Historia
Falacias de Manuel Otilio Pérez sobre Bobadilla como redactor único Manifestación 16 de enero 1844
La que no aporte ninguna novedad, cítala y sitúala cuando el autor, prevalido del Poder o sus instancias, intente pasar su obra como un conocimiento nuevo.

Portada libro El centinela de la frontera de Balaguer
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§ 26. 1. CARTAS DE SANTANA A FAVOR DELPROTECTORADO FRANCÉS; 2. BATALLA DEL 19 DE MARZO; 3. ESCARAMUZAS DE LAS CARRERAS, EL PARTE DE GUERRA DE SANTANA Y, 4. LOS JUICIOS DE EMILIANO TEJERA Y BALAGUER SOBRE SANTANA.
En la entrega anterior respondí los puntos 1 y 2. Resumo, según Saint Denys, Dorvelás Dorval, los historiadores que trataron el tema en el siglo XIX y los propósitos de Balaguer en su libro El centinela de la frontera. Vida y hazañas de Antonio Duvergé, ya citado. Incluido Emillio Rodríguez Demorizi, todos concuerdan en que fue fatal para la consolidación definitiva de nuestra independencia el abandono de Santana y sus tropas del campo de batalla, el 20 de marzo, y su retiro a Sabana Buey y luego a Baní. Pero sabemos por los testimonios que ese retiro obedeció al proyecto de protectorado francés urdido por Bobadilla y Santana. Al retirarse, Santana argumentó que lo hacía porque era incapaz de contener el empuje arrollador de haitianos y debía proteger la vida de sus soldados y, principalmente, la suya. Con esta afirmación del peligro haitiano metía miedo a los capitaleños y a la Junta Central Gubernativa con el objetivo de que Bobadilla acelerase las negociaciones con el cónsul francés Saint Denys.
§ 26. Hay algunos historiadores que minimizan la participación de Santana en la batalla del 19 de marzo. Incluso Balaguer considera que los héroes de dicha batalla fueron «el fuego de los cañones emplazados estratégicamente por Francisco Soñé y por el Teniente José del Carmen García», «las descargas de la fusilería dirigida con denuedo por Matías de Vargas, Feliciano Martínez, José Leger y Nicolás Mañón» y que «la marcha forzada [de los haitianos] por el camino de El Barro, que fue la que demostró mayor coraje en la embestida, fue obligada por Duvergé y otros bravos a dejar sobre el campo, junto a montones de cadáveres, los trofeos fácilmente obtenidos, algunas días antes, en el Valle de Neiba» (obra citada, p. 38). Pero Balaguer afirma que el verdadero héroe del 19 de marzo fue Duvergé, “el centinela de la frontera”, quien «trazó el plan de la batalla (…) con certero instinto militar» (ibid), lo cual fue resaltado por el testimonio de Dorvelás Dorval, coronel haitiano que combatió en el campo de batalla al lado de sus compatriotas. En esa batalla del 19 de marzo, dice Balaguer (p. 39, obra citada) que fue «la primera vez que el machete se utilizaba como arma de aplastante efectividad contra la infantería haitiana.» Ese machete se utilizó durante todo el tiempo que duró la guerra dominico-haitiana; fue el terror para los hijos de Dessalines como para los españoles de Isabel II en la guerra de la Restauración y en la independencia de Cuba fue llevado allá por Máximo Gómez junto al manual de guerra de guerrillas inventado por Mella.
§ 27. Balaguer remata su juicio acerca de la escuálida participación de Santana en esta batalla: «El triunfo obtenido por las tropas dominicanas en su primera función de armas realmente importante, se debió más que a la pericia del General en Jefe del Ejército Libertador, a la intrepidez de los oficiales que le asistieron en el campo de batalla. Pedro Santana, todavía sin experiencia en el arte de la guerra, tuvo la fortuna de contar, en la victoria del 19 de marzo, con el valor y la energía de varios oficiales que recibieron en esa jornada las consagraciones de la epopeya: Vicente Noble, Manuel Mora, Juan Esteban Ceara y Antonio Duvergé, el más brillante de esa legión de titanes en el ímpetu de la acción, por el valor casi suicida con que presentó siempre el pecho al enemigo, por la ejemplar modestia de su conducta de soldado obediente a sus superiores en el mando, por la fe con que sostuvo la bandera de la libertad en los campos de batalla, por el heroísmo sin mancha que resplandece en toda su historia militar y por la incansable energía con que contuvo en las fronteras, durante los años más inciertos y difíciles, las invasiones haitianas.» (Obra citada, pp. 39-40).
