Solidaridad por un tubo

Claudio Acosta

Es  probable que la aparatosidad conque el Gobierno  ha manejado la ayuda destinada a las comunidades haitianas mas afectadas por el huracán Matthew, un convoy de 500 vehículos  que incluye equipos,  alimentos y mas de 250 trabajadores dominicanos que se quedarán  para colaborar  en lo que sea necesario, sea mas para consumo externo que para los   propios haitianos, aunque  la experiencia  nos ha enseñado que por mas que hagamos por nuestros vecinos nunca será suficiente  para una comunidad internacional que solo ve lo que quiere o le interesa ver. Pero ese aparatoso despliegue no es solo bulto: incluye  grúas, camiones, equipos de logística como combustible, ambulancias, talleres móviles, plantas eléctricas, purificadores  de agua, materiales de construcción, medicinas y la logística para establecer un campamento  en Puerto Príncipe y otras tres ciudades. El gobierno haitiano,  a través de su jefe de gabinete, Jean Max Bellerive, agradeció la ayuda, y reconoció que República Dominicana “está siempre solidaria con nosotros los haitianos”. ¿Qué otra cosa podía decir si la verdad es que, como buenos vecinos,  siempre somos  los primeros en estar ahí en cada desgracia? Siempre  digo, y lo seguiré repitiendo, que a nosotros  es que nos conviene contribuir a que los haitianos  prosperen y se desarrollen, única manera de contener su natural  desplazamiento  hacia  este lado de la isla empujados por la necesidad  o el hambre,  además de que seremos los primeros perjudicados si su   precaria situación empeora y   se agrava. Toda esa ayuda que estamos  enviando hacia Haití no solo cumple un propósito humanitario  y de solidaridad para con el vecino en desgracia, sino que responde también a una estrategia dirigida a garantizar nuestra  supervivencia (si no les llevamos qué comer van a venir a buscarlo; así de simple), un derecho que no es  negociable. Diga lo que diga la comunidad internacional.