¿Síndrome de percepción alterada?

LEILA ROLDÁN
La Reseña Judicial es un boletín cibernético que llega regularmente a través del correo electrónico y que se auto define como “una compilación diaria de las noticias publicadas en los periódicos electrónicos nacionales sobre hechos e incidentes relacionados con la seguridad pública, la administración de justicia, la política criminal del Estado y la reforma judicial”.  La Reseña Judicial, elaborada por el Equipo Vargas de Investigación Social para la Escuela Nacional de la Judicatura, pretende aportar “una visión general diaria de las tendencias de estos temas, garantizando al lector la información relevante de la comunidad jurídica antes de comenzar sus actividades laborales”.

Sin embargo, dicho boletín, más que la compilación de noticias que publicita, lo que hace es mostrar al lector la visión que se tiene en el Poder Judicial sobre ciertos temas, e incluso, la visión que ese Poder desea que el ciudadano tenga. 

Uno de estos boletines recientes pone demasiado en evidencia ese afán de influir en la apreciación que tiene la gente común sobre el tipo de hechos mencionado en el primer párrafo.  El Vol. 650, Año 3, del 11 de Octubre de 2004, trata de convencer al receptor de la posibilidad de que “la opinión pública esté afectada de un síndrome de percepción alterada, alterada por el alto contraste de los hechos de violencia de los últimos 18 o 24 meses, incluidos los dos últimos”.  Y eso porque, según este correo virtual, aunque más del 70% de la población se siente amenazada por la criminalidad, en los últimos 45 días “realmente” ha “descendido la tasa diaria, semanal y quincenal de homicidios -entendidos como promedio-“.

A mí, particularmente, me parece que con esta representación, colocada en los límites del intento de manipulación, bordea, por insensible, el desprecio a la situación de tantas víctimas que hoy sufren en la República Dominicana las consecuencias del grave nivel de delincuencia.  Y se coloca en el irrespeto al dolor de tantas niñas y jóvenes violadas, tantas esposas aterrorizadas, tantas familias despojadas, tantos heridos y mutilados, tantas familias de luto y tantos patrimonios desplomados.

Ese síndrome de percepción alterada, que cual título de enfermedad neurológica adjudican a esta población asustada, parece más bien la deformación acomodaticia de los sucesos violentos con el objetivo de encubrir el estrepitoso fracaso del sistema de justicia actual frente a todo tipo de delincuencia.  Parece una forma desesperada de decir no hay impunidad, no hay falta de justicia, son las víctimas las que, afectadas de trastornos mentales de orden perceptivo, no son capaces de aquilatar las estadísticas.

Tengo, al respecto, una sola cosa para decirle a la Escuela Nacional de la Judicatura, al Equipo Vargas de Investigación Social y al Poder Judicial:  ser víctima no es ser simplemente una estadística, no es ser un trastornado en su percepción; ser víctima es  padecer un sufrimiento humano inmenso y único en su individualidad.  Y toda víctima merece resarcimiento, reparación, y de ustedes, muy especialmente, respeto.