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El ensayo “Padre Nuestro” de José Báez Guerrero

Areito, El ensayo “Padre Nuestro” de José Báez Guerrero

Areito, El ensayo “Padre Nuestro” de José Báez Guerrero

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El pasado día 2 de julio de 2025 fue presentado en la Universidad Católica Santo Domingo el más reciente libro de José Báez Guerrero, un estudio sobre la oración del Padre Nuestro.

Al acto asistió un nutrido público que casi colmó el auditorio Cardenal Beras Rojas, donde el profesor Sergio Abreu, catedrático de esa universidad, elogió el ensayo calificándolo como “una obra maestra” que “merece ser leída por todos los interesados en el tema, sean creyentes o no”.

Tras el análisis del texto por el profesor Abreu, la presidenta del Grupo SID, señora Ligia Bonetti DuBreil, que patrocinó la publicación, pronunció un discurso, que fue seguido por otro del autor Báez Guerrero.

“…no es sólo un libro sobre la fe…”

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Las palabras de la señora Ligia Bonetti DuBreil fueron las siguientes:

Buenas tardes a todos. Quiero iniciar saludando con especial afecto a José Báez Guerrero, a su esposa Patricia, sus hijos, nietos y demás familiares. También saludo a los invitados especiales presentes, a todos los asistentes y a los amigos de la prensa. Es un privilegio, pero sobre todo una profunda alegría, participar en la presentación de esta obra de una persona muy querida; un amigo sincero, un colega admirado y un profesional brillante en tantas dimensiones: abogado, periodista, escritor, pero, ante todo, un ser humano profundamente consciente de su humanidad.

Quienes conocemos a José sabemos que es dueño de una inteligencia aguda, de una ironía siempre elegante y de una sinceridad que desarma. Esa combinación, rara y valiosa, le ha permitido observar el mundo —y a sí mismo— con una honestidad intelectual que no se doblega ante lo políticamente correcto ni ante las certezas fáciles. Reconociendo que muchas de sus posiciones pueden ser controversiales —y otras, francamente, fruto de su gusto por agitar el avispero—, lo cierto es que detrás de cada provocación hay casi siempre (y subrayo casi) una búsqueda genuina de la verdad, del equilibrio y de la justicia. No escribe por escribir; escribe porque tiene algo que decir, aunque a veces lo diga como quien tira la piedra y guarda la pluma.

Su estilo, siempre inteligente y cargado de ironía, está salpicado de mensajes cifrados, de esos que recuerdan a los escritores de otros tiempos, cuando para decir “la verdad” había que emplear metáforas, refranes o guiños nostálgicos. José no solo escribe: deja pistas. Y leerlo es siempre un ejercicio de interpretación… o de resistencia.

Padre Nuestro no es solo un libro sobre la fe. Es, ante todo, un testimonio íntimo y valiente de un hombre que ha decidido enfrentarse a sus propias dudas, sin esconder sus contradicciones ni sus fragilidades. José no nos predica; nos comparte. No nos impone dogmas; nos abre el alma. No busca convencer, sino entender y, quizás, dejar testimonio de una búsqueda que lo ha acompañado toda su vida.

Este libro —tan reflexivo como literario, tan bien documentado como humanamente conmovedor— es el resultado de una madurez que no renuncia a seguir aprendiendo. Y lo más admirable es que lo hace desde la vulnerabilidad del que ha vivido, ha fallado, ha reflexionado y ha elegido no rendirse jamás en el empeño de vivir con propósito.

Y claro, si alguien ha sido una brújula en esa travesía, es Patricia. A lo largo de estas páginas, su presencia aparece no solo como esposa, sino como cómplice de vida, sostén silencioso y, a veces, según él mismo reconoce con humor, la voz de la cordura cuando él se descarrila. Patricia ha sido —y sigue siendo— esa luz serena que le recuerda que los caminos, por difíciles que sean, se hacen más llevaderos cuando se caminan acompañados.

José, querido amigo: en estas páginas te reconozco. En tus preguntas, en tu tono, en tu capacidad de discutir sin herir y de afirmar sin imponer. En tu deseo genuino de llegar al final del camino con la certeza de que tu vida no fue en vano. Gracias por regalarnos tu voz. Gracias por hacernos parte de este ejercicio de fe, que también es un acto de amor, de memoria, y de esperanza. [Fin de las palabras de Ligia Bonetti].

“…la oración que transforma…”

El semanario Camino, publicación de la Conferencia de Episcopado Dominicano, destacó que “el ensayo Padre Nuestro es una mirada profunda a la oración que transforma al alma”. Resaltó además que el profesor Abreu “expuso cómo Báez Guerrero logra una admirable síntesis entre la exégesis bíblica y la vivencia personal de la fe”.

El acto comenzó con las palabras de bienvenida por la doctora Ynmaculada Torres, vicerrectora académica de la UCSD, quien recordó que Báez Guerrero fue miembro fundador de esa universidad, miembro de su consejo académico y director y profesor de su Escuela de Periodismo.

Entre los asistentes estuvieron el gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, la ex vicepresidente Margarita Cedeño, el director de Aduanas Yayo Sanz Lovatón, el presidente del Escogido Baseball Club, José Miguel Bonetti, el exministro administrativo José Ramón Peralta, el director de Diario Libre, Aníbal de Castro, el vicepresidente ejecutivo de Finjus, Servio Tulio Castaños, el historiador José Miguel Soto Jiménez, el presidente del Instituto de Generales y Almirantes en Retiro, Rafael Betances Nivar.

