Acueducto de Segovia: entre Patrimonio UNESCO y leyenda diabólica
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El Acueducto de Segovia es uno de los monumentos más importantes y mejor conservados de los que construyeron los antiguos romanos en la Península Ibérica. Se encuentra dentro de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Los historiadores no han podido determinar la fecha exacta de su construcción. Una inscripción colocada en la parte superior de la estructura indica que la estructura fue construida en el periodo comprendido entre el reinado de Vespasiano y el de Trajano, es decir, a finales del siglo I y principios del siglo II. Sin embargo, un reciente descubrimiento indica que es probable que el inicio de las obras fuera en tiempos de Adriano, entre los años 112 y 116. La hipótesis que apoya esta nueva datación son las cerámicas de “terra sigillata” hispánica, que se han recuperado en las fosas de los pilares que sostienen las arcadas. Uno de los objetos claves que se han hallado es una moneda romana un “sestercio de Trajano” que fue acuñado entre los años 112 – 116. Debemos considerar que es el siglo II d. C. durante el proceso histórico de ‘Hispania” (nombre que los romanos daban a la Península Ibérica, considerándola una demarcación administrativa y cultural de la que derivó el término España) donde se dan las condiciones estructurales óptimas y las circunstancias coyunturales precisas para poner en marcha la obra de esta infraestructura de gran calibre tecnológico. Podríamos dividir la construcción del acueducto en tres partes diferenciadas. La zona extraurbana, donde se recogía el agua, la zona periurbana, es decir, el tramo del acueducto que transportaba el agua, y la zona urbana donde se conducía y distribuía el agua hasta su destino. En Segovia, el agua se recoge en una gran cisterna que toma el nombre de ‘El Caserón” y luego se canaliza hacia una segunda torre conocida como la Casa de Aguas, que actúa como desarenador y como torre piezométrica. Mediante un sofisticado sistema de distribución, se suministraba agua a pozos de viviendas particulares, etc. Los romanos conocían muy bien la importancia de abastecer de agua potable a sus ciudades. La antigua Roma contaba con 11 acueductos principales. En Europa es probable que existan restos de más de 200 de estos antiguos acueductos romanos, muchos de ellos con arcadas y estructuras más impresionantes de los restos de acueductos que se ven en Roma. Uno de ellos es el extraordinario acueducto de Segovia. El acueducto de Segovia es conocido por su impresionante arquitectura y estructura en piedra. El acueducto transportaba agua desde el manantial de la Fuenfría, a 17 kilómetros de la ciudad y está sostenido por más de 170 arcos, En la Plaza del Azoguejo el acueducto alcanza su punto más alto de 28.10 metros, con fundaciones profundas más de seis metros. Los arcos están construidos con precisión y se elevan majestuosamente sobre el paisaje circundante. Lo que hace más extraordinaria esta construcción es el hecho de que los arcos se construyen sin el uso de hormigón o cemento, sino con 20.400 bloques de granito ensamblados en seco, a modo de ladrillos, asegurando el carácter estático de la obra gracias a su perfecto encaje y su peso propio.
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Gran parte del recorrido de estos acueductos no pasaba por viaductos sino por túneles excavados en colinas y montañas. Los romanos eran muy buenos dando a estos túneles la pendiente necesaria para que el agua fluyera. También construyeron pozos para evitar la formación de burbujas de aire y con fines de inspección y mantenimiento. El extremo superior de la estructura lo constituye el propio canal que la recorre longitudinalmente y por cuyo interior discurre el agua, en un tramo en “U” de 1.5 metros. Los arcos del nivel inferior tienen una luz de 4.5 metros de ancho, Sus pilares van aumentando sus dimensiones a medida que la topografía aumenta su altura, debiendo permanecer fija la altura del canal superior. En el tramo de entrada a la ciudad hay un total de 167 arcos, los primeros 36, fueron reconstruidos en el siglo XV por orden de Isabel de Castilla para recuperar una parte destruida por los moros en 1072
El acueducto de Segovia ha desafiado al tiempo y a los elementos durante casi dos milenios. Esta estructura increíblemente bien conservada ha sobrevivido a terremotos, guerras y cambios climáticos, lo que demuestra la calidad de su construcción y la dedicación de los antiguos ingenieros romanos. El mantenimiento constante y la restauración conservadora han ayudado a preservar esta maravilla histórica para las generaciones futuras. El acueducto de Segovia se ha convertido en un icono de la ciudad y uno de los sitios turísticos más visitados de España. Fue declarado en 1985 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Durante el siglo XX, el acueducto sufrió daños causados por las condiciones atmosféricas cargadas de contaminación y el smog provocado por los gases de los equipos de calefacción (en invierno) y los automóviles. La erosión natural del granito ha contribuido a socavar la estructura a lo largo de los años, Desde 1997 se llevan a cabo proyectos de restauración, a cargo del arquitecto especialista Francisco Jurado, para garantizar su supervivencia.
