El valor de la integridad

26_10_2019 Areito 26-10-19 Areíto3
Conozco desde hace más de cuarenta años a ese mecenas que lleva el nombre de José Luis Corripio Estrada, don Pepín para todos, hijo único de una respetable familia de inmigrantes españoles
Esta noche, con la grata compañía de todos ustedes, la Fundación Corripio Incorporada entrega la decimotercera versión de los Premios Fundación Corripio, dedicados este año a la Gastroenterología, la Institución Educativa, el Reportaje en prensa escrita, la Dirección teatral, y dos galardones, fuera de las bases, conferidos por la familia Corripio Alonso a sendas organizaciones de servicio social.
Antes de comentar la calidad de los galardonados y la trascendencia de los premios otorgados hoy, permítanme referirme al valedor de este mecenazgo, uno de los pocos que perduran en nuestro país, devastado en los últimos tiempos por una politiquería rampante y vergonzosa y una delincuencia de la peor estofa en todos los niveles, cuyos desmanes quedan casi siempre impunes y mantienen en vilo a la población seria y trabajadora del país.
Conozco desde hace más de cuarenta años a ese mecenas que lleva el nombre de José Luis Corripio Estrada, don Pepín para todos, hijo único de una respetable familia de inmigrantes españoles, formada por don Manuel Corripio García y doña Sara Estrada de Corripio. Conocí y traté a don Manuel personalmente en sus años otoñales y les confieso que me impresionó desde el primer momento por su entrega al trabajo en una edad provecta en la que muchos ya se han retirado y por su auténtica humildad, una virtud muy escasa que bastante gente proclama tener, pero en realidad pocos poseen.
Don Pepín, que es una especie de Rey Midas del empresariado nacional, ha construido su emporio a lo largo de más de medio siglo, a base de una infatigable labor desde que era un niño ocupado en tareas menudas en el negocio familiar, guiado por su padre don Manuel, hasta llegar a escalar una posición envidiable en el empresariado dominicano, a fuerza de inteligencia juiciosamente empleada, olfato certero para la oportunidad y consagración a toda prueba.
Junto a su distinguida esposa, doña Ana María Alonso de Corripio, es orgulloso progenitor de cuatro hijos, educados y laboriosos, a los que ha sabido transmitir su legado de compromiso y dedicación constante. Esos hijos, Manuel y José Alfredo, de quienes me enorgullece decir que fueron mis alumnos cuando empezaban sus estudios universitarios, Lucía y Ana, al margen de las comodidades que garantiza la fortuna económica, han tenido que «fajarse» para conquistar las posiciones que hoy ocupan en el seno de la sociedad. Pero lo más llamativo es que llevan unas vidas discretas, sin estridencias ni ostentaciones de ningún tipo, en un país que, como todos sabemos, gran parte de la élite económica y social vegeta entre oropeles y trivialidades.
Quiero decir, como colofón, algo que muchos saben: que don Pepín es un hombre que madruga y cumple con sus múltiples responsabilidades, incluso las que parecen más nimias, sin serlo, como devolver todas las llamadas telefónicas que se le hacen, o prestar atención a un desconocido que quiere ser escuchado. Ese es uno de los componentes de su carisma natural y su don de gentes y a quien yo me atrevería a definir con una sola palabra: INTEGRIDAD. Él tiene una entereza a prueba de balas, a la que se suman su sabiduría, sensibilidad, rectitud de carácter y capacidad de adaptación a los cambios.
Para ceñirme ahora a los galardonados de esta noche, diré que son personas e instituciones de extraordinario valor. Son ellos el doctor Fernando Contreras, eminente gastroenterólogo que ha hecho inestimables contribuciones a la investigación científica y al desarrollo de su especialidad; el Colegio Dominicano de la Salle, una institución educativa privada que ha formado en los mejores ideales a varias generaciones de dominicanos y que ya ha cumplido 80 años de haberse consagrado a la educación en el país; doña Germana Quintana, una institución dentro del teatro dominicano, directora de muchos méritos y maestra de una legión de actores y actrices; el periodista Fausto Rosario Adames, autor de innumerables reportajes en revistas y periódicos sobre temas candentes, en los que él ha sabido hurgar en busca de verdades tan aplastantes como dolorosas, además de ser pionero en el periodismo digital; y los premios de la familia Corripio conferidos a la Vicaría de Pastoral Social Arquidiócesis de Santo Domingo y a los Hogares Residencia Ángeles Custodios, dos entidades de encomiable labor, volcadas en el servicio social y humanitario.
En nombre de la Fundación Corripio, de su presidente, miembros y asesores, deseo agradecer las ponderadas decisiones de los respectivos jurados: doctores Kenia Torres, Isidro Alberto Santana Núñez y Jorge Tena Reyes en Ciencias Naturales y de la Salud; la licenciada Migdalia Martínez de Isidor y los doctores Mabel Artidiello Moreno y Jorge Tena Reyes en Ciencias Sociales y Jurídicas; los licenciados Emilia Pereyra y Juan Bolívar Díaz, que me acompañaron en el Premio de Comunicación; y doña Lillyanna Díaz y doña Marianne de Tolentino, que lo hicieron en el Premio de Arte. Asimismo, a la familia Corripio Alonso, por la elección de dos instituciones irreprochables de gran proyección social y espiritual.
Congratulemos pues con un fuerte aplauso a los galardonados con los Premios Fundación Corripio 2019.