Areíto

Historia

Falacias de Manuel Otilio Pérez sobre Bobadilla como redactor de Manifestación de 16 de enero 1844

Duvergé y Sánchez, no participó en la batalla de Las Carreras y que esta no fue tal batalla, sino tres escaramuzas que los historiadores santanistas juntaron en un solo discurso para atribuirle el mérito de la victoria a su patrocinado y ocultar, así, el nombre de los verdaderos vencedores de esas tres escaramuzas.

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§ 20. 1. CARTAS DE SANTANA A FAVOR DEL PROTECTORADO FRANCÉS; 2. BATALLA DEL 19 DE MARZO; 3. ESCARAMUZAS DE LAS CARRERAS Y EL PARTE DE GUERRA DE SANTANA; Y, 4. LOS JUICIOS DE EMILIANO TEJERA Y BALAGUER SOBRE SANTANA. Acerca del punto 

1, son varias las cartas de Santana a Bobadilla y al cónsul francés Saint Denys donde solicita armas, tropas, dinero y lo que sea para contener a los ejércitos haitianos a cambio del protectorado de Francia, el cual dice garantizar por todos los medios. Incitado sin duda por las primeras cartas personales de Bobadilla al cónsul francés Saint Denys solicitando el protectorado de Francia a cambio de la península de Samaná y por las que Sánchez y Bobadilla firmaron en nombre de la Junta Central Gubernativa (marcadas con los números 12, 13, 14, 15, 16, 19, 37 50 en el libro Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo. Santo Domingo: Colección Sesquicentenario de la Independencia Nacional, t. 1, vol. XI, 1996), Santana se toma la libertad, siendo militar y no político, de solicitar a dicho cónsul, a través de Abrahán Colén, (carta 23 del 18 de marzo de 1844, p. 81, passim) «de poner a mi disposición las tropas francesas que necesitamos para detener al enemigo/ por esta razón le hago este aviso.» La carta al cónsul galo (número 43, pp. 136-137, Baní 20 de mayo de 1844), firmada por Santana y su hermano Ramón, es todavía más explícita en cuanto al protectorado: «… y como nosotros sabemos que la Junta Central Gubernativa por medio de V [sted] ha hecho proposiciones a su gobierno me hago un/ deber en suplicarle acelere este negocio en cuanto esté de su parte, pudiendo asegurarle por la mía como Gefe del Ejército, y de acuerdo con mi hermano, que dichas proposiciones serán efectivas y cumplidas religiosamente por el bien recíproco, y general, que debe resultar; cuya certeza puede V[sted] interponer con una mayor garantía de la que ha brindado a V[sted mi gobierno.» No insisto más en este punto, pero quien quiera leer las otras cartas de Santana al cónsul francés que lea las números 59 y 60. A partir de la carta 66, redactada por Bobadilla y firmada por Santana como presidente de la república (25 de abril de 1845, pp. 247-249) se cierra la puerta a toda negociación del protectorado francés, pero por la única razón de que Francia ha exigido a nuestro país, para reconocer su independencia, contribuir al pago de la deuda de 60 millones de francos que el país europeo le impuso a Haití para reconocerle la suya.

§ 21. Con respecto al punto 2, no hubo parte militar de la batalla del 19 de Marzo Azua, a menos que esté oculto en algún despacho. Hay que atenerse entonces a lo dicho por el consejero de las sombras de Santana, el cónsul Saint Denys; o a lo narrado por el coronel Dorvelás Dorvel, quien participó en dicha batalla del 19 de Marzo al lado de las fuerzas haitianas; y, en último lugar, a las crónicas posteriores debidas a los dominicanos. Dice Saint Denys en carta 25, p. 85 a su jefe Guizot: «El 19 cerca de las 5 y media de la mañana, los haitianos atacaron vigorosamente a Azua por la ruta de Puerto Príncipe.» Luego describe las acometidas de dominicanos y haitianos y finaliza así: «Los haitianos se retiraron dejando/ sobre el campo de batalla una gran cantidad de muertos, entre los que se encontraban dos generales, tres coroneles y un número de oficiales de todos los grados. Santana, o una fuente ligada a él debieron suministrar al cónsul estos y otros datos acerca de la batalla del 19 de Marzo.

