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Cuando ellos eran ellas: el uso de seudónimos masculinos por escritoras mundiales

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§ 13. Se conocen las razones, expuestas por las escritoras mismas, por las que se vieron obligadas a usar seudónimos masculinos desde el siglo XVII hasta bien entrado el siglo XX. Igualmente, los hombres públicos y los escritores y poetas, por las mismas razones, también se vieron obligados a usar seudónimos femeninos en ese largo intervalo en que expresar sus sentimientos y emociones más íntimos significaba una afrenta y una vergüenza social, en razón que el oficio de escribir literatura y teatro y llevarlo a las tablas se consideraba un oficio de gente baja y de mal vivir. Todo este lapso abarcó tres siglos y medio (1601-1950) y se agudizó en el siglo XIX cuando surgió la ideología literaria de Sainte-Beuve como un dogma de fe: la obra literaria, y sobre todo la poética, se explicaba según la biografía del autor. Y Sainte-Beuve intentó convencer al mundo con el ejemplo práctico del análisis de los poemas de Baudelaire. Este anacronismo literario tiene todavía hoy algunos partidarios descarriados que de vez en cuando, sin ningún rubor, sacan la cabeza en libros, suplementos culturales y revistas literarias.

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§ 14. Para ilustrar este recurso al seudónimo masculino empleado por escritoras y el seudónimo femenino utilizado por escritores vimos ejemplos, en la primera entrega, de escritoras europeas desde el siglo XVII hasta el XIX. Para lo específico, vimos el caso emblemático de las escritoras dominicanas y su recurso a seudónimos femeninos, contrario al caso de las escritoras europeas y estadounidenses que se decantaron por los seudónimos masculinos. Y en el caso concreto de los escritores, tomamos como ejemplo emblemático el de Stéphane Mallarmé y Ulises Francisco Espaillat, de gran reportero de la moda, el francés; y, de estudios de las costumbres, la política, la economía y la historia, el dominicano.

§ 15. Las motivaciones de Mallarmé al usar varios seudónimos femeninos en La Dernière Mode, la revista que fundó en 1874 y que solo vio ocho números, parecen distintas a las aportadas por Ulises Francisco Espaillat. Dice el autor de “Igitur” y “Un golpe de dado no abolirá nunca el azar” en carta a Verlaine, lo siguiente: «En los momentos de incomodidad o para comprar botes arruinados, he debido emprender mis propias tareas y aquí está todo (Dieux antiques, Mots anglais) lo que es innecesario platicar; pero aparte de esto, algunas concesiones a las carencias como a los placeres no han sido frecuentes. Sin embargo, si en un momento, desesperando del libro despótico abandonado por mí mismo, después de algunos artículos entresacados de aquí y de allá, he tenido que redactar yo solo tocadores, joyas, mobiliarios, crónicas de teatro y menús de cenas, para la revista, La Dernière Mode, cuyos ocho o diez números publicados sirven todavía, cuando los desempolvo, para ayudarme a soñar.» (Oeuvres complètes. París: Bibliothèque de la Pléiade, Gallimard, 1970, p. 1625). Recordatorio: los seudónimos femeninos usados por Mallarmé fueron Bijou, Miss Satin, Margarite de Ponty y Marasquin (nombre de un licor francés, sustantivo femenino en este idioma) y se encuentran tanto en las obras completas que cité supra como en el opúsculo que contiene los ocho artículos escritos por el poeta simbolista para la revista La Dernière Mode (París: Casimiro [1918], 1919, 76p).

