Sobreprotección paterna

MAURO CASTILLO
Una de las responsabilidades más trascendente que debe asumir todo padre es conducir con el mayor tacto posible la tarea de educar a sus hijos por medio de los métodos modernos, a fin de darles una formación psicosocial que pueda ser catalogada de ejemplar, a la hora de enjuiciar los resultados finales de cada una de las tareas que se les hayan podido asignar.

Los frutos reales se reflejarán en el comportamiento social a desarrollar por cada hijo.

Por ejemplo, al momento de tener que interactuar con los demás dentro de los distintos núcleos que las circunstancias les exigen, tales como la vida académica, las interacciones deportivas, compartir con los miembros de los distintos clubes sociales, estos deben ser alto eficientes dentro del mundo del trabajo académico y productivo, etc.

Sin embargo, un número significativo de padres tiende a expresar su amor hacia sus hijos tornándose excesivamente sobreprotectores, inhibiendo los recursos innatos latentes en cada niño, que se desarrollan aún más en la medida en que se les deje en libertad de conducirse con una completa autonomía y permitirles actuar yendo hacia los objetos para descubrirlos y conocerlos con una total confianza en ellos mismos, tal como lo propugnaba J.J. Rousseau en su obra “El Emilio o De la Educación”.

En la actualidad estamos tratando 5 jóvenes, cuya edades oscilan entre 13 y 25 años (3 masculinos y 2 femeninos) cuyos padres reconocen que los han sobreprotegido. Todos han obtenido un elevado índice de Inteligencia, pero presentan ciertas dificultades académicas por que en ellos prevalece un notoria irresponsabilidad e inmadurez emocional, que los torna apáticos e indiferentes con las tareas y exámenes escolares y otras obligaciones. En dos casos existe la timidez y la depresión y la mitomanía.

Es oportuno aprovechar la celebración del Día de los Padres para solicitar a todos ellos que estimulen la autoestima, la madurez y el sentido del compromiso de las palabras dadas en todos sus hijos desde temprana edad para que en el futuro sean responsables, que actúen con la firmeza adecuada del carácter para que así puedan superar a los propios progenitores, llegando a ser triunfadores de mayor relevancias que sus ancestros.