§ 28. Corresponde ahora dilucidar la veracidad o el infundio acerca de la “batalla” de Las Carreras. Para Balaguer, la batalla de Las Carreras es un mito. Es decir, un invento, una ficción. Pero como la leyenda, posee una pizca de verdad histórica y el resto es fabulación y como tal, la conceptúo. Balaguer afirma: «’Las Carreras’ no fue una batalla campal sino una serie de tres escaramuzas cuya importancia, desde el punto de vista militar, fue evidentemente secundario (…) porque el ejército de Soulouque, cuando se posesionó de los cerros que rodean las llanuras inmediatas al río Ocoa, se hallaba semidestruido por los golpes que recibió en El Número, y se batía en plena retirada.» (Obra citada, p. 127). Las tres escaramuzas son la parte histórica de la leyenda.
§ 29. Balaguer cita la fecha de estas escaramuzas: «La primera (…) tuvo lugar el 20 de abril de 1849 con un ataque por sorpresa que realizó el ejército de Geffrard contra el cantón de Las Carreras. Santana se hallaba (en Sabana Buey) y solo conoció los detalles de este primer episodio por los reportes oficiales enviados desde el campo de la acción por el coronel Francisco Domínguez.» (Ibid., Pp. 127-128).
§ 30. Sigue Balaguer su relato: «La segunda escaramuza tuvo efecto el 21 de abril. Hasta la una de la tarde de ese día, el ejército dominicano permaneció a la expectativa, espiando los movimientos del enemigo (…) El combate duró alrededor de una hora y culminó con un asalto al arma blanca en que participaron el coronel Francisco Domínguez, el teniente coronel Blas Maldonado y el teniente coronel Antonio Sosa (…) en el que perdió la vida heroicamente el general haitiano Louis Michel (…) Santana, según su propia confesión, llegó cuando sonaban los últimos tiros, fuertemente escoltado por la caballería mandada por el coronel Pascual Ferrer.» (Ibid., p. 128). ¿Qué dice la confesión del propio Santana, copiada por Balaguer del parte militar enviado por el caudillo a su Ministro de Guerra y Marina, Román Franco Bidó? y que se halla en José Gabriel García, Guerra de la Separación dominicana. Documentos para su historia. Santo Domingo: Secretaría de Educación, 2ªd. 1994, p. 75 [1ª ed. 1890]. Dice así: «Después de cerca de una hora de un combate tan desigual, nuestras tropas, con sus beneméritos jefes a la cabeza, cargaron sobre la artillería enemiga, y metiendo mano al arma blanca, se apoderaron de ella al mismo tiempo que llegué yo con la caballería que estaba al mando del coronel Pascual Ferrer.» (Balaguer, obra citada, p. 128).
§ 31. La tercera escaramuza -según Balaguer- «… se registró el 23 de abril. Después de cuarenta y seis horas de inacción, el ejército dominicano tomó por primera vez la iniciativa con el envío de dos guerrillas que salieron del campamento a las dos de la tarde con el encargo de explorar el campo y de hostilizar al enemigo (…) y se retiró sin bajas y sin haber logrado su objetivo (…) y la segunda guerrilla se limitó a ocasionar algunas bajas al enemigo sin ninguna otra consecuencia (…) Las tropas haitianas se retiraron al amanecer del siguiente día 24 de abril, sin ser molestadas, pero dejando en el campo toda su artillería y algunos caballos que no fueron hallados debido a la precipitación con que se emprendió la fuga.» (Ibid., p. 129).
§ 32. Esas tres escaramuzas fue todo lo que sucedió en el hato de Las Carreras, propiedad del futuro ministro de Relaciones Exteriores de Santana, Dr. José María Caminero. Conclusión de Balaguer: «No existió, pues, si no mienten los partes oficiales firmados por Santana, la batalla de Las Carreras. Las tres escaramuzas conocidas con ese nombre fueron después abultadas, con fines exclusivamente políticos, para glorificar a Santana y ofrecerle, bajo la impresión de un triunfo espectacular, el premio que siempre persiguió en sus campañas militares: poder, riqueza y honores.» (Ibid.). Y lograr algo que no pudo conseguir, conchabado con Bobadilla: el protectorado francés a cambio de la cesión a perpetuidad de la península de Samaná. Pero logró algo más mortífero para la república de Duarte, Sánchez y Mella: la Anexión a España el 18 de marzo de 1861 y un marquesado con el nombre de un mito: la “batalla” de Las Carreras. Gracias a la ignorancia de nuestros militares y políticos, ese mito pervive hoy, anacrónicamente, con el nombre de Academia Militar Batallas de Las Carreras.