§ 16. En cambio, las motivaciones de Espaillat al usar dos seudónimos femeninos (María y Julia) son de otra índole, aunque conservan cierto parecido con las de Mallarmé cuando le explica al director de El Orden, periódico de Santiago, su carta del 20 de marzo de 1875, un año antes de ser elegido presidente de la República: «Deseo escribir y soy mujer. [¡]Cuánto encierra esta palabra! (…) Yo misma no he acertado nunca a comprenderme, por mucho estudio que de mí misma haya hecho. Soy un verdadero misterio. [¿]No soy mujer? (…) Soy la misma poesía; la naturaleza me ha dotado de una sensibilidad exquisita, y tengo una verdadera pasión por todo lo que es grande, bello, hermoso, bueno; pero no sé hacer versos (…) En esta forma de lenguaje me propongo, pues, con vuestro permiso, decir algunas verdades, como las de Pero Grullo, y muchas sandeces y trivialidades: os prevengo que estoy sujeta a caer en continuas divagaciones. Para probaros esto mismo, os volveré a hablar de mi persona. No soy ni fea, ni bonita; algunos me encuentran agradable, otros me hallan simpática; quizá esto valga más: a otros no gusto. No soy ni tan ignorante, que deje de percibir todas las tonterías, que vosotros los hombres políticos decís y cometéis a cada instante; ni tan ilustrada que yo misma me crea infalible.» (Escritos. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, [1909, 1962] 1987, pp. 29-30), reproducido del periódico santiaguero El Orden, número 36 de 11 de abril de 1875).

§ 17. En su carta al director de El Eco, valido de su seudónimo femenino, Espaillat se propone escribir sobre temas de alto interés público: sobre costumbres, comercio, agricultura, inmigración, educación y política, pero no la política de chismes (dimes y diretes) y, sobre todo, de música, sobre el merengue, al cual va a condenar, al igual que a la mujer, la que, según Espaillat, debe quedar recluida al hogar para atender al marido y criar a los hijos. Es interesante constatar cómo este tipo de discurso machista, patriarcal, va a perdurar como dominante hasta la llegada de Hostos al país y la publicación de su opúsculo La educación científica de la mujer (Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2007, con un estudio de Ramonina Brea). Otras ediciones de estas conferencias vieron la luz en la revista Sud-América de 20 d junio de 1873, luego en la edición de las obras completas editadas por Juan Bosch en La Habana en 1939, en las obras completas editadas en San Juan de Puerto Rico (Instituto de Estudios Hostorianos; Universidad de Puerto Rico, 1993), conferencias que fueron pronunciadas en Chile en 1873 y en Santo Domingo en 1881, en la inauguración del Instituto de Señoritas por Salomé Ureña, obras, teórica una y práctica de la teoría la otra, que cambiarán para siempre la ideología antifeminista heredada de la Colonia española de Santo Domingo.

§ 18. No vaya a creerse que Espaillat ha sido el único escritor dominicano en usar seudónimos femeninos (María y Julia). Rodríguez Demorizi (obra citada) aporta los seudónimos femeninos de Marión (un andrógino) para el banilejo Marino Miniño Billini (p. 186); Yolanda para el ingeniero Alfredo Scaroina y Montory (p. 255); y, Miosotis, para J. Onésimo Polanco (p. 193), aunque recientemente he visto en la prensa a un hombre llevar el nombre de Miosotis. No debe extrañar que el nombre de una flor sea usado como sustantivo femenino y masculino a la vez. En Cuba existe el precedente de Flor Crombet (1851-1895), uno de los paladines de la independencia de Cuba.

24. Violeta de la Fronda (p. 247)). Autora del famoso poema modernista “Mi vaso verde” (La Cuna de América, 1903), la poetisa Altagracia Saviñón (1886-1942), firmó con este seudónimo algunas de sus colaboraciones en otros medios dominicanos. Sufrió, según Antonio Zaglul, de esquizofrenia paranoide. Tal vez producto de los abusos sexuales a que fue sometida en su círculo familiar. Fue internada en el manicomio Padre Billini.

25-26-27. Doña Beatriz, Dorotea y Dharma No existen mayores datos literarios sobre estos tres alias que, en Seudónimos dominicanos, corresponden, el primero, a Dora Álvarez Saviñón (109, (¿-? -¿–?), el segundo a Elena Osorio (109) (¿–?-¿– ?); y, el tercero, a Belén Castro de Amiama (102, ¿–?-¿–?). Tampoco figuran con obras publicadas en el libro de Rodríguez Demorizi, ya citado.

