A Alejandro Paulino Ramos, del AGN Juan Isidro Jimenes Grullón o el castigo al intelectual incómodo

A Alejandro Paulino Ramos, del AGN Juan Isidro Jimenes Grullón o el castigo al intelectual incómodo
“Los difuntos no tienen defensa y dependen de nuestra buena voluntad”
Alain Finkielkraut
El título que precede excluye la metáfora: si hay una figura pública dominicana en todo el siglo XX que vivió la mayor parte de su vida como exiliado ese fue Juan Isidro Jimenes Grullón. El juicio que hago ya lo adelantó en el 2000 el historiador Juan Daniel Balcácer. Su primer exilio se da de manera física desde principio de 1936, cuando sale del país luego de estar preso en la cárcel de Nigua, y se extiende hasta el 7 de diciembre de 1961 cuando regresa al país luego de la muerte de Trujillo. Su segundo exilio ocurre de manera existencial entre 1968-1983.
Víctima muchas veces de su agudo talento intelectual y de una conducta que nunca le temió a la autocrítica, lo cierto es que Jimenes Grullón tuvo que desplegar su activismo político y trabajo teórico en medio de un escenario donde imperaba una alta dosis de argucia, rezago ideológico, oportunismo y personalismo, derivados mayormente de las pugnas políticas e ideológicas pretrujillistas, trujillistas y postrujillistas.
Al igual que las de otros dominicanos y dominicanas, en lo que compete a la política nacional directa, dos lidias que se tradujeron en numerosas batallas motivaron la acción política de Jimenes Grullón. En su caso esas contiendas fueron llevadas a niveles de principios no canjeables, ni antes ni después de Trujillo. Valga recordar que esos combates fueron en parte los responsables de que no pudiera ejercer del todo su profesión de médico y lo lanzaron y mantuvieron muchas veces casi al borde de la indigencia material, ya fuera como exiliado y luego de su regreso al país tras de 25 años de ausencia, pero sobre todo a partir del momento en que adopta el materialismo histórico como referente para la refundación de su pensamiento.
Esas dos pugnas a las que me refiero fueron, primero: cómo eliminar físicamente a Trujillo, ya fuera con recursos de la resistencia interna o con la acción de los exiliados y la ayuda internacional. La segunda fue cómo reeducar y reorganizar el país luego de la eliminación del dictador y reencaminarlo por el derrotero de la democracia formal y parlamentaria moderna.
Hoy, sin embargo, que vemos con más claridad las consecuencias del debate político, teórico e ideológico de aquellos años, la figura de Jimenes Grullón es una sombra que poco a poco debe empezar a ser recuperada de las oscuridades a la que fue lanzado y condenado por sus contrincantes contemporáneos y por un discipulado, que solo con raras excepciones, fue incapaz de darle continuidad y difusión a sus aportes intelectuales, tanto como pensador como escritor y político.
Regresar a Jiménez Grullón 31 años después de su desaparición física implica dialogar desnudamente con un autor vital del pensamiento dominicano que, con sus irradiaciones y opacidades, pensó el país en sus conexiones internas y extraterritoriales con una racionalidad, radicalidad y pasión poco común, junte que marcó los pasos de su vida y que lo condenó de manera casi perene, en vida y muerte, a un doble exilio que se extiende hasta la actualidad.
Varios pecados, algunos cometidos y otros solo calumnias, nunca le fueron perdonados a Jimenes Grullón. Muy caras les fueron cobradas las faltas, tanto las aceptadas por él mismo como las tergiversaciones y difamaciones de que fue víctima, ya fuera como activista, ideólogo, dirigente político e investigador del acontecer histórico y sociológico del país.
Baste recordar solo algunos de los episodios para su condena: 1-Su participación en un complot para eliminar físicamente a Trujillo en 1934, 2-Haber tenido una complicadísima relación sentimental con la poeta Julia de Burgos, concordancia afectiva que injustamente sirvió de pretexto a algunos/as comentaristas literarios para responsabilizarlo unilateralmente de las desdichas de la poeta. 3-Entrar en conflictos con Juan Bosch desde la fundación del PRD entre 1939 y 1941, 4-Su apoyo ingenuo, solo por unos meses, al golpe de Estado de 1963 y 5-El haberse convertido en el crítico más convincente de las izquierdas dominicanas que nunca le perdonaron que él, proveniente de las clases acomodadas, se desclasara y tuviera una visión más crítica, revolucionaria y avanzada que las que ellos pregonaban en medio de una grada social donde predominaba la indigencia teórica, como él mismo los catalogara. En un país marcado por la intolerancia ideológica multidireccional no hay quien sobreviva desde el escalpelo intelectual a tantas colisiones.
El testimonio intelectual de Jimenes Grullón, ya sea tratados, libros coyunturales y polémicos, artículos periodísticos, declaraciones orales y cartas personales y públicas revelan que éste no rehuyó a los riesgos que conllevan la crítica y la autocrítica radical. Aceptó y se responsabilizó de sus errores y se autocorrigió como mejor pudo. Como todo pensador que cree que el conocimiento individual, científico y social adelanta al ser sometido al rigor de la revisión y el cuestionamiento, Jimenes Grullón se empeñó en corregir lo que vio, escuchó y temió como desaciertos propios o ajenos.
Creyó que sus motivaciones y orientaciones críticas eran similares a las de sus contemporáneos, sobre todo al interior de las izquierdas y del llamado pensamiento “progresista” de entonces. Pero se equivocó: su raciocinio y criticidad no eran análogos a las de algunos de sus antónimos. Quizás de ahí su falta de tácticas y estrategias para fundar, mantenerse y dirigir un partido con verdadera voluntad de poder como los que tutelara Juan Bosch (PRD y PLD), el antagonista más cercano a su programa social-político y altura intelectual hasta 1968 cuando Jimenes Grullón abandona el populismo de donde venía desde temprana edad.
Al recuperar hoy día los escritos y las intervenciones públicas de Jimenes Grullón queda de manifiesto su indisposición para abandonar el radicalismo que exige la ética del pensamiento indómito en beneficio del pragmatismo, la falacia y la utilidad del otro. Jimenes Grullón apostó a que la verdad y la autenticidad humana, que él asociaba al conocimiento científico de las ciencias sociales y naturales no eran permutables por una cuota de poder político inmediato.
Esto último explica parcialmente su ineficacia como guía de multitudes, ese territorio en donde rara vez no se reclama y se promueve la ignorancia y la manipulación de los dirigidos para garantizar la continuidad del dirigente y guía. Digamos que Jimenes Grullón fue un pensador comprometido con lo que concebía como la franqueza histórica y un dirigente político torpe que desde su entrada a la arena política directa estaba abocado a perder la inmediatez. Fue un romántico social radical.
Más allá de las colindancias y discordancias que podamos tener con su pensamiento y acciones, cuando el legado de Juan Isidro empiece a ser revisitado con la misma hondura con que él construyó su obra, difícilmente no se concluya que estamos ante uno de los más perspicaces ensayistas y pensadores dominicanos de todos los tiempos. En Jimenes Grullón, además de un estallido constante de ideas que dicen y desdicen (su homenaje a la dialéctica) hay energía de estilo literario y su prosa expositiva-argumentativa alcanza altas amplitudes estéticas. No obstante ello, el postexilio intelectual y político del que sigue siendo víctima evidencia que la indulgencia no ha tocado su tumba.