§ 22. Con respecto al punto 2 (supra), Saint Denys no menciona quienes fueron los militares vencedores de los haitianos en la batalla del 19 de marzo de 1844 en Azua. Un editorial del periódico Hoy, sin citar la fuente, dice lo siguiente el 19/03/2002: «La municipalidad de Azua, ante la falta de noticias de la Junta Central Gubernativa y vista la proximidad de las tropas invasoras, decide nombrar, por recomendación del capitán Francisco Soñé, al declinar este el cargo, al joven Antonio Duvergé, para encargarlo de la defensa de la ciudad, labor que cumpliera con arrojo, pericia y heroísmo». La versión del coronel haitiano Dorval, quien participó en la batalla, figura en Guerra dominico-haitiana (ya citada, documento n.º 19, p. 378) donde describe con vívidos detalles cómo fueron derrotados Herard y su ejército (pp. 381-282) y (en p. 283) dice lo siguiente de Duvergé: «Lo horroroso de esta situación [el desorden en las filas haitianas, DC] no escapó a la vigilancia de los enemigos; y nuestros puestos tuvieron que rechazar súbitos ataques, prueba de ello la descarga de mosquetes hecha en el río Vía por el intrépido Boisgency Duverger (sic), uno de sus más valerosos oficiales: este númida de nuestros desiertos, aparecía y desaparecía con la celeridad del relámpago para mantener la alarma». Ni Saint Denys ni Dorval nombran a Santana, cuyo “mérito” en esta batalla ganada por otros fue retirar su ejército a Sabana Buey y luego a Baní para salvar a sus soldados y al ejército, según sus panegiristas, pero la verdad fue que esta retirada y la explicación que dio Santana fue que no podía resistir el empuje de los haitianos, con lo cual les metía miedo a los dominicanos y a la Junta Central Gubernativa con el objetivo de que esta negociara rápidamente el protectorado con Francia. Ese era el objetivo estratégico de Santana y Bobadilla y se cumplió eficazmente, no sin oposición, el 18 de marzo de 1861 con la anexión a España.

§ 23. No hay que sorprenderse con la redacción del § 18 de las cartas de Santana a Bobadilla o la dirigida al cónsul francés Saint-Denys a través del rico comerciante Abrahán Cohén, amigo de la familia Duarte y propietario de la goleta que trajo al fundador de la república desde Curazao. Los escribanos de esas cartas son los conchabados con Santana o son de la autoría de los secretarios de ese machetero. Santana era un gran analfabeto funcional y era incapaz de escribir esas cartas. Mucho menos la que envió al cónsul francés por intermedio de Abrahán Cohén (Leerla en p. 81, t. I de la Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, de 17 de marzo de 1844, camino de Azua. La sintaxis y los términos protección y unión pertenecen al ritmo-sintaxis de Bobadilla, hecho constatable en la redacción de la carta y resolución de la Junta de 10 de marzo de 1844 al cónsul francés. He aquí un ejemplo de la escritura de puño y letra de Santana en una esquelita autógrafa dirigida a Bobadilla a propósito del caso “María Trinidad Sánchez” aportado por Ramón Lugo Lovatón (Sánchez, t. 1, pp. 307-308: «Muy hapreciado Don tomás: me ha sorprendido su esquela en cuanto alo que u medice de la asonada para tumbar el ministerio yo creo que esto puede ser falso y [si, DC] esto fuere asi seria hun atentado yo procurare in formarme y esbitar cualquier de sorden hasies que no lo creo repito su dimisión como se me dice. Su hafetisimo servidor y hamigo. Santana.»

§ 24. Voy a situar y desmantelar el fanatismo de los santanistas y partidarios de las dictaduras y a los apologistas de Pedro Santana durante la era de Trujillo, y a los de hoy, con la ayuda de los discursos del cónsul Saint Denys, los de Balaguer y Emiliano Tejera y las cartas del propio Santana, un cobarde al retirarse a Sabana Buey y luego a Baní después de la victoria de las armas dominicanas en contra de las haitianas, que ya habían abandonado nuestro suelo cuando Herard se batió en retirada y también, según esos testimonios, demostrar que el papel de Santana fue escaso en comparación con la de los coroneles Antonio Duvergé, Francisco Soñé, Francisco Domínguez, Feliciano Martínez y los dos Bruno (Aquino y Rosario) y la lanza de Cleto Villavicencio, puntales de la derrota de los haitianos. Por último, mediante el parte de guerra de Santana al ministro de Guerra y Marina Román Franco Bidó (con ayuda de Balaguer), demostrar que el asesino de María Trinidad Sánchez, los Puello, Duvergé y Sánchez, no participó en la batalla de Las Carreras y que esta no fue tal batalla, sino tres escaramuzas que los historiadores santanistas juntaron en un solo discurso para atribuirle el mérito de la victoria a su patrocinado y ocultar, así, el nombre de los verdaderos vencedores de esas tres escaramuzas.