La primera cosa que nos deja boquiabiertos es la escala del acueducto, esa extraordinaria estructura escenográfica nos hace reflexionar sobre las dimensiones que pudo tener la entera ciudad romana de Segovia durante la construcción del acueducto. Pareciera más que su función de llevar agua a la ciudad, un símbolo, un elemento demostrativo de la potencia del Imperio. Nuestra reflexión un poco se dimensiona al conocer las grandes estructuras como el alcázar, la catedral y otras imponentes estructuras religiosas, los interesantes palacios de la ciudad, etc. (aunque todas estas construcciones son posteriores a la construcción del acueducto).
Nos emociona esta sensación misteriosa y placentera que transmite la ciudad. Ciudad de historia y de leyendas, la leyenda más curiosa se relaciona con la misma construcción del acueducto, símbolo de la ciudad. Los hombres del medioevo no lograban explicar tal magnificencia, como una construcción de más de 15 kilómetros de largo pudo ser construida por el hombre. Los medievales asumieron que una obra de esta naturaleza podría ser un producto creado por una entidad divina o una entidad diabólica. La leyenda medieval cuenta de una época en la zona alta de Segovia donde el acceso al agua era dificilísimo, los habitantes debían caminar un largo camino fuera de la ciudad para obtener el agua. Una joven afronta el viaje de búsqueda del agua todos los días y regresa cargada con el peso del recipiente lleno de agua. La joven agotada un día exclamó en voz alta: “Daría cualquier cosa para que el agua llegara a las puertas de la ciudad y ya no tener que hacer este viaje todos los días”. Cuenta la leyenda que el “diablo”, tan pronto como la joven pronunció esas palabras se le apareció bajo la apariencia de un sereno caballero medieval. Este dijo a la joven que podía hacer realidad su deseo a cambio de su “alma”. La joven, todavía desconcertada por aquella aparición, aceptó, creyendo que al fin y al cabo qué valor podría tener su alma. Pero cuando vio que el hombre esbozaba una sonrisa diabólica tuvo la disposición de añadir un pequeño detalle antes de concluir el pacto con un apretón de manos: la construcción tendría que estar terminada antes de que el sol apareciera en el horizonte. La leyenda narra que la joven al regresar a su casa nerviosa e impresionada por la visión de este extraño personaje que le había pedido su alma no logró conciliar el sueño, contrariada y nerviosa se levantó durante la noche y se acercó a la ventana, donde vio una escena que le heló la sangre. La leyenda medieval narra que la joven vio desde su ventana, el diablo, envuelto en llamas, dando órdenes a ciento de otras criaturas infernales que rápidamente estaban construyendo un enorme acueducto, un acueducto que finalmente llevaría agua a la ciudad, pero que condenaría el alma de la joven para la eternidad. La joven comenzó a orar, pedía a Dios que la perdonara por su imprudencia, la obra continuaba y se acercaba el final de la construcción. Los demonios empezaron a celebrar, aunque aún quedaba tiempo a la salida del sol, La joven lloraba desesperadamente, Un diablo estaba a punto de colocar la última roca, cuando, de repente la figura infernal fue iluminada por un rayo de sol. La leyenda cuenta que, Dios, escuchando las oraciones de la joven, había anticipado el amanecer. El diablo no pudo terminar la obra antes del tiempo acordado, por lo que, derrotado, abandonó la ciudad. En el lugar de la piedra que faltó, en recuerdo del hecho milagroso que salvó un alma inocente, se colocó en una de las dos hornacinas existentes, una estatua de la virgen que la tradición señala como la Virgen de la Fuencisla (patrona de la Ciudad de Segovia). Del otro lado, en la otra hornacina estaba la imagen del egipcio Heracles, quien según la leyenda fue el fundador de la ciudad.
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