28. Lupe (179). El historiador consigna, sin mayores datos, que Guadalupe Amiama (¿–?)-¿–?) nació en Azua y publicó versos en Auras del Ozama (¿). A los miembros de la sociedad cultural Athenè les corresponde sacar a la luz su obra poética.

29. Cítara Campestre Cibaeña (p. 88). Con este seudónimo publicó Mélida Delgado de Pantaleón (1885-1967), según Rodríguez Demorizi, «sus interesantes composiciones folklóricas, en verso, casi todas inéditas.» Describe el reconocido historiador lo siguiente acerca de la obra de la autora de las comedias campesina La criolla, publicada en 1916 y reproducida junto a Un proceso célebre (justicia ordinaria) en el Diccionario de criollismos de Rafael Brito (San Francisco de Macorís: ABC, 1930). Si no yerro, doña Mélida no aparece en el Gran diccionario de la literatura dominicana bibliográfico y terminológico, de Franklin Gutiérrez (Santo Domingo: Búho, 2023). La obra poética de Delgado de Pantaleón tampoco figura en la Historia de la literatura dominicana, de Néstor Contín Aybar, ya citada. Esta se encuentra reunida en el libro La cítara cibaeña. La criolla, poesía, ensayos, cuentos cibaeños (Santo Domingo: Amigo del Hogar, 1989), editada por el obispo Hugo Eduardo Polanco Brito.

30. Clara de Sidney (89). Con ese seudónimo firmó sus escritos en la revista Panfilia, en 1923 Gladis (o Gladys) Ederlinda de los Santos Noboa (¿–? – 19–?). Fue miembro de la Acción Femnista Dominicana. Fue muy activa en la era de Trujillo y en El Caribe firmaba artículos y poemas con su nombre de pila. En 1961, cuando ajusticiaron a Trujillo le brindó escondite temporal a Antonio Imbert Barrera (José Báez Guerrero. Antonio Imbert Barrera. Su vida y su obra.Santo Domingdo: Luz de Luna, 2024, p. 146).

31. Ruth. Modesta Espinal (226). Con este falso nombre firmó su trabajo Modesta Espinal (¿–19–?) en la revista Rachas, de Santiago, en 1939. Rodríguez Demorizi no aporta ningún otro dato sobre este personaje.

22. María Rosa Montes (186). Sara Paulino de Morera. Con este seudónimo calzaba sus poemas y artículos en la revista Rachas, de Santiago, en 1939, de donde era nativa. Luego se trasladó a Santo Domingo, donde desplegó una gran actividad durante la era de Trujillo. Publicaba en la página editorial y en el suplemento cultural del diario El Caribe.

33. Magnolia (182). Consuelo M. de Frías (¿18—19–?). Rodríguez Demorizi no aporta ningún dado sobre esta feminista de primera línea, asidua escritora en la revista fundada y dirigida por Petronila Ángélica Gómez, Fémina, en la que firmaba sus artículos sobre los derechos de la mujer.

44. Miriam (193). Dulce María Hoepelman (¿–? -¿19–?). Con este falso nombre apareció un escrito suyo en la revista Bahoruco, de 1935. No hay consignación de otros escritos.

35. Selene (p. 228). Victoria Jimenéz[s] Rivera (¿–? – ¿19–?), nativa de Monte Cristi. Según Seudónimos dominicanos, así calzaba sus colaboraciones en la prensa contemporánea, la hermana del también poeta Chery Jimenes Rivera, autor de “La haitianita divariosa”. El prolífico historiador no aporta más datos sobre este personaje.

36. Tavita (237). Octavia Peña (¿–? – ¿19–?). En Seudónimos dominicanos se afirma únicamente que Tavita fue escritora. No sé dice nada de sus obras y colaboraciones en los medios.

§ 19. CONCLUSIONES. A los investigadores del presente y del futuro que completen todos los datos faltantes acerca de estos personajes literarios. A sus familiares que aún viven, que les aporten datos sobre la biografía y las obras de estas escritoras, tarea que compete a los literatos e intelectuales del interior y de la Capital. (FIN).

Sobre el autor

DIÓGENES CÉSPEDES

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