De Señal a Señal
‘Hay ríos en el cielo’ erudición y sabiduría en la narrativa de Elif Shafak
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En esta novela la escritora Elif Shafak nos privilegia con sus profundas esenciales orientales, pigmentadas de sus experiencias occidentales en un vuelo de escritura donde la semántica y la estructura filológica se perfuman y suavizan con todas las emanaciones que nos llegan de esa franja terrenal donde el Tigris y el Eufrates, en una misma geografía, conjugan en sus aguas todas las evocaciones de la antigüedad.
Nos narra y nos acerca de Mesopotamia, lugar ancestral, mítico y místico de la humanidad, en una novela de más de quinientas páginas que nos envuelve en un ritmo de escritura donde el lector tiene que llevar de par en par la exigencia de la reflexión e integrarse a una auténtica enciclopedia de las civilizaciones, en un viaje literario que nos conecta son Ashurbanipal, el rey de los tiempos de Asiria en el valle del Tigris y que , desde su biblioteca, descubrimos las copias de la Epopeya de Gilgamesh, una de las obras literarias mayores desde el origen del ser humano.
La genialidad estructural de la escritura de la autora está en ese diálogo del tiempo, en todos los paralelismos con el Londres victoriano, a través del personaje del niño nacido en las cloacas y las orillas fangosas y contaminadas del río Támesis .
Ese niño pobre, marginado, maltratado por su padre, nace con un don salvador, tiene una memoria, una inteligencia y una curiosidad erudita, que, por encima de los maltratos del colegio, de su padre, encontrará por su camino de vida la imprenta salvadora que utiliza sus dones y su entrega, pero también dentro del potencial intertextual de la novela ,Arthur de las Alcantarillas y de las cloacas alimenta sus conocimientos y su cultura en los libros de la imprenta hasta conocer al gran Dickens, quien será su guía para llegar al British Museum y convertirse en un investigador aplaudido, admirado, reconocido por el establishment victoriano.
La novela es una narrativa de los caminos de vida y del curso de las civilizaciones más antiguas de Oriente, Mesopotamia, hasta llegar a nuestro siglo veintiuno, señalando justamente la caída del corpus de civilización y esplendor de la poética y de la ética.
Si Elif Shafak tiene el arte y la manera semántica y filológica de llevarnos de la mano por las descripciones épicas y de sueño , con estilo y formas acercadas a las “ Mil y una Noches”, también tiene la astucia y la habilidad de evidenciar en un lenguaje directo y depurado, los dolores y la conciencia de la decadencia y del terrorismo , pues consigue coser y anudar el siglo VI antes de Cristo, con los conflictos y extremismos de hoy, gracias a una gota de agua que renace a través de los siglos y de los ríos.
“Los ríos son puentes líquidos, canales de comunicación entre mundos separados .Unen una orilla con la otra, el pasado con el futuro, la fuente con el delta, a los terrícolas con los seres celestes, lo visible con lo invisible y por último a los vivos con los muertos”.
Pero en la perspectiva de la erudición y del conocimiento, Elif Shafak se impone con esta novela como una de las escritoras mayores del siglo veintiuno que rompe las fronteras de la métrica del tiempo para abrazar la sabiduría ancestral con el conocimiento científico.
La autora, de origen turco, nacida en Francia, residente en Londres, así como cruza las culturas, cruza lo siglos para , con el referente de una gota de agua, ,traernos a lectura una obra monumental que abarca dos flagelos contemporáneos, el calentamiento climático y la persecución de los Yazidis, en Irak.
“Arthur empieza a sospechar que ‘civilización’ es el nombre que damos a lo poco que hemos logrado salvar de una pérdida que nadie desea recordar. los triunfos se erigen sobre endebles andamios de brutalidades no contadas, las leyendas heroicas se tejen con los hilos de las agresiones y las atrocidades”.
Elif Shafak pone de realce las violencias, los conflictos, que atacan la naturaleza, como también las amenazas sobre pueblos y culturas ancestrales permanentemente perseguidas por la segregación y la discriminación.
Su posición de respeto y admiración por los yazidíes la interpreta Arthur de las Alcantarillas.
“Cada noche Arthur regresa a la aldea yazidí con más preguntas rondándome. Le gusta el lugar. Le gustan los niños y sus ojos confiados, .el jeque y su callada sabiduría., Dishan y su ágil ingenio, pero sobre todo le gusta la fagra, con su profunda y misteriosa serenidad, que fluye a su alrededor como un río secreto...”
Estamos frente a una novela innovadora que teje el ritmo de la fábula con la música de la epopeya, y el aterrizaje de una novela que revoluciona las estructuras tradicionales de las narrativas contemporáneas para zambullirnos en una odisea poética de la vida .
Estamos frente a una novela que invita pensar la literatura como un nutriente de civilización y humanidad.