Supermán y Lilís: ficción y realidad

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POR ARTURO RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ
Llegan en la misma semana. Uno viene del planeta Krypton pasando por Yanquilandia. El otro proviene de una media isla del Caribe, bastante tercermundista, por cierto.

Supermán tiene millones para derrochar. Lilís subsiste por puro instinto de supervivencia. Están en las antípodas uno del otro, aunque nadie sepa de qué lugar está la kryptonita.

Ambas películas, unidas por casualidad o causalidad en las carteleras de nuestro cine, se convierten así en una metáfora del poder de Hollywood frente al esfuerzo latino por desarrollarse en un mundo de celuloide que, durante mucho tiempo, le estuvo vedado por razones económicas y por indiferencia de anteriores gobiernos.

Supermán es cine de estudios, pensado por y para el mercado.

La característica “S” del traje del hombre de acero pudiera verse cruzada por unas rayas verticales y se convertiría en el signo de dólar. Aún así no renegamos de Supermán. No pudiéramos hacerlo. Fue uno de nuestros ídolos de infancia  al que  le hemos guardado fidelidad. Siempre nos cayó simpático por la absoluta ingenuidad de sus creadores que trataban de hacernos creer que una corpulencia sobrehumana podía esconderse con unas gafas, una corbata y un aire apocado a lo Clark Kent.

Es posible aceptar el cine de evasión y también el de compromiso político, social e histórico.

El cine es arte, pero también espectáculo. Y en espectáculo, nuestros creadores no pueden competir con la “Fábrica de sueños”, por mucho que se haya convertido últimamente en “Fábrica de pesadillas”.

Bryan Singer es un buen realizador que una vez tuvo la suerte de encontrarse con uno de los mejores guiones escritos en los años recientes: “Los sospechosos habituales”.

Singer también ha demostrado ser un gran conocedor de los “Cómics” y sabe a la perfección cómo hay que hacer para trasladarlos del papel a la imagen.

La primera entrega de los “Hombres X” despertó el entusiasmo en el público y en la crítica especializada. Con “Supermán regresa” parece haber sucedido algo muy similar.

Una película pequeñita como “Lilís” se enfrenta entonces a un gigante. Es David contra Goliat. Es el huevo contra la piedra.

Si hay algo que siempre hemos admirado en Jimmy Sierra ha sido su constancia y su capacidad de trabajo. Pionero en estos asuntos, se atrevió a hacer cine cuando nadie lo hacía sin importarle que la calidad final, por carencia de recursos, no fuera, ni mucho menos, la deseada.

“Cabeza caliente” en una época de “Cabezas calientes”, “práctico” en tiempo de “teóricos”, Jimmy no vaciló en presentar, allá en el antiguo Olimpia de la Palo Hincado, sus cortometrajes como “Vía crucis” y “Siete días con el pueblo”.

Jugaba con la ficción y el documental importándole más la transmisión de ideas que la forma en la que se transmitían. Descuidado, porque esa ha sido otra de sus marcas de fábrica, dejó que el paso de un ciclón, mojara y destruyera las copias de estas películas que no volverán a verse, porque no había más que aquellas que guardaba en su casa.

Con gran sentido didáctico, conocedor de la importancia que tiene nuestra historia y nuestros problemas, Jimmy se ha embarcado en múltiples aventuras.

Tanto “Catalino, el dichoso” y “En la boca de los tiburones” que se realizaron a trompicones y que durante mucho tiempo estuvieron buscando su espacio en la televisión, obtuvieron, en su momento, una audiencia más que considerable. Algo similar ocurrió con “El hombre que atrapaba fantasmas”.

Teatro, cuento, material audiovisual destinado a las escuelas y muchísimas cosas más, forman parte del currículo de un hombre que, encima de todo esto, ha ejercido la abogacía durante décadas.

Nos tildó de “catastróficos” cuando le dijimos que el verano no era la época propicia para estrenar su película y, mucho menos, la semana de “Supermán”.

Pero no nos hizo caso y siguió hacia delante con una campaña publicitaria de primera que no sólo cubrió radio, prensa, televisión y vallas, sino también los cristales traseros de las guaguas.

Él se ha puesto su capa y su traje de superhéroe y se dispone a dar batalla a  Kal-El, al mismísimo Supermán. Eso ya es un síntoma de valentía.

“Lilís”, por encima de todos los juicios valorativos, quedará  como la primera realizada con un particular método que su autor ha dado en llamar “DCDC”, “Dictado creativo de diálogo y circunstancias”, mediante el cual los actores no trabajan con un “guión de hierro” ni tienen que memorizar diálogos, sino dejarse llevar de las explicaciones del realizador y entender las circunstancias y el momento histórico en el que se desarrolla la acción de la escena a rodar. Atrevimiento no le falta.

Aunque hace varias décadas, los dominicanos, en unión con los boricuas, rodaron un filme injustamente olvidado, que se basaba en un personaje de nuestra historia (“Enrique Blanco”), es Jimmy Sierra quien de veras ha dado continuidad a nuestro pasado a través de las imágenes fílmicas. Cierto que se han hecho otras cosas para la televisión,  pero no es usual encontrarnos en la pantalla grande con un filme que nos cuente este tipo de cosas a menos  que no acudamos al género documental y a los trabajos en video de René Fortunato.

Jimmy Sierra es un excelente conversador que siempre recuerda anécdotas y experiencias, que conoce muy a fondo todo lo referente a su país. Al hablar adopta un inteligente cinismo y un humor soterrado. El problema es que filma al igual que habla, pero en un medio diverso.

Particularmente creemos que la “voz en off” es un lastre para la imagen y que lo anecdotario perjudica a la unidad y el ritmo de un largometraje. Otros, talvez, gusten de este estilo y forma de narrar.  Cuando el narrador se desliga del filme, acontecen los mejores momentos de “Lilís” como pudiera serlo el “plano secuencia” final con la presentación de los personajes.

Por lo demás, no es nada fácil hacer un filme de época con escaso presupuesto y tiempo limitado.

Elías Acosta, en la fotografía (loable por las condiciones de tiempo en que se rodó), tuvo que hacer malabares que no logran evitar que el espectador se desconcierte por evidentes anacronismos como el letrero de “Casa de las Academias” o los edificios modernos que divisamos en varias secuencias de un filme que acude a la computadora y a la animación con tanta ingenuidad como desconcierto, ya que luce más bien como un “work in progress” que un producto debidamente terminado.

Aún así, creemos firmemente que “Lilís” puede motivarnos a tratar de conocer nuestra historia y que Jimmy Sierra –desde su punto de vista–, que usted puede aceptar o rechazar, es un autor que ama su trabajo y es fiel a sus ideas.

SUPERMÁN REGRESA

Título original: Superman returns, D: Bryan Singer, Int: Brandon Routh, Kevin Spacey, Kate Bosworth, Eva Marie Saint, Frank Langella,  Brando, Parkey Posey.

Talvez, o sin talvez, la mejor película del verano, “Superman returns” demuestra, una vez más, que no hay películas cortas o largas, sino películas con ritmo o sin ritmo.

Sus dos horas y media de duración son un disfrute para los amantes del “Cómic” y la fantasía.

Brandon Routh es el suplente ideal del inolvidable Christopher Reeve, mientras que Kevin Spacey pasará a la antología de los villanos.

Magníficos efectos especiales, utilizados en los momentos precisos, completan, con broche de oro, una superproducción de primera línea.

Calificación: 4 (Muy buena)