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Arquitectura

Heidegger: construir, pensar, habitar

Escribir sobre Martin Heidegger no es una tarea fácil, pues interpretar didácticamente sus conceptos aparentemente fáciles no es algo inmediato, En este artículo trato de hacer comprensibles temas ligados al Espacio, al Habitar y al Construir.

MARTIN HEIDEGGER EN SU CABAÑA EN TODTNAUBERG, 1968

MARTIN HEIDEGGER EN SU CABAÑA EN TODTNAUBERG, 1968

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Escribir sobre Martin Heidegger no es una tarea fácil, pues interpretar didácticamente sus conceptos aparentemente fáciles no es algo inmediato, En este artículo trato de hacer comprensibles temas ligados al Espacio, al Habitar y al Construir. Cuando me encuentro en Venecia o la Ciudad Colonial de Santo Domingo me siento en casa sin embargo allí no habito. Construir, Habitar, Pensar, es el título de una conferencia que Martin Heidegger (1889–1976), (uno de los filósofos más discutidos del último siglo), dictó en 1951, con motivo de una serie de charlas celebradas en la ciudad de Darmstart.

La segunda guerra mundial había destruido casas y barrios enteros, la crisis de la vivienda era solo un aspecto de la crisis en Darmstardt y en toda Alemania. Heidegger pronunció una de las conferencias sobre el tema El hombre y el espacio y la concluyó de esta manera: la verdadera crisis de la vivienda depende del hecho de que todavía tenemos que aprender a “habitar”, a “habitar” de manera auténtica. Afirma que lo más grave es que vivimos esta crisis, sin darnos cuenta de que no sabemos “habitar”. Tener una casa no significa automáticamente saber “habitar”. Entonces, ¿Qué significa habitar para Heidegger? Para empezar, debemos comprender que solo llegamos a “habitar” construyendo, o sea, la finalidad de la construcción es el “habitar”. No todas las construcciones son habitaciones. Un puente, un aeropuerto, un estadio, una central eléctrica son construcciones, pero no habitaciones, del mismo modo que una estación, una autopista, una presa o un mercado cubierto son construcciones, pero no habitaciones. Sin embargo, este tipo de construcción también entra dentro del ámbito de nuestro habitar. Estas consideraciones van más allá del uso que hacemos de estas construcciones. El camionero se siente en casa en la carretera y sin embargo no es allí donde se aloja. La obrera se siente en su casa en el taller, pero no tiene allí su habitación. El ingeniero que dirige una central eléctrica se siente allí como en casa, pero no es allí donde habita. Las construcciones albergan al hombre. El hombre siente que las habita, aunque en realidad no habita en esas, si por habitar un lugar entendemos el propio alojamiento. Por otra parte, las construcciones que no son habitaciones quedan siempre determinantes en referencia al habitar, en la medida en que son al servicio del hombre. En esencia, Habitar sería la finalidad que está a la base de toda construcción.

Veamos la cosa dentro los límites de esta perspectiva, escribe Heidegger, asumimos el habitar y el construir como dos actividades separadas.

Construir no es solo un medio o instrumento para habitar, construir ya es habitar en sí mismo.

La palabra en “bauen” (construir) deriva del alemán antiguo “buan”, que en realidad significa habitar, permanecer, demorar. Pertenece a la misma constelación etimológica de “bin” (soy). Esto demuestra que detrás del siempre significado de construir, hay algo más esencial sobre el hombre. Ich bin (yo soy, en alemán), significa propiamente “yo habito” quiero decir que el motivo en que el hombre está en el mundo es el de habitar. Habitar es la característica principal del hombre, es la finalidad fundamental como mortal en la tierra.

La finalidad de la construcción es hacer habitar a la gente. La característica esencial de la edificación es la construcción de espacios ordenados y funcionales, solo si tenemos la capacidad de habitar, podemos construir.

Es necesario invertir la evidente relación instrumental entre edificio y vivienda. No habitamos en virtud de nuestro edificio, sino que construimos en virtud de nuestra vivienda. El hombre ha encontrado siempre en una casa, un espacio en el que despliega su esencia y por eso puede cultivar, custodiar y construir.

Una vez más Heidegger recurre al alemán antiguo, “wohnen” (habitar) que deriva de wuon (sajón ósea una raíz cultural de los pueblos germánicos del norte de Europa), y de wunian (godos, pueblo germánico) y significa permanecer, contenerse, y ese permanecer se refiere al sentido “godo” de estar feliz, tener paz.

