Sonia Pierre denuncia

UBI RIVAS
La señora Sonia Pierre, la más exacta y deplorable referencia del grado intolerable del permisivismo dominicano, hija de padres haitianos residentes ilegales en nuestro país, quien tiene no se explica cómo un pasaporte dominicano, denunció por todo lo alto y con los más subidos decibeles, el maltrato de los haitianos en nuestro país, en Washington.

Por esa denuncia, la señora Pierre, que no se sabe si defiende a los haitianos como tales o si como sus compatriotas, recibió el palmarés de la estatuilla de Robert Kennedy alusiva a los derechos humanos, de manos de la hermana del asesinado procurador general de USA, Ethel Kennedy, con mucho alboroto de inculpabilidad contra nuestro país, sentado en el banquillo de los acusados como un pecaminoso culpable de violentar los derechos humanos.

Un reo de culpa moral.

El asunto del maltrato de los nacionales haitianos en nuestro país viene de un poco lejano, por no identificar desde siempre, que no es otra la relación del trato de indocumentados que ofrecen trabajo mal remunerado, en todos los países del mundo, no privativo o exclusivo del nuestro.

En el final de la década de los años cincuenta de la anterior centuria, cuando en mi apacible Santiago de los Caballeros de cotidianidad aldeana posibilitaba apurar dos libros por semana, disfruté Viñas de Ira, del escritor norteamericano John Steinbeck, en el que describió con vívidos pormenores los padeceres de los indocumentados mexicanos, los llamados despectivamente “chicanos” por la sociedad norteamericana, recolectando las frutas en California, 14 polo de desarrollo industrial del mundo.

Años después el dirigente campesino mexicano César Chávez organizó a los chicanos y produjo una huelga en precisamente el cultivo de la vid para obtener mayores salarios y reconocimiento a los obreros y mejores precios para la uva, y el movimiento prosperó.

El maltrato a los haitianos en nuestro país es el mismo que los hacendados dispensan a los dominicanos, en su salarios bajos, aunque no tanto como en Haití, y en lo referente a las condiciones de transporte cuando son expatriados en camiones y camionetas, es el mismo que se aplica a los soldados dominicanos cuando son transportados para diferentes misiones. ¿O no es así?.

Los policías dominicanos, los obreros dominicanos, son transportados también en camiones y camionetas, pero esos sesgos no son denunciados en ningún foro internacional de todos los que realizan arqueos en la asignatura de derechos humanos, porque resultan “normales”, consuetudinarios, sin ningún animus necandi, es decir, “aposta”, para maltratar u ofender, sino que siempre se ha estilizado así, o asina, como se expresa en el ruralismo vernáculo.

Es el Estado dominicano el culpable de que personajes como Sonia Pierre acudan a los organismos internacionales que cancerberan los derechos humanos a denunciarnos como adalides del maltrato, los ultrajes, el enanismo conceptual a los indocumentados, que es sinónimo de irredento, pero con una carga extra en ese contexto, a nuestro país, que los tenemos, y muchos, y desgraciada y penosamente, sin rendija alguna que filtre un claro para su solución, que trasluce inconclusa.

Traduce esa situación que los gobiernos de los tres partidos políticos principales que accionan el stablihment dominicano no han querido implementar una política migratoria para preservar los fastos de la nacionalidad, grave y peligrosamente socavada, y que a la vuelta de no mucho tiempo, podría culminar en una tragedia muy próxima al “corte parejo” de octubre 1937 dispuesto por el generalísimo Rafael Leonidas Trujillo.

Desde esa fecha, fue muy poca la presencia ilegal haitiana en nuestro país porque los haitianos, como los dominicanos y los seres humanos en general, tal parece que solo nos comportamos conforme a disposiciones drásticas o expeditivas.

La denuncia de Sonia Pierre podría servirnos de reflexión para asumir la responsabilidad de implementar una política migratoria firme.