Súper Tucano contra  corrupción

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El problema de las drogas prácticamente se resolvió. Como parte de una flotilla, llegaron dos aviones Súper Tucano que, con la potencia, velocidad y arsenal destructor con que cuentan arrasarán con todo cuanto huela a drogas y a sustancias alucinógenas. Ahora sólo faltan los radares de largo y mediano alcance para terminar de ponerle un traje de amianto al espacio aéreo dominicano, que estará sellado, para impedir la entrada de drogas a nuestro país a para la utilización de nuestro territorio como puente para su tránsito sobre todo a territorio norteamericano, según los promotores de la multimillonaria inversión.

No pretendo restar importancia a la tecnificación y dotación adecuadas de los cuerpos de persecución de algunos de los males que aquejan a nuestro país, pero a mi me huele todo a esto a una manipulación espectacular y estentórea con la que se hace marketing y con la que se vende la idea de que todo nuestro problema se reduce a las drogas, sin que deje de ser uno de los tantos. Ilusionar a la población y ciudadanía dominicanos can la solución de casi todos los problemas con los vuelos rasantes de unos aparatos de aviación, que no sabemos cuan modernos y eficientes son, sin solucionar los problemas de base, es una de las técnicas manipulativas empleadas por quienes día tras día pretenden desviar la atención de los temas que impiden el desarrollo de nuestro país.

Aquí el problema es la corrupción en todos sus niveles y manifestaciones. Sin ser tremendistas quizás podríamos reducir el impacto de la frase anterior y decir que el problema fundamental nuestro es el de la estructura corrupta que permea las instituciones públicas y privadas, que más que ausencia de legislación y normas -lo que no puede ser desdeñado tampoco- se manifiesta, entre otros: 12 por la violación de las normas a aplicación parcial a tendencial de las mismas; 22 por el secuestro a captura del Estado por parte de políticos y agentes económicos que se unen para cambiar las reglas y regulaciones que favorezcan el interés del corruptor, con los beneficios derivados a favor del corrompido, que no es otra cosa que corrupción administrativa; y 32 por el soborno de funcionarios para que hagan el trabajo que por ley deben realizar o para que lo realicen con prontitud indebida.

Analizar con seriedad el fenómeno de la corrupción que padece gran parte de nuestra sociedad dominicana y sus posibles soluciones, determinar las reformas institucionales que aún hacen falta, y mientras todo eso llega seguir exigiendo transparencia en la gestión pública y la rendición de cuentas, como mecanismos imprescindibles de control ciudadano, son tareas que deben ponerse en la agenda de trabajo de quienes tienen en sus manos la principal responsabilidad de implementar políticas públicas de compromiso con la lucha “tucánica” contra la corrupción.

Más que blindar los aires dominicanos, lo que quizás estamos necesitando con urgencia es proteger nuestro suelo y afrontar, con visión comprehensiva, todos los instrumentos políticos, administrativos y legales con que contamos para atacar sincera y enérgicamente la corrupción. Si con la potencia, rapidez y buen manejo los Súper Tucano pudieran proporcionar esa visión y decisión integral del rompecabezas de la corrupción, que está por detrás, por delante y por el lado de dichas naves, bienvenidos sean, si no que los devuelvan, los vendan o los exhiban todos los domingos y días feriados para la diversión y el esparcimiento de una población hastiada de corrupción.