También asistieron Mario Lama, presidente de Plaza Lama, Roberto Bonetti P., Fernando Armenteros y Luis José Venta, del Grupo SID, el doctor Juan Francisco Puello Herrera, el hermano del autor, Fernado Báez Guerrero, el diácono de Santiago, Pedro Tapia Báez y la tía del autor Minerva Báez viuda Tapia, Eduardo Valcárcel, socio gerente de Newlink, el director de la Biblioteca Nacional, Rafael Peralta Romero, el dirigente olímpico Luisín Mejía, el filósofo Jacques Ponty, Campos de Moya, Edmon Elías Hermida y muchos otros invitados que luego fueron obsequiados con el libro.

El obispo de La Altagracia, monseñor Jesús Castro Marte, envió una carta saludando la publicación y expresó: “me siento enaltecido de compartir sus ideas plasmadas en esta relevante obra y le extiendo mis efusivas felicitaciones”.

“…me conviene creer en Dios…”

La presentación concluyó con unas palabras del autor y luego hubo un brindis con la firma de libros obsequiados a los asistentes. La obra, de 118 páginas, está de venta en Librería Cuesta. Báez Guerrero dijo:

Damas y caballeros, muchas gracias a Dios y a todos ustedes por acompañarme hoy en este acto que para mí es muy significativo. Empezar dando gracias es como rascar, que basta comenzar…

Hace pocos días Patricia y yo cumplimos 40 años casados, lo cual quiere decir que llevamos más tiempo cada uno con el otro que con nuestros padres, hijos, amigos o cualquier otra persona. En el caso de Patricia, aguantarme y quererme por cuatro décadas es un milagro y un acto heroico. Por tanto, dedicarle este libro es, más que un homenaje, un reconocimiento de su incesante labor evangelizadora. Gracias Pa.

Quiero también agradecer a Ligia Bonetti su apoyo y el valioso patrocinio exclusivo del Grupo SID para esta publicación. Su oportuno y generoso mecenazgo merece mi reconocimiento, así como el liderazgo de las empresas del grupo en cada una de sus actividades y negocios. A mis muchos amigos del Grupo SID les doy mi gracias.

Doy gracias también al rector de esta universidad, padre José Luis de la Cruz, por prestarnos esta sede donde se busca iluminar con la fe católica a la cultura y todas las ciencias, según soñaron los cardenales Beras y López Rodríguez al convocar a religiosos y laicos comprometidos con la Iglesia para que fundáramos esta universidad que pronto cumplirá medio siglo.

Mi amigo el profesor Sergio Abreu, salesiano de corazón y espíritu, me ha hecho el honor de presentar mi ensayo sobre el Padre Nuestro. Esta universidad se prestigia al tenerlo como catedrático y yo me alegro de ser su amigo desde hace más años que la edad de esta UCSD.

Este nuevo libro es una confesión de mi incesante ruego a Dios para que aumente mi fe. Vivo lleno de dudas. Quizás dudar es el castigo de la curiosidad, pero también la piedra angular de la ciencia. Por mi edad, aparte de sentirme bendecido por mis hijos y nietos, estoy cada día más curioso sobre qué me espera cuando me despoje de esta frágil y gozada envoltura del alma. Soy un pecador terrible y reincidente, débil y defectuoso, avergonzado de muchas metidas de pata, “de pensamiento, palabra, obra y omisión”. Quizás por eso me conviene creer en Dios y que Dios crea en mí.

Llegué hace más de 5,000 días a una asombrosa comunidad de personas que compartimos un ferviente deseo de vivir sobriamente. Aparte de enseñarme que sí se puede, el amor y la hermandad que encontré me llevaron gradualmente a recuperar mi fe, que es aún intermitente (excepto si voy en avión), pero por cuyo fortalecimiento oro y rezo a diario. Por esto espero que este ensayo pueda ser particularmente útil para creyentes con dudas o integrantes de grupos de doce pasos.

Hay quienes dicen que la fe es un don que Dios regala a quienes poseen poco entendimiento de la ciencia; que las religiones quizás fueron organizadas en torno a la ignorancia o la necesidad de respuestas ante interrogantes ingentes o chiquitas. Sin embargo, mientras mayores prodigios del conocimiento alcanza la humanidad, más aumenta la propia consciencia de nuestra insignificancia en la incomprensible vastedad de la Creación. Mucha ciencia a veces va pareja con mucha humildad; poca modestia frecuentemente acompaña a grandes ignorantes que no saben cuánto desconocen.

Quizás para resolver mis dudas he escrito este análisis muy personal de la oración perfecta, el Padre Nuestro, en el contexto de la evolución de la Iglesia y mis propias experiencias espirituales.

Aunque pocas cosas son más riesgosas que un periodista con un micrófono ante una audiencia cautiva, después de tantos oradores, como autor y anfitrión no debo abusar de ustedes. Así que reitero mis agradecimientos, incluida nuestra conductora de lujo, mi amiga Laura Castellanos, y le pido a Dios que nos bendiga mucho a todos. Muchas gracias.

Sobre el autor

JUSTINO PARGOSECO

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