Soraya Abu Naba’a de la pintura a la instalación

Soraya

No cabe duda de que la exposición de Soraya Abu Naba’a es un acontecimiento.

Nunca, creemos, la Galería Nacional de Bellas Artes había acogido una muestra individual tan diversa, atrevida y extensa, que ocupa el contundente Salón de la Cúpula hasta en su verticalidad y las cuatro salas adyacentes de la segunda planta, sin repetirse nunca. En vez de adoptar una ubicación cronológica, la artista –que es su propia museógrafa– ha segmentado los espacios, según las clases de obras que presenta.

Soraya ha creado focos de atención y contemplación, distintos… Un atrevimiento con resultados positivos, ¡solamente si, cual sea el material, el proceso o la categoría, reina una calidad incuestionable, si el interés de la creación se renueva, si la sorpresa es la norma para el público y el autor!

Este reto se afrontó e implicó tres condiciones: talento, pasión, trabajo. Mucha labor física personal, durante días y jornadas para hacer realidad los conceptos y, aun más, ir descubriendo soluciones formales mientras se estaba montándo las piezas! Ahora bien, interviene otro factor de sorpresa, la exigencia que la autora se impone, trátese de pinturas, dibujos, videos, técnicas mixtas, instalaciones –las que incluyen hasta una construcción, un andamio y un mercado–. El conjunto brilla por la sensibilidad y la originalidad, por sus sugerencias lúdicas… Tal vez objetaríamos el título algo sibilino de la exposición, “Interceptación de un momento”, ¿o será un llamado a las facultades interpretativas del espectador y parte del juego?

Diez años de dedicación artística. Esta llamada interceptación de un momento… nos refiere a una década de investigación y práctica del arte. Soraya Abu Naba’a se dedica al dibujo y a la pintura desde la precocidad de la adolescencia, produciendo morfologías articuladas y coordinadas, aunando continuidad y creatividad.

En este proceso evolutivo de un talento ya establecido a pesar de su juventud, ella se ha distanciado conscientemente de la figuración tradicional, aunque vuelve a inscribir líneas, modulaciones y círculos dentro de una representación o sugerencia del cuerpo humano. Llama la atención su manera, casi sistemática de aproximar –si no hacer coincidir– la pintura de su referencia, de su modelo, fusionando el sujeto representación. Un video muy bien hecho revela y enseña un método singular … en el retrato.

En cierto modo, renovando el género, se desafían indisociables el dibujo y la pintura, a la vez que mantienen los requisitos de una factura rigurosa, de una grata limpidez en la ejecución, de una construcción impecable de la composición, entrando en juego simultáneamente lo formal y lo intelectual.

En los primeros años, desde el 2005, las obras evocaban tejidos celulares, procesados biológicamente, según una especie de mitosis acelerada. Identificamos unas metáforas de células –madres e hijas–, la proliferación de filamentos y comunicaciones sinápticas, los cuales sugerían microorganismos, procreados desde inspiración e impulso incontenibles, sobre papel o lienzo. Soraya reactualiza esas piezas, colocándolas en una sala y muros encendidos… que ella pintarrajeó efusivamente. ¡Es el “street-art” de Soraya!

En cuanto a la parte pictórica de su producción reciente, que supo integrar aquellos referentes celulares, ella logra disponer colores y componentes estructurales en diferentes formatos, según soportes únicos y polípticos, combinando circuitos y morfologías, usando ampliamente espacios en blanco que iluminan el conjunto y alivian la tensión.

Esta pintura no teme referirse a la mujer y la maternidad, a la pobreza –rural o urbana– y el trabajo doméstico, en República Dominicana. Ella elabora retratos, pero se trata de retratos reales-imaginarios, tomados de protagonistas humildes de la sociedad dominicana, anónimos o conocidos. También encontramos, en esta “galería de la fama” muy especial, retratos de parientes, tratados de la misma manera. Cuales sean sus héroes, cercanos o no, no hay discriminación.

Más allá de la pintura. Un material cuyas posibilidades Soraya investiga metódica y apasionadamente, son las “pellizas”, esos tapices confeccionados con retacitos de telas, que observamos en la carretera Duarte y la cercanía de Bonao, y que quisiéramos más creativos en sus diseños. La artista los transforma en una red insólita, que se trepa por las paredes y cubre el piso con sus recovecos y extensiones. La multiplicación de colores y recortes invade el espacio. No podemos evitar el estremecimiento, y otra vez una esencia misteriosa acompaña la limpidez de la factura. Es pintura ampliada, escultura e instalación, arte y artesanía, con la participación de manos diligentes para que se haya alcanzado el resultado estético tan especial…

Obviamente, aunque es primordialmente pintora-pintora, la artista demuestra una curiosidad insaciable, y la instalación le cautiva como categoría. Llegó a construir una gigante en el centro de la Cúpula, cual una casa bohío circular, incluyendo a un andamio con fotografías tomadas por ella, y pintores como un mercado popular fronterizo con filas de zapatos! Ella ha multiplicado sus medios de expresión, golosamente, su voracidad creativa no se puede negar!

Soraya Abu Naba’a posee una evidente facultad de evolución que no es común, y ello se debe a su gran capacidad y energía. Ahora bien, en vez de evolución, podríamos hablar de revolución, cuando vemos su exposición de la Galería Nacional de Bellas Artes. Ella ha revolucionado los espacios, como nunca había sucedido, con una serie de obras que asombran. Su porvenir es abierto, prometedor e impredecible: ¡que siga estudiando, investigando y trabajando!