conflictivo, egoísta e insensato, que no repara en utilizar cualquier tipo de técnica baja con tal de obtener su objetivo.
La obra se desarrolla en torno a un tema: los hermosos zapatos que Paco tiene y que Toño necesita para lucir mejor y obtener un empleo.
Partiendo de esto, se van desvelando los sentimientos de cada uno culminando con un final no muy favorecedor.
La obra, que en momentos resulta un tanto cansona por lo extenso de algunos diálogos, deja un interesante mensaje e invita a reflexionar sobre el origen de muchos “hijos de la calle”.