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Discurso de Milton Ray Guevara a nombre de los premiados

Doctor Milton Ray Guevara, pasado presidente del Tribunal Constitucional.

Doctor Milton Ray Guevara, pasado presidente del Tribunal Constitucional.

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Muy buenas noches:

El agradecimiento es una oración del corazón. En nombre de mis compañeros galardonados: doctor Jorge Gerardo Marte Báez, premio en Ciencias Naturales y de la Salud, categoría “Neumología”, señor Edmundo Poy, premio en Arte, Categoría “Danza Contemporánea”, señor José Jairon Severino Duarte, premio en Comunicación, categoría “Periodismo Económico”, padre Jorge William Hernández, presidente del Consejo del Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID), premio Familia Corripio Alonso, y en el mío propio, premio Ciencias Sociales y Jurídicas, categoría “Derecho Constitucional”, damos las gracias efusivas y sinceras a los integrantes de la Fundación Corripio, a la familia Corripio y en particular, a mi respetado y querido amigo Don José Luis Corripio (Don Pepín), por auspiciar esta distinción.

Los premios Fundación Corripio, creados hace dieciocho años, constituyen un aporte invaluable a la cultura y a la sociedad dominicana a través del reconocimiento a personas e instituciones en diferentes disciplinas, y en cinco categorías. Estos premios poseen un extraordinario valor espiritual al tener su génesis en la familia Corripio, portaestandarte de perseverancia, sentido de compromiso y laboriosidad. Es una familia trabajadora y generosa. Confucio proclamaba “Dios ha puesto el trabajo como centinela de la virtud”. Por su parte, Mark Twain estimaba, “a los generosos los hace felices ver a otros felices”.

Cada uno de nosotros, y nuestras familias, sentimos inmensa felicidad, al igual que don Pepín y la familia Corripio, y estoy seguro, en particular mi querida alumna Lucía, de la histórica primera promoción en Derecho, del campus de Santo Domingo.

Juan Pablo II, en su exhortación apostólica Familiaris Consortio, sobre el papel de la familia cristiana en el mundo nos dice: “En el designio de Dios creador y Redentor la familia descubre no solo “su identidad”, lo que “es”, sino también su “misión”, lo que puede y debe “hacer”. El cometido, que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la historia, brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y existencial. Toda familia descubre y encuentra en sí misma la llamada imborrable que define a la vez su dignidad y su responsabilidad: familia, “sé” lo que “eres”. Los premios de la fundación se alimentan de esa conceptualización de la familia.

Queremos reconocer la calidad y competencia de los señores miembros del jurado que nos han escogido:

Premio en Ciencias Naturales y de la Salud: doctores Ricardo Iván González Vidal e Igor Amid Bassa Kury, junto al licenciado Juan Daniel Balcácer.

Premio en Arte, señores Carlos Miguel Veitía Ramírez y Josefina Miniño, junto al señor José Alcántara Almánzar.

Premio en Comunicación, señoras Inés María Aizpun Viñes y Minerva Emilia Pereyra Pérez, junto al señor José Alcántara Almánzar.

Premio en Ciencias Sociales y Jurídicas, licenciados José Chez Checo y Héctor Luis Martínez, junto al licenciado Juan Daniel Balcácer.

Los éxitos que se nos reconocen esta noche son el producto, a mi juicio, de denodados esfuerzos individuales e importantes aportes colectivos. Personalmente, he expresado que soy un prisionero del optimismo, del optimismo de la voluntad y del empuje vital que proviene de la solidaridad del otro. Los galardonados somos lo que somos, en gran medida, por los aportes de nuestros seres queridos: madres, padres, esposas, hermanos, y demás familiares; de nuestros maestros, nuestros compañeros de aulas, discípulos, pacientes, colaboradores, servidores públicos o privados, de nuestros amigos, compañeros de labores, de quienes nos han inspirado, apoyado y de los ideales de progreso, superación y prosperidad, y de seres queridos que habitan en la morada del Padre y que en vida fueron soporte, ejemplos, inspiración, protectores y guías.