§ 25 Demostrar que un hombre con tales antecedentes no merece estar en el Panteón Nacional y menos al lado de los restos mortales de los creadores de la república a quienes en vida asesinó por el simple hecho de disentir políticamente de sus ideas dirigidas a lograr el protectorado francés a cambio de la cesión a perpetuidad de la bahía de Samaná; y en tal virtud, solicitar al presidente de la república que ordene, mediante el mismo procedimiento usado por Balaguer, llevar los restos de Santana a la iglesia de El Seibo, de donde jamás debieron salir(1). Es notorio y antipatriótico que Balaguer llevó los restos de Santana al Panteón Nacional con el solo propósito político de ganarse los votos de los seibanos y reelegirse mediante el fraude que cometió en las elecciones de 1994 y que, comprobado semejante fraude, con tal que quedarse en el poder, se vio obligado a aceptar que le rebajaran dos años a su período de gobierno que terminó en 1996. De fraudes electorales Balaguer sí sabía, según Juan Esteban Olivero Féliz, quien los ejecutaba junto a otro jerarca reformista. No solo fue oportunismo, sino cinismo político, la última burla de Balaguer al pueblo dominicano y a los héroes que Santana fusiló, liberticida a quien el autócrata de Navarrete colocó junto a los que lucharon por la independencia y la soberanía de la república. Su sombra fantasmal codirigió los destinos del país desde 1996 al 2024 junto a los gobernantes que hemos elegido hasta hoy.

§ 26. Me complace recordar a los desmemoriados que ese mismo Balaguer fue quien destruyó, en su libro El centinela de la frontera. Vida y hazañas de Antonio Duvergé (1ª ed. 1962 y 2ª ed. 1974. México: Fuentes Impresores) el mito de Pedro Santana vencedor de Las Carreras y la personalidad entreguista del binomio Santana-Bobadilla. En Los próceres escritores (1ª ed. 1947 y 2ª ed. Buenos Aires: Gráfica Guadalupe, 1971) Balaguer desmanteló la personalidad oportunista y maquiavélica de Tomás Bobadilla. Si los sujetos dominicanos aceptan hoy que los restos de Santana reposen en el Panteón Nacional junto a los de los patriotas a quienes asesinó (María Trinidad Sánchez, los Puello, Duvergé y Sánchez) y a los fundadores de la Patria (Duarte, Pina, Pérez, etc.), y condenó a muerte (no ejecutada por la intervención de Abrahán Cohén) y les exilió a perpetuidad bajo pena de muerte si pisaban territorio dominicano, entonces por lógico razonamiento, apruebam esos asesinatos, esos exilios, el protectorado francés y la Anexión a España el 18 de marzo de 1861 y las dictaduras de Santana, Báez, Lilís, Trujillo, el Triunvirato y las intervenciones militares de los Estados Unidos en nuestro país y quien no lo admita es un hipócrita.

(1) Nota. Una solicitud al presidente Abinader en el sentido de exhumar los restos de Santana fue formulada por el expresidente del Tribunal Constitucional Milton Ray Guevara en fecha 11 de febrero de 2026 en Listín Diario. En una publicación anterior en Areíto acerca de la batalla de Las Carreras formulé la misma solicitud. Escrito hace 15 días, este artículo de hoy en Areíto, con el análisis de racional de la inexistencia de tal batalla en la que no participó, según el parte militar del propio Santana al ministro de Defensa de la época, Román Franco Bidó, insisto en que el presidente Abinader ordene la exhumación de tales restos y los lleve a la iglesia de El Seibo por los motivos explicados en este escrito. (CONTINUARÁ).

Sobre el autor

DIÓGENES CÉSPEDES