¿Son válidos los sueños de nuestros padres fundadores?

“Vivir sin patria es lo mismo vivir sin honor”.
Cuando Juan Pablo Duarte expresó esta frase, visualizó a un pueblo digno, lleno de valores como los que le adornaron a él y a sus compañeros cuando ideó la posibilidad de que podríamos ser una República libre e independiente.
Él tuvo la visión de que esa utopía era posible y acometió la empresa, no fácil, de dar los pasos hacia la concreción y creación de la República Dominicana.
Solo el desinterés y la visión de que las cosas pueden ser diferentes pueden llevar a un líder a materializar su pensamiento y producir efectos que impactan en el porvenir y que otros disfrutarán. Así ha sido la historia de los grandes que han motorizado los cambios y que nos han servido de referentes en el tiempo: Jesús, Gandhi, Lincoln, Duarte, los libertadores y padres fundadores de los pueblos libres.
Duarte pudo ver que había traidores, que había hombres sin corazón y sin honor, pero jamás pensó que 173 años después hombres de esa calaña habitarían la República “libre, soberana y feliz” que soñó.
El sueño libertador no le permitió siquiera pensar en que esos hombres sin honor serían capaces de llevar la contraria hasta el final y crear un pueblo asimétrico, desigual, donde los buenos dominicanos siguen siendo víctimas de las maquinaciones de los malos, que niegan la oportunidad a una inmensa mayoría de ser libre y feliz, con sus necesidades básicas resueltas.
Esos hombres sin alma y sin corazón todavía no saben lo que es la patria, ni lo que es el honor y actúan igual, sin honor y no le importa la patria.
Pero Duarte y sus compañeros tuvieron la visión de que las ideas no mueren, permanecen y trascienden en el tiempo y no le importó morir en el destierro.
Sus ideas puras y nobles anidaron en los hombres buenos que hicieron posible el plan perfecto de crear la nación dominicana.
Los febreristas tienen seguidores en el tiempo porque su ideario continúa vivo en los corazones de los dominicanos dignos, que entienden que deben continuar hasta concretar el sueño de un pueblo con una vida plena, donde la brecha de la desigualdad no sea tan profunda como es ahora.
Los muchachos de febrero validan su entrega y esfuerzo, nos convidan a ser mejores en la construcción de la patria que es tarea de cada día. Tenemos el desafío de ser mejores en la construcción del Estado Social y Democrático de Derecho, que es la etapa de coronar en grande el sueño de Duarte 173 años después.
“La Nación es la reunión de todos los dominicanos. La nación dominicana es libre e independiente y no es ni puede ser jamás parte integrante de ninguna otra potencia, ni por el patrimonio de familia ni persona alguna propia ni mucho menos extraña”, Juan Pablo Duarte.