Como galardonados nos sentimos orgullosos de haber nacido en esta tierra: en Santo Domingo, en Cotuí y, en mi caso, en Samaná. No puedo evitar citar a Emeterio Betances, propulsor de la libertad e independencia puertorriqueña, quien señaló, refiriéndose a Samaná: “... este es el lugar más lindo del mundo y de buena gana me quedaría aquí. Aquí me siento dominicano puro, sin flaquezas y sin corrupciones de codicia, y capaz de defender la patria heroicamente contra todas las fuerzas que contra ella se coaligaran. Me siento ennoblecido en Samaná…”

El reconocimiento a todos los galardonados por los premios Corripio, a través de los años, a los que nos sumamos hoy, debe inspirar particularmente a nuestra juventud. Ella es la esperanza de la patria. Desde el inicio de nuestra gesta pro-liberación del yugo opresor de 22 años de Haití, fueron jóvenes encabezados por el patricio Juan Pablo Duarte, quienes, con sueños de independencia, de soberanía y de libertad, en la sociedad patriótica y secreta La Trinitaria bajo juramento, se comprometieron “a ofrendar persona, vida y bienes por la libertad de la patria o morir en la demanda”. Es compromiso de todos preservar lo bueno logrado y mejorar constantemente lo alcanzado. Cultivemos la virtud y florecerán la esperanza y el amor porque, como señaló Rousseau, “no es nada fácil abandonar la virtud: ella atormenta durante mucho tiempo a los que la abandonan”.

Debe resonar para la eternidad lo que escribió Duarte a Félix María Del Monte en marzo de 1865, cito: “…si bien dice Young que cual las flores se cierran a la caída de la tarde, así el corazón del hombre en la tarde de la vida, el mío aun ha permanecido abierto al amor de mi Patria y a los encantos de la amistad, y hallándome aun dispuesto y como en los primeros días de mi adolescencia, a sacrificarlo todo en sus aras ¿Qué quieres? Yo habré nacido para no amar sino a esa Patria tan digna de mejor suerte y a sus amigos que son los míos, cuando después de tan amargas pruebas, ni siquiera he pensado quebrantar mi juramento”. La Fe de Duarte debe ser la de todos los dominicanos.

Hoy, como ayer, le toca a nuestra juventud elevar la dominicanidad sobre la base del estudio, del trabajo y del esfuerzo solidario. Somos una nación de amplias libertades, de crecimiento económico sostenido, de sólida estabilidad institucional, con floreciente auge de los espacios de convivencia, en permanente e indiscutible goce de desarrollo económico y social.

Apreciemos la paz social, motor de desarrollo e impulsemos el diálogo y la concertación, respetando los acuerdos, por las magníficas experiencias que nos han brindado para la solución de potenciales conflictos, que de otra manera hubiesen causado heridas a nuestro tejido social. Esto nos permitirá continuar marchando hacia una sociedad dominicana más justa y humana.

El porvenir, decía Víctor Hugo, es un edificio misterioso que edificamos en la oscuridad, que más tarde deberá servirnos de morada. A todos los dominicanos, pero principalmente a la juventud y a la mujer dominicana en especial, les corresponde colocar en su corazón la bandera y el escudo nacional, y dar sustento a la inmortalidad de la República. Les toca defender el imperio de la Constitución, nuestra biblia institucional, norma suprema y fundamento del ordenamiento jurídico.

No en vano nuestro patricio Duarte nos dotó de un proyecto de ley fundamental, redactado de puño y letra como contribución esencial para el establecimiento de un Estado con separación de poderes y garantías de los derechos fundamentales, enraizado en el liberalismo constitucional proclamado en el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, que reza: “Toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no esté asegurada ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución”.

No me cansaré de repetir: “Dios es el soporte de la patria y de la libertad, y si Dios es eterno, la República Dominicana lo será por siempre, seguirá situada ‘en el mismo trayecto del Sol’ esperando que ‘llueva café en el campo’ y contemplando la rosa… la que asomada pública y desnuda, al borde de la brisa vocifera como el mejor pregón de su perfume”.

En nombre de todos mis compañeros, muchas gracias.

¡Viva la República Dominicana!

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