Sueño futurista con el doctor

JOSÉ BÁEZ GUERRERO
j.baez@codetel.net.do
En vez de un sueño del pasado o del presente, esta vez mi amigo, el doctor, quiso burlarse de mis debilidades oníricas ubicando los hechos en el año 2020, doce años hacia alante. Vestía una chacabana colorada como las de don Amable, y en vez de sombrero tenía una cachucha de un nuevo equipo del béisbol criollo, “Yoleros de la Altagracia”.

Opté por ignorar esos detalles lúdicos y aprovechar su visita para volver a conversar con el hombre que muchos siguen considerando su líder, pese a que no puede figurar en ninguna boleta electoral, al menos no aquí…

 “Presidente”, le dije, “¿y esa rareza de andar usted sin sombrero y con esa chacabana roja?”

 “Je, je, je…”, me respondió, “¿usted cree que me queda mal? Es que me dicen que Aristy así es como anda, y como la moda no incomoda…”

 “Pero usted nunca hizo caso a la moda, ni las fruslerías de la vanidad… Además, ¿y el sombrero? ¿Por qué anda sin sombrero? El sereno puede agriparlo, y a su edad las gripes pueden ser fatales…”, dije.

 Y volvió a reír. “¡Usted si es ocurrente!”, me dijo. “¿Qué puede pasarme? Ya en mi condición soy invulnerable.

No puedo volver a morirme. Así como estoy, nadie se agripa, ni coge ninguna enfermedad. Nunca toso, ni me estriño, ni me sube la presión. Es de las cosas más extrañas, estar muerto y con perfecta salud todo el tiempo…”

 Yo no quería perder el tiempo con boberías, sino preguntarle asuntos profundos, de política, pero el doctor estaba en otra onda. Hacía tiempo que no lo veía tan risueño.

 “Dígame, presidente, ¿a quién cree usted que le corresponde realmente ser considerado su heredero político?”, pregunté.

 Y respondió: “¿Y no es obvio? ¿Es que usted no ve? El liderazgo ni la preferencia del electorado pueden heredarse, ni transmutarse, ni endosarse…

¿A quién heredé yo? A mi Ramfis y su gente me habrían tragado vivo, a no ser por azares del destino. Y luego fue la Providencia que me devolvió al ruedo político, con el país devastado… Es la sintonía con el momento lo que solidifica y perpetúa el privilegio de mandar, más aún con el apoyo de los votos”.

 Quise haberle preguntado por la cachucha, pero supe por una extraña intuición que el equipo era de Amable. Desde el 2008 quedó obseso con la pelota…