Soñar lo “imposible”

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Portamos el don de la fantasía, un misterioso poder. ¿Cómo puede la mente humana crear imágenes de lo inexistente e influirse por ellas? Alguna vez esta capacidad fue nuestra inteligencia primaria, atrofiada por el uso posterior de la razón. La evolución y la naturaleza no crean desperdicios, son rigurosas en su laboratorio produciendo sólo aquello que la necesidad reclama como utilidad.

Algún mecanismo intuitivo activa nuestra imaginación dando origen representaciones que preceden la realidad por crearse. Facultades ocultas, dormidas, pero latentes, parecen determinar por debajo de la razón la racionalidad misma. La racionalidad parece ser el albañil de nuestras fantasías. El hoy es la fantasía, el sueño “imposible” pasado de muchos y muchas.

Algunos tienen el dote de la imaginación y por tanto la facultad creativa y la sensibilidad más evolucionados que otros. Por ejemplo los artistas, poetas, arquitectos, literatos, religiosos, científicos y políticos; originales en la intuitiva visión con la que enfocan lo que observan, pudiendo trascender el campo dentro del que el resto permanece confinado.

En la cultura hispánica existe una muy generalizada confusión, que no hace honor al que sueña con lo “imposible”. Consiste esta en compararlos con el Quijote. Este personaje literario no es soñador, es un delirante que en vez de proyectar su realidad, se fuga de ella regresivamente, hacia lo único realmente imposible, el pasado. Posee el una imaginación sorprendente pero retroactiva hacia historia olvidadas que intenta emular. El licenciado Quijano es un enfermo febril delirante, que se cree caballero de los de antaño y sale hacia el pasado en pos de ficticias aventuras. El sano que sueña en su antítesis, especialmente el actual, que sueña, lucha y construye.

Soñar lo “imposible” y construir ese sueño, compartiéndolo participativamente, no es para débiles, vedettes, hambrientos del aplauso a lo que está de moda, reflejando en el escenario lo mismo que está en el público. Soñar lo “imposible es asunto de los y las más serios y serias. Es misión de visionarios, de los santos entre nosotros, de los que poseen de la prefiguración, del presentimiento del mañana cercano o remoto que ya está dentro de su imaginación. A veces son Icaro, otras Prometeo: son como Juan Salvador Gaviota, nunca como los del poder, aunque les sirvan y nunca como el común, con el que no se pueden comunicar. Son como el Cristo, llevan la pasión del predestinado, son solitarios gigantes desatendidos en su tiempo que hablan entre nosotros como par te del futuro que fomentan o del que son persistentes arquitectos o precursores.

En tiempos de crisis se les ve volar alto y contra corrientes, tocando con sus alas las ráfagas de la tempestad. Desde la altura de su vuelo, ven el horizonte y nos dan las perspectivas y las vías por las que podemos y necesitamos alcanzarlos, remontándonos sobre los escollos, los abismos o tormentas, sin zozobrar. Aunque débiles, ahí están firmes ante la tempestad, fieles a su deber; emulémoslos.