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Johannes Eckhart es considerado uno de los padres del misticismo especulativo alemán. Su mística no es solo devocional, sino que implica una profunda reflexión filosófica y teológica sobre la naturaleza de Dios, el alma y la unión entre ambos. El pensamiento del maestro Eckhart es una síntesis audaz de la teología escolástica (particularmente influenciado por Santo Tomás de Aquino, aunque desarrollando ideas propias), el neoplatonismo y una profunda experiencia mística. Su objetivo principal es guiar al alma hacia la unión con Dios, trascendiendo las limitaciones del intelecto y las distinciones creadas. Veamos sus principales ideas y los conceptos clave de las mismas…

Eckhart insiste en la existencia de un «fundamento» o «chispa» divina en lo más profundo del alma humana. Esta chispa es increada, inmóvil y esencialmente idéntica a Dios. No es algo que el alma posea, sino que es la propia presencia de Dios en el ser humano. Es en este punto donde el alma puede experimentar la unión más íntima con la Divinidad. Para este gran pensador la meta de la vida espiritual no es simplemente adorar a un Dios externo, sino permitir que Dios nazca en el alma. Este «nacimiento» es una metáfora para la actualización de la presencia divina en el fundamento del alma, donde la Trinidad se revela y el alma se transforma, convirtiéndose en co-creadora con Dios.

Quizás uno de los más profundas creencias es sobre el desasimiento (Gelassenheit). Este es, quizás, el concepto más central y radical de Eckhart. El desasimiento es un vaciamiento total del «yo» y de todas las acciones, deseos, posesiones y apegos, incluso los espirituales. No se trata de una mera renuncia externa, sino de una profunda indiferencia interna hacia todo lo creado, incluso hacia la idea misma de Dios como un objeto separado. Un desapego total. Según el maestro es a través de este desasimiento radical que el alma puede liberarse de todas las limitaciones y abrirse completamente a la inmanencia divina.

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Eckhart distingue entre «Dios» (Gott), entendido como la Trinidad con sus atributos y operaciones hacia la creación, y la «Divinidad» (Gottheit), que es el origen trascendente e inefable, el «silencio» y la «nada» más allá de toda distinción y nombre. El desasimiento busca la unión con esta Divinidad sin nombre, el «Uno» puro y absoluto, más allá de todas las formas y conceptos.
Enfatiza que la verdadera espiritualidad no se limita a prácticas externas o ascéticas. La acción más valiosa es la que surge del desasimiento y la unión con Dios en el interior del alma. Irónicamente, esta profunda vida interior no lleva al aislamiento, sino a una acción exterior más auténtica y desinteresada, ya que el alma desasida obra por amor puro y no por mérito o recompensa. Eckhart utiliza con frecuencia el lenguaje de la «nada» para describir la esencia de la Divinidad y el estado del alma desasida. Esta «nada» no es una carencia, sino una plenitud trascendente que supera toda concepción y toda forma. Al vaciarse de sí misma, el alma se llena de la Divinidad.

Su pensamiento está fuertemente teñido de elementos neoplatónicos, especialmente en la idea de un «Uno» trascendente e inefable del que emana toda la creación, y el camino de retorno del alma a su origen. Aunque se enmarca en la escolástica, su pensamiento es profundamente original y, en ocasiones, rompe con las convenciones de su tiempo, lo que le valió el proceso inquisitorial. Su audacia verbal y conceptual abrió nuevas vías para la expresión de la experiencia mística. A pesar de la condena, sus ideas se difundieron a través de sus discípulos (como Juan Taulero y Enrique Suso) y tuvieron una influencia significativa en la mística renana, el pietismo, y posteriormente en pensadores como Nicolás de Cusa, los idealistas alemanes (Fichte, Schelling, Hegel) y hasta en Martin Heidegger, quienes vieron en él un precursor de la superación de la metafísica tradicional.

El sacerdote dominico redefine la relación entre Dios y el ser humano, no como una mera relación de creador y criatura, sino como una profunda co-inherencia en el fundamento del alma, alcanzable a través de un radical desasimiento. Su visión del «Dios sin Dios» (la Divinidad como más allá de las categorías teológicas) es particularmente única y revolucionaria. Los seres humanos tenemos la tendencia de darle cualidades humanas a Dios, a imaginarlo de tal o cual manera, pero cuando nos vaciamos de todas esas ideas cuando solo “somos” sin preconcepciones… Nos abrimos a la experiencia unitiva.

El místico alemán conocido como el maestro Eckhart (nacido 1260), declara: El hombre debe aprender a atravesar las cosas y encontrar a su Dios en el interior de ellas para hacer crecer, con vigor y de un modo esencial, la imagen de El en su interior. El uso de la palabra “atravesar” en el sentido de una acción poderosa, aparece ya en sus primeros escritos. El atravesar para Eckhart es el retorno del alma más allá de Dios, hacia el fondo de Dios. Por otro lado, entendía el “desasimiento” como el ser uno con Dios, buscaba dentro de aquel -desasimiento- la libertad. Un ser vacío y libre, es una máxima que repite en casi cada uno de sus sermones: […] es el ser- desasido- de Dios, la vida sin Dios, pues en ese estar sin Dios, Dios mismo se hace presente como es en sí mismo, una nada. Y dice…solamente mediante el ser uno con Dios, totalmente desasido y libre, como Dios es desasido y libre en sí mismo. Dios y yo, nosotros somos uno solo…

Para el maestro solo librándonos de las ataduras a conceptos preconcebidos y antropomórficos que tenemos de Dios podremos ser libres de unirnos a Él. En Eckhart se presenta un deseo de libertad que se expresa incluso en la libertad de su lenguaje. Este místico de gran capacidad especulativa, de un extraordinario vigor expresivo, de una prosa rica en metáforas, en antítesis, paradojas y neologismos es considerado el fundador de la prosa filosófica alemana. Entrar al mundo de este autor es una aventura maravillosa. Aceptar o no la experiencia mística como una realidad; desconocer la validez semántica o pragmática de aquello que pretende comunicar o el vaciamiento de su experiencia mística a través de la palabra, podría constituirse en la negación de disfrutar y conocer su obra y de modo más particular su experiencia mística. Yo los invito a que libre de prejuicios disfruten sus obras como el niño que disfruta de algo por primera vez, con esa inocencia, con esa apertura, sin prejuicios, sin preconcepciones. ¡Les aseguro que se expondrán a una experiencia inolvidable y transformadora!

Sobre el autor

OFELIA BERRIDO

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