Sociedad atrofiada

LUIS SCHEKER ORTIZ
La frase no es mía. La escuché de labios de Patricia Solano en una audición del programa Matutino Alternativo. Frente al crimen organizado, frente a la impunidad y al desorden moral y la corrupción existente, se quejaba ella de la inmovilidad social. De la incapacidad de la sociedad de motorizarse, de reclamar y exigir la solución de los problemas que le afectan tomando parte ella misma en su solución.

De la capacidad, en cambio, de olvido, de resignarse mansamente y esperar a que sea otro quien tome las iniciativas y ejecute las acciones correctivas que debería ser compromiso de todos para ponerle coto al mal o al menos evitar que se profundice y nos sumerja en un abismo insalvable. La frase me resultó oportuna y acertada.

Una sociedad atrofiada es una que carece de instituciones firmes y confiables; a la que le han quebrado las alas de la fe y no tiene espacio donde acudir para que su voz sea atendida, su acción respaldada. Una sociedad que angustiada por efecto de la desarticulación, desconfía de su fuerza renovadora, y no ve respuesta a su indefensión. Sociedad atrofiada, no podrida, porque parte importante de ella supo resistir y enfrentar la tiranía trujillista; porque en su momento eligió democráticamente, sin perder la noción de la historia al gobierno del Profesor Juan Bosch, dando prueba de civismo; porque buena parte de ella se levantó contra el golpe de Estado septembrino que desconoció la voluntad popular y armas en manos, civiles y militares, convirtió en guerra patria la Revolución de Abril, rechazando con valor y dignidad las fuerzas interventoras de la FIP y del Pentágono; porque hastiada de corrupción y represión  puso término en las urnas a 12 años aciagos del Balaguerato sangriento; porque igualmente dijo no, al PRD desesperanzador y al PLD cuando vendió su vergüenza en una fatídica alianza patriótica. Porque rechazó la afrenta de la reelección de un gobierno incapaz, indolente y chabacano. Quizás traumatizada si, por los repetidos intentos fallidos, que no resuelve la llegada de un supuesto mesías, como tampoco un simple cambio electoral de gobierno, que reniega la responsabilidad de asumir las soluciones que demanda la gravedad de los problemas que padece. Una sociedad así será “siempre víctima de las maquinaciones” de sus enemigos, si no se sacude en sus cimientos. Si no alcanza a madurar y, ciega, reproduce las causas de su secular postración. Si confía en el “borrón y cuenta nueva” que ensancha el camino de la corrupción, la impunidad y el desorden. Si se espanta ante la sola tentativa del cambio profundo, de emprender un nuevo rumbo para labrarse un destino diferente.

Cómo hacerlo? Ese es el quid de la cuestión. Nadie podrá sustituir al pueblo organizado y enseñarle el camino de su redención que mejor que nadie conoce, porque la sociedad organizada es timón y guía; no rémora que se arrastra. “Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil”. Tenemos que vencer ese pesimismo, confiar en nuestro destino, apoyarnos en los valores morales que tenemos y en su fuerza interior para renovarnos y procurar con nuestro accionar, los mejores hombres y mujeres deseosos unos y otros de enrumbar un nuevo tipo de sociedad. Definir, en fin, procesos y métodos de renovación, acudiendo a las organizaciones que cotidianamente dan prueba de su lucha, de sus protestas, a los líderes naturales y comunitarios que, dentro de sus circunstancias, son reconocidos por sus buenos frutos, por su integridad, por su entrega. Abundan los casos, en cada localidad, en cada barrio, en cada gremio, en cada asamblea. Busquémoslos! sin sectarismos ni prejuicios. En ellos está la razón y la fuerza.

Se trata de fortalecer lo institucional. Los poderes del Estado. Defender nuestra nacionalidad y nuestros recursos naturales. De crear responsabilidades y exigir resultados. De participar activamente para forzar y fortalecer al gobierno si cumple su cometido, presionándolo con el ejemplo, para que se cumpla y se apliquen las leyes. Para que el país se libere de sus grandes lacras sociales y los expulse, y sean los gobernantes honrados fieles a su compromiso, consecuentes con sus promesas electorales. Para que haya una cobertura mayor en salud e instrucción pública, una educación cívica y conciencia ciudadana rebelde que descubra sus potencialidades y, comenzando por uno mismo, nos integremos y empujemos juntos a la nave trinitaria del progreso, la libertad y la justicia social.