Sobre el Estado-piñata

El que parte y reparte se queda siempre con la mejor parte, una máxima que nuestros políticos  en el poder cumplen al pie de la letra cuando se trata de repartir la piñata en la que han convertido, con la anuencia de nuestros  votos y nuestra indiferencia, el Estado dominicano. Se cuenta que el más reciente reparto de cargos, en el que fueron designados  dirigentes perredeístas al frente de varias instituciones públicas como Autoridad Portuaria Dominicana (Apordom) y la Junta de Aviación Civil (JAC), ha provocado celos y resentimiento   en las filas del  peledeísmo, a tal punto que se habría llegado a decir que no fueron tantos los votos aportados  por los perredeístas a la victoria del presidente Danilo Medina como para que se les trate con tanta generosidad, pero también se ha dicho, y algunos lo han  puesto por escrito, que lo que se le está saldando al ingeniero  Miguel Vargas Maldonado no es el 5% al que se redujo el pasado 15 de mayo el caudal electoral del otrora mayor partido de oposición, sino que se sumara a la comparsa congresional que le abrió las puertas a la reelección del mandatario con  la modificación de la Constitución, ese ajado y manoseado pedazo de papel. ¿O de lo que se trata es de ir haciendo los amarres necesarios para en el 2020 “seguir a caballo”? Pero unos y otros solo están tratando de adivinar cuáles  son los verdaderos designios del Gran Repartidor, qué persigue al fortalecer su mancuerna con el PRD o atrayendo a su redil a figuras del leonelismo, una tarea nada fácil debido a que  el mandatario, como ha quedado demostrado, sabe ocultar muy bien sus cartas hasta que llega el momento de mostrarlas y decidir a su favor el resultado del juego. Será el tiempo, como siempre, el que nos dé todas las respuestas,  así como será el Estado dominicano, degradado a la condición de piñata para saciar a  políticos insaciables, el que sufra las peores consecuencias de su ambición y su   desmedida codicia.