Sostenida solidaridad con Haití

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A medida que pasen los días y la inmensa catástrofe que ha sufrido Haití sea desplazada del primer plano de la información internacional, comenzará a disminuir la gran solidaridad que se ha manifestado con ese pueblo hermano y corresponderá  a los dominicanos el mayor esfuerzo para que se mantenga viva la necesidad de contribuir a la reconstrucción de ese país.

Es generalizada la satisfacción por las amplias muestras de solidaridad que han mostrado los dominicanos de todos los estamentos sociales, encabezados por el gobierno y particularmente por el Presidente Leonel Fernández, quien supo interpretar con rapidez la urgencia y procedencia de la participación nacional.

Estamos llamados a mantener en alto la solidaridad con Haití, evitando que las legítimas preocupaciones por la posibilidad de que se incremente el flujo migratorio hacia la República Dominicana, ocupen el primer plano del debate nacional. Más que la tradicional algarabía, procede una actuación inteligente, implementando medidas efectivas, con discreción, evitando herir sensibilidades.

Un resultado positivo de la tragedia debería  ser que por fin la nación comience a ejecutar políticas adecuadas para contener la masiva inmigración haitiana, incentivada por intereses locales, tanto de empresarios aprovechadores de mano de obra barata e incondicional, como de traficantes buscadores de fortuna ilegítima. También se debe esperar que definitivamente aprendamos a negociar y a entendernos con los vecinos. 

 La masiva asistencia dominicana en alimentación y asistencia médica debe extenderse todo lo posible, conscientes de que es una cuota ineludible por nuestra condición de hermanos siameses, con tantos vasos comunicantes que no pueden ser ignorados ni suprimidos. Por eso fue tan acertada la iniciativa del gobierno nacional que el pasado lunes reunió en esta capital al Presidente de Haití, René Preval, y a representantes de múltiples estados y de organismos internacionales llamados a tener papel relevante en los aportes para la reconstrucción del devastado país.

El objetivo fundamental es la pronta celebración de una conferencia internacional  que elabore un “Plan Estratégico para la Reconstrucción de Haití que, más allá de las ayudas de emergencia, contribuya a reforzar en el mediano y largo plazo la viabilidad y la estabilidad social, económica y política de Haití”. Un comité promotor creado al efecto deberá tener su primera reunión mañana lunes en Canadá.

No hay tiempo que perder. Hasta el momento gobiernos y organismos internacionales han anunciado ayuda por más de mil millones de dólares para Haití, pero esa suma tendrá que ser multiplicada a la luz del inmenso desastre, que obligará a una reconstrucción casi total de Puerto Príncipe y de otras ciudades. El gobierno dominicano estimó en 10 mil millones de dólares la meta de recaudación pero hay quienes creen que esa cifra es conservadora.   

 La conferencia internacional sobre Haití tiene que ser apresurada, antes de que el mundo comience a acostumbrarse y a resignarse ante la tragedia y de que otros acontecimientos trascendentes concentren la atención. Después de Haití ningún país puede tener más interés en ese objetivo que República Dominicana, por solidaridad, pero también para reducir el costo ineludible del desastre.

 Mientras tanto hay que evitar planteamientos como el de que los organismos internacionales deben reponernos lo que hemos invertido en solidaridad o que por eso no podremos cumplir el reciente acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, formulados por funcionarios gubernamentales. Debemos evitar desbaratar con los pies todo lo que hemos ganado con la gran solidaridad ante la tragedia haitiana.