Sueños de Quijote (3)

POR MU-KIEN ADRIANA SANG
Como bien señala Vargas Llosa en su “prólogo” para la edición especial que publicara la Real Academia Española en conmemoración del IV Centenario de El Quijote, la obra maestra de Don Miguel de Cervantes, esta obra al mismo tiempo que una novela sobre la ficción…es un canto a la libertad… El Quijote (es) un individuo que, motivado por una vocación generosa se lanza por los caminos, a buscar remedio para todo lo que anda mal en el planeta…

Creo que el momento es oportuno para hacer una reflexión. Durante las dos entregas anteriores, hice especial hincapié en la experiencia de Sancho como Gobernador de la ínsula, más aún, en los consejos del hidalgo caballero sobre el buen arte de gobernar. Creo que la novela hace un verdadero análisis sobre el poder, su ejercicio y sus implicaciones.

Al inicio, Sancho, ingenuo como era, escuchó los consejos de su adorado amo con atención. Después, los olvidó, porque se dejó envolver, y disfrutaba con alegría los privilegios de su nueva posición. Enterado, el Quijote le escribió de nuevo a su amigo y vuelve a reiterarles sus viejos consejos y a plantearles unos nuevos. Sancho recapacita y decide tomar acciones y gobernar para “el bien común”. Cuenta la historia que el pueblo se deshizo en elogios para su gobernante, incluso los incrédulos y críticos, se unieron al coro de la alabanza. Pero los enemigos lo siguen acosando. Y la soledad del poder lo lleva a comprender que él no era un hombre para gobernar. Toma su asno, sus viejas ropas y vuelve a su vida. Abandona, con el asombro de todos, sus amigos, enemigos, sus adulones y el pueblo entero. ¿Qué nos quiere decir El Quijote? ¿Es que el “buen gobierno” es un imposible, una utopía, una “quijotada”?

Al leer de nuevo los consejos a Sancho, mis pensamientos me llevaron a pensar en Confucio, y la insistencia en todos sus consejos de que el Gobernante debía seguir el camino del bien. Pensé también en Lin Yutang y su convicción de que el ideal de la felicidad humana era el disfrute de la naturaleza, una buena compañía, y sobre todo un buen gobernante. Pensé también en Sócrates y su convicción de que la virtud debía prevalecer en el ejercicio político. Pero pensé también en Maquiavelo, el pensador más influyente de todos los tiempos. El pragmatismo político que este pensador italiano presentó en El Príncipe ha viajado a todas partes, convirtiéndose en el referente obligado de los gobernantes, y de los aspirantes a serlo. Gobernar para quedarse, manipular para tranquilizar a los súbditos, mentir para tranquilizar las inquietudes, enfrentar al enemigo con rapidez y presteza, ofrecer dádivas pequeñas y consecutivas a sus seguidores, han sido las fórmulas que se han propagado a través de la historia y por todo el mundo. Los consejos del bueno gobierno de Sócrates, Don Quijote, de Tomás Moro o de Hegel se han quedado en meras referencias intelectuales y académicas, no en manuales prácticos del arte de gobernar.

Pero a diferencia de los que plantean el pragmatismo salvaje, a diferencia de los que viven y trabajan en la política convencidos que en ese terreno “todo es posible”, desde mentir hasta matar, el mundo ha viajado a través del tiempo gracias a los quijotes humanos quienes guiados por sus propias convicciones, se entregaron a luchar por sus ideas.

Estas ideas que he planteado no son nada nuevas en mis reflexiones. En 1997, hace 8 años, cuando salió a la luz mi libro sobre Ulises Francisco Espaillat, planteaba en el último capítulo que las enseñanzas que Miguel Cervantes y Saavedra nos legó a través de la presente y lánguida figura del Hidalgo Don Quijote de la Mancha, calaron profundamente. La historia se ha encargado de presentarnos, en tiempos y lugares dispersos y disímiles, a muchos quijotes, responsables de múltiples hazañas tan sublimes como “quijotescas”. Igual que ese caballero andante del España medieval… los quijotes del mundo han luchado en sus tierras para transformar sus propias herencias. La obra de Cervantes ha sido y es, sin lugar a dudas, un verdadero y eterno patrimonio de la humanidad. Sus lecciones de bondad, moralidad y amor a los demás han permanecido en la memoria colectiva, gracias a la presencia de esos quijotes humanos esparcidos por el mundo.

En el mismo capítulo señalaba, planteaba y planteo hoy con más ahínco y fe que la grandeza de la condición humana radica en desarrollar el sentido de la crítica, pero sin perder la capacidad de soñar. Esa doble dimensionalidad en vez de ser contradictoria, es complementaria. Creo que llegó el momento de asumir y definir nuestros propios sueños, aceptar críticamente el pasado para aprender de nuestros fracasos. Definir nuestro propio imaginario, para ver si podemos construir una sociedad sustentada en el amor y el bien común. Ahora más que nunca necesitamos mirar nuestro presente con una mirada escudriñadora y cuestionadota, para entonces forjar nuestras esperanzas, definir nuestros sueños y construir nuestro futuro. Sueños de Quijote, ya lo sé.

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