Sugiere regular repatriación de dividendos

El presidente de la Asociación de Almacenistas Importadores (ADAI) calificó ayer de preocupante que la repatriación de capitales alcanzara el pasado 2003 los US$1,362.4 millones, en momentos tan críticos como los actuales y mientras se cae la inversión extranjera directa.

Por esa situación, Domingo Espinal Collado abogó porque se tomen medidas para que parte de las ganancias de las empresas foráneas que operan en el país sean reinvertidas aquí.

“Lo que nosotros sí creemos que es malo es que las regulaciones para la repatriación de capital no estén acordes con las condiciones económicas del país”, sostuvo.

Según informaciones publicadas ayer por este periódico HOY, durante el 2003 las repatriaciones de utilidades de las empresas extranjeras fueron superiores en US$1,052 millones a los ingresos recibidos por concepto de inversión extranjera directa, que acorde a cifras del Banco Central sólo alcanzaron US$309.9 millones.

Ante la crítica situación económica del país, dijo, se deben establecer regulaciones para que los capitales repatriados sean sólo un porcentaje de las ganancias de las empresas y que el resto se reinvierta en República Dominicana, en la creación de más empleos y riquezas.

No obstante, reconoció que la repatriación de una parte de las ganancias, es el gran incentivo que tienen los inversionistas extranjeros para traer sus recursos al país.

Reconoció que en los últimos años, la República Dominicana se ha convertido en una economía de servicio, lo que constituye un atractivo para los inversionistas extranjeros.

“Tenemos que prepararnos para ver como algo cotidiano que las utilidades de esas inversiones tengan que repatriarse, de manera que no se vea eso con sorpresa o como algo malo”, expresó.

Añadió que eso hay que aceptarlo como parte de la libre empresa y de los esfuerzos que hace el país, para captar inversión extranjera.

“Los dominicanos debemos entender que esos capitales vienen, pero que tendrán, en un momento, que ser repatriados”, indicó.

Se atribuye la caída de la inversión extranjera en el 2003 al deterioro de la imagen del país como destino de inversión, por los problemas macroeconómicos que afectan y por los que se presentaron con algunas empresas extranjeras, entre estas del sector eléctrico.