Somos un país donde las cosas no cambian tan fácilmente

En una ocasión, el fraterno amigo e intelectual dominicano Carlos Julio Báez, quien vive en España desde hace tiempo, cuando todavía los medios electrónicos no existían, dijo que cuando venía al país solo tenía que leer los periódicos de la última semana para ponerse al día, puesto que aquí casi nada cambia. Las mismas cosas, los mismos temas, los mismos protagonistas. Una repetición cíclica.
Aquí los cambios no se producen de manera tan rápida, porque la gente tiene una forma de pensar y actuar que les da trabajo cambiarlas. Cuando se habitúa a unos estilos y unas costumbres, les toma demasiado tiempo abandonarlas. Aún entendiendo que no son las mejores, no se deciden fácilmente por lo nuevo, a menos que se trate de algo material, pero aún así, no se desprenden de ellas.
Producto de la llegada de un nuevo año y la proximidad de unas elecciones generales, en las que estarán en juego todos los estamentos: Presidencial, Congresual y Municipal, en algunos segmentos de la sociedad que viven atentos a esos acontecimientos, se crea cierta angustia por saber lo que opinarán las encuestas con relación a la percepción popular sobre los candidatos. Y aún sabiéndolo o sospechando lo que resultará de ellas, las esperan con ansiedad.
Aunque esos sectores quieren saber lo que opinarán las encuestas, casi siempre sucede lo mismo, puesto que, si sus favoritos no salen con los mejores resultados, aún sospechando cuales son sus números reales, no le darán crédito a esas mediciones y publicarán o esperarán otros resultados que traten de favorecerlos, porque de eso se trata.
Los asesores políticos saben más que nadie cómo están las posibilidades de sus candidatos, pero necesitan justificar su trabajo o sus errores, y si las cosas no les salen bien cuando se hace alguna medición, buscarán todo tipo de argumentos para demostrar que no obedecían a la realidad.
Dice un gran médico, que nadie sabe más que el propio enfermo cómo se siente; sin embargo cuenta que en una ocasión, un paciente se cambió de ropa y fue a la estación de enfermería y le preguntó a una de ellas por la salud del paciente de la habitación X, y cuando ésta cuestionó su parentesco con él, le respondió, soy yo mismo, pero como nadie me dice como estoy, se lo pregunto a usted.
Así sucede con los partidos. Cada uno sabe más o menos por dónde andan sus fortalezas y debilidades, pero quieren que les digan cómo quisieran estar y no cómo están en realidad.
Y como este es un país en el que las cosas no cambian tan fácilmente, si las mediciones o encuestas no les ofrecen a los partidos los números que desean o esperan, en vez de ponerse a protestar o tratar de descalificarlas, deberían preocuparse por hacer cosas que puedan influenciar en las mayorías. Por eso se hace necesario investigar la forma de pensar, sentir y comportarse de nuestra gente, para luego aplicar técnicas y procedimientos persuasivos eficaces.