Son los mismos

Cuando brincó la tablita hacia el partido contrario, el general Gollito Polanco dijo a sus antiguos compañeros: la paz es buena, pero con dinero.

El escritor mexicano Luis Spota, en la serie “La costumbre del Poder” cuenta desde los inicios, luchas, conspiraciones, peligros, la toma del poder,  consolidación,  relajo, la corrupción, la derrota y vuelta a empezar.

Cada vez comienza una nueva generación que cree que inventa el mundo, que nada existía antes que ellos, que la palabra, los planteamientos, las acciones, su táctica y  estrategia son inéditos.

Todos hacemos lo que hicieron los otros, la diferencia comienza cuando llegamos al poder y vemos la magnificencia, de la prosopopeya que rodea los asuntos de gobierno, cómo el ambiente se enrarece y provoca que muchos cambien su modo de hablar, su estilo de caminar, de gesticular.

Un día descubren que no están al nivel económico de la posición y mucho menos al social y entran, primero tímidamente, a un mundo que desconocían.

Ese día se dan cuenta de lo delicioso que es “el discreto encanto de la burguesía” con sus modos de ser y hacer diferentes a los que estaban acostumbrados.

Hasta entonces primaba la Patria como norte de todas las actuaciones.

Descubiertos lo bueno que son las buenas bebidas, los trozos de carne cortados por expertos, el vino de buena cosecha y mejor tratamiento, los trajes a la medida y los zapatos de calidad, se comienza a pensar cuán equivocados habían vivido criticando a quienes tenían acceso a lo que llaman “la buena vida”.

Difícilmente un grupo humano salido de los estratos bajos de la sociedad actúa de manera cónsona con los postulados que lo ayudaron a llegar al poder.

Hasta llegar al poder seducidos por tener la oportunidad de demostrar que el grupo es capaz de cambiar el mundo para mejor actuando como patriotas honrados, trabajadores, disciplinados, solidarios, respetuosos de los derechos ajenos.

Por supuesto, lo bueno es tan bueno que los cambios pueden esperar. Mañana comenzamos. Mañana, cuando hayamos adquirido el nivel que siempre debimos tener: residencia de lujo, casa en el campo y en la playa, autos último modelo, hijos, sobrinos, nietos, becados en el extranjero, negocios para vivir cuando estemos fuera del poder, no importa cómo se obtienen esos bienes.

Muchos de esos amigos de antes hace tiempo que se encumbraron subiendo por la pendiente enjabonada de la corrupción, agarrándose de su camino resbaladizo hasta con la uña del rabo.

En una conversación que sosteníamos, mi amigo Leonel Fernández se quejaba de que donde el Presidente de la República todo el mundo iba a buscar. Eso fue en su primer gobierno.

Desde su propio partido se denuncia la ola de corrupción que arropa al Gobierno.