Subasta de barrigas

Incurre en desacertada decisión todo aquel ser humano que, buscando aparentar salud, come con alocada pasión… y sin control.

El exceso en la alimentación está creando en la población dominicana una generación de obesos.

Uno de los vicios más sobresalientes en el criollo es su manifiesta inclinación a comer a cualquier hora, y en cantidades desproporcionadas.

Gran parte de la población masculina se ha hecho la idea de que mientras más corpulenta se exhiba, mayor bienestar aparentará. Craso error.

El plato típico dominicano, la popular “bandera”, de hecho es altamente abundante en grasa vegetal y animal. Y si a ello le agregamos la ingesta de picaderas y gaseosas entre comidas, estaremos fritos.

Las damas del terruño en eso son más cuidadosas, respetan sus figuras y curvilíneas formas. Y hasta se dan el lujo de provocar la envidia de los machos.

Un simple vistazo a gente que nos rodea, o que solemos encontrar en nuestros recorridos de rutina por la ciudad, nos confirma cómo se han ido expandiendo las panzas.

A veces nos da la impresión de que esos compatriotas luchan denodadamente en adquirir masa corpórea… para asistir a una subasta de barrigas.

El no alimentarse bien, comer con ansiedad y en raciones industriales habrá de llevarnos, más temprano que tarde, a la consulta médica.

En Estados Unidos, lo he dicho, han obligado a las cadenas de comida rápida, a modificar sus menúes, incluyendo alimentos ligeros.

Lo más lamentable de todo es el olímpico desprecio de nuestra población gorda a los consejos sanos y bien intencionados.