La palabra “Friede” indica algo que es libre, pero la misma raíz indica algo protegido de daños o amenazas, algo “cuidado” (geschont). El rasgo fundamental de habitar es cuidar, proteger y esto empeña la vida en todos los aspectos. El habitar se nos aparece en toda su amplitud cuando pensamos que el ser del hombre reside en el habitar, entendido como la permanencia de los mortales en la tierra.

Heidegger va mucho más profundo, desarrolla conceptos que parten del significado de palabras en alemán antiguo construyendo una estructura semántica sumamente interesante.

La permanencia de los mortales en la tierra implica necesariamente su “oposición-composición” de lo divino en el cielo. Tierra y cielo, divinos y mortales se implican mutuamente en esa unidad compleja y original que es la co-pertenencia. Este difícil concepto de Geviert, concepto profundo que Heidegger había elaborado anteriormente en el Ensayo fundamental sobre la Cosa (1950). Lo que Heidegger denomina “La Cuadratura”, surge de la “composición” de los “habitantes” (mortales y divinos) con sus lugares (tierra y cielo), Pero, visto más de cerca, lugar, habitación, etc.

Según el concepto de Geviert, el ser, cosa de la cosa, no es ni la simple presencia de la que habla la metafísica ni la instrumentalidad teorizada por Ser y Tiempo, (obra principal de Heidegger, 1927), que partía siempre del modo inauténtico de la existencia cotidiana (conferencia celebrada en la Academia de Bellas Artes de Baviera el 6 de junio de 1950).

La tierra, lugar de los mortales, nos sostiene y nutre, en ella suceden acontecimientos, “medidos”, matizados por el Cielo, “lugar” de lo sagrado y de los mensajeros divinos. Habitar significa estar en armonía con la Cuadratura, cuidando esta unidad originaria de tierra y cielo, de mortales y divinos. Si la Cuadratura es el ser de las cosas, entonces solo se vive verdaderamente si se mantiene una relación esencial con el mundo.

En su reflexión Construir, Habitar, Pensar, Martin Heidegger logra invertir el significado y la dirección de la secuencia jerárquica construcción-habitar que se popularizó en la época de la técnica. “Solo si tenemos la capacidad de habitar (aquí está la novedad) podremos construir. Son palabras que interrogan a quienes las escuchan, sobre todo ante el boom, en los últimos años convulsos, de los suburbios urbanos y de las nuevas construcciones que arropan el espacio alrededor de las ciudades con la esperanza de sus habitantes de permanecer protegidos, en la búsqueda de “lo relativo” y “libres del mal”.

Ya sea la preservación de la memoria de los lugares o la posibilidad de habitarlos como casa, de domesticarlos o, por el contrario, de recuperarlos de su desanimación y su falsificación en no lugares, lo que se siente en riesgo es la propia morada. La pérdida del sentido de habitar tanto en la ciudad como en las periferias es el detonante más poderoso de la explosión del caos político y social. La ciudad deja de ser un lugar de identificación para convertirse en el espacio donde “todo lo sólido se disuelve en el aire” (Karl Marx) y cuyo resultado final corre el riesgo de ser la guerra permanente de todos contra todos. No se trata de que los suburbios salgan de la esfera de control o de una fallida, (desde hace décadas), visión urbanística, se trata de un concepto que ha sustituido la mirada litúrgica con la que se construyó la ciudad.

Se trata de un colapso ontológico, el oscurecimiento del pensamiento capaz de captar la esencia de las cosas. Habitar (recuerda Heidegger), es la estadía de los mortales sobre la tierra, pero sobre la tierra, aclara Heidegger, esto significa “bajo el cielo”. Esto a su vez significa “permanecer ante lo divino” (die Göttlichen) y al mismo tiempo pertenecer a la comunidad de los hombres. Hay una unidad original dentro de la cual los Cuatros, la tierra y el cielo, lo divino y los mortales, se unifican.

Los mortales, están en la Cuadratura en la medida en que habitan. Si el rasgo fundamental del habitar es cuidar, es un cuidado cuádruple que incluye salvar la tierra, acoger el cielo, esperar lo divino, guiar a los mortales. Se trata de quedarse con las cosas, dejándolas en su esencia. Habitar significa cuidar el propio espacio, estar en relación con el espacio, salvar la brecha artificial entre planificar, construir y finalmente habitar.

Escribe Heidegger, la verdadera crisis de las viviendas es más antigua que las guerras mundiales, y la destrucción de las viviendas durante la guerra es más antigua que el aumento de la población terrestre y de las condiciones de los obreros en las fábricas. La verdadera crisis del habitar consiste en el hecho que los mortales están siempre en la busca de la esencia del habitar, la verdadera crisis es que, ante todo, los hombres deben aprender a habitar.

Sobre el autor

George Latour Heinsen

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