§ 33. Para las generaciones presentes y las del futuro, el juicio histórico definitivo sobre Santana no proviene de sus apologistas (Bobadilla y Galván y la cohorte de seguidores) ni tampoco de sus enemigos implacables y la cohorte de sus epígonos (Félix María del Monte y Manuel María Gautier), porque, según Balaguer, «… las opiniones de estos jerarcas del partidarismo militante traducen necesariamente los odios y los amores de su época, las simpatías o antipatías de sus contemporáneos, pero jamás las ideas ni lo sentimientos de todas las generaciones.» (Ibid., p. 129).
§ 34. Entonces, Balaguer, sin citar la fuente, recurre al juicio sereno, sin amor ni odio de don Emiliano Tejera sobre el controvertido personaje: «La verdadera voz de la historia, limpia como la del oráculo de Delfos, debía resonar más tarde en otra pluma más independiente y digna, la de Emiliano Tejera. Hela aquí tallada en el material con se tallan las verdades inmutables: «‘El General Santana falta a la verdad en todo lo que dice del General Duvergé. Este, en unión del Coronel Francisco Domínguez, peleó heroicamente en ‘El Número’ y quizá esta resistencia fue la causa de la orden de retroceso del ejército haitiano. El General Duvergé desde el 44 hasta el 49 peleó infinidad de veces contra los haitianos, y casi siempre triunfó. Puso su pie victorioso en donde nunca lo puso Santana: en el territorio que Haití retuvo después de la proclamación de la independencia dominicana. Al contrario [,] Santana, en los 13 años de guerra activa contra Haití, solo oyó los tiros del enemigo dos veces: en Azua, de donde se derrotó después de haber vencido, exponiendo con esto la independencia de la República, y en Las Carreras, en donde peleó con la retaguardia de un ejército que se retiraba.» (Ibid., p. 129-130).
§ 35. ACLARACIÓN A MANUEL OTILIO Y LOS AFICIONADOS A LA HISTORIA. No soy historiador. Lo he dicho y escrito en múltiples ocasiones. Ni siquiera soy aficionado a esta disciplina. Simplemente me ocupo de la epistemología del discurso de los historiadores. Esta inclinación obedece a mi convicción de que el lenguaje y la historia poseen una misma y única teoría y viceversa, de acuerdo con la poética de Henri Meschonnic (Cfr. “Lenguaje e historia una misma teoría”. Cuadernos de Poética 6. 29: 2018). Este tipo de epistemología que practico se ocupa del análisis y control de los conceptos empleados por los historiadores cuando escriben sus discursos históricos y obedece tal análisis-control a una cuestión epistemológica (ética política): Constatar la coherencia o incoherencia interna de los conceptos del método empleado por los historiadores en su discurso. (La primera falla de los libros o investigaciones hechas por historiadores dominicanos (y extranjeros) es que no saben que lo suyo es un discurso y no “la historia”. La segunda falla es que adolecen de método y conceptos (finitos) y por esta razón su discurso encuentra los siguientes obstáculos convertidos en ideologías, según Felipe Pardinas: etnocentrismo, autoritarismo, impresionismo, especialidad, subjetividad, dogmatismo y estereotipos, a lo cual se suma, para invalidar esos discursos de historiadores, la ausencia de ética, la que conduce a ideologías como la falta de honradez en el trabajo científico, falta de amor a la verdad, falta de modestia y la ciencia que se practica no está al servicio de los sujetos: Cfr. Metodología y técnica de investigación en ciencias sociales. México. Siglo XXI, 1969, p. V.) Un método comporta una definición conceptual del lenguaje y la historia donde la lengua, a través del discurso, funda los sentidos de la disciplina de que se trate (la lengua contiene a las demás prácticas sociales lingüísticas y no lingüísticas, según Benveniste, y también debe incluir sus caracteres distintivos: 1) modo de operación, 2. Dominio de validez, 3. Naturaleza y número de conceptos, 3. Tipo de funcionamiento (“Semiología de la lengua”, en Problemas de lingüística general II. México: Siglo XXI, 1979, p. 55). Última recomendación -válida para cualquier intelectual-: Cuando vayas escribir sobre cualquier tema, cita primero todo lo que se ha escrito acerca del referido tema. Escoge la bibliografía que aporte un conocimiento nuevo. La que no aporte ninguna novedad, cítala y sitúala cuando el autor, prevalido del Poder o sus instancias, intente pasar su obra como un conocimiento nuevo.
C:/A: areíto sábado 7 de marzo de 2026 4 de 4 ml Otilio. (FIN).