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Guardianes de la verdad Areíto

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En la entrega anterior (Areíto, 19/07/2025), refería que la novela histórica, además de imaginación y gran capacidad de fabulación, exigía al novelista un estricto apego, entre otras normas de la verosimilitud, a la cronología de acontecimientos y personajes históricos que funcionan como referentes reales de la narración para que esa “historia” parezca lo más apegada posible a lo que “realmente” aconteció…”

La contemporaneidad, por ejemplo, no favorece este tipo de relato por la sencilla razón de que muchos de los protagonistas y suficientes testigos de los acontecimientos que el novelista escogió para elaborar su “historia” todavía siguen, más que vivos, activos en la actualidad.

De Enriquillo, la historia novelada de la rebelión del Bahoruco en los albores de la conquista y colonización de América (siglo XVI), contemporáneos de esa rebelión son únicamente los documentos y las crónicas de Las Casas, Herrera de Tordesillas y Fernando Colón, entre otros. No hay testigo que pueda contestar al narrador de esa “leyenda histórica dominicana”, como subtituló Galván su exitosa ficción histórica. Ciertos analistas de Enriquillo acusan a Galván de manejar las fuentes a favor de sus intereses ideológicos y políticos. Esta interpretación se desmorona cuando otro exégeta afirma, con sólidos argumentos a su favor, que Enriquillo es simplemente una obra de ficción tan bien lograda que resulta difícil separar la “Historia” de la fábula, de la ficción; lo mismo cuando piensa lo contrario. Verbigracia las novelas El hombre que ríe y Los tres mosqueteros de Víctor Hugo y Alexandre Dumas, respectivamente.

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Para los dominicanos que consideran tener el monopolio del ajusticiamiento de Trujillo, por la sencilla razón de que los que emboscaron al dictador aquella noche del 30 de mayo de 1961 eran dominicanos. Ese atentado cuyas consecuencias le dieron categoría de evento mayor de la Historia a la eliminación física del dictador e inició la caída de la oprobiosa satrapía. Varios escritores dominicanos y extranjeros aluden en sus obras ese acontecimiento histórico; pero el primero en abordarlo directamente es Mario Vargas Llosa en la Fiesta del chivo una excelente novela que los descendientes, incluido el único sobreviviente del grupo de acción que ajustició a Trujillo en mayo de 1961, Antonio Imbert Barrera, manifestaron sus reservas sobre la ficción de Vargas Llosa. Vargas Llosa era consciente que, abordando el atentado y muerte de Trujillo apenas 39 años después de los hechos, sería víctima del lector dominicano contemporáneo.

Robert D. Crassweller en Trujillo, la trágica aventura del poder personal, es consciente de la contemporaneidad de la muerte de Trujillo al publicar en inglés su excelente biografía en 1966: “Dentro de algunos años”, señala, “será imposible reconstruir grandes espacios de la vida de Trujillo apoyándose en los relatos de quienes recuerdan su historia exactamente. Entonces, mucho de lo que hoy es mito, fantasía y absurdo rumor, tomará apariencia de realidad, y se habrá perdido toda oportunidad. Aún hoy varios aspectos de la vida de Trujillo, inclusive las circunstancias que rodean su asesinato, ocurrido hace tan sólo unos pocos años, aparecen tan embrolladas por informes contradictorios, que resulta empresa ardua separar la verdad de la ficción” (Bruguera, 1968, p.14). Y más adelante agrega: “debe admitirse que una biografía de Trujillo, un hombre acerca del cual se han suscitado polaridad de opiniones, difícilmente puede satisfacer a todo el mundo. Lo más probable es que no contente plenamente a ningún sector de esta opinión. La devoción y el odio fueron el sino de Trujillo, y sean cuales fueren los motivos inspiradores de esas pasiones, el historiador y el biógrafo tienen que ingeniárselas para dar con la senda más imparcial. En el caso de una vida tan controvertida, cada juicio deberá inevitablemente apartarse en cierta manera del juicio de los demás” (p.15).

En 1966, cuando Crassweller dio a la estampa su biografía de Trujillo, sabía a lo que se arriesgaba; Vargas Llosa era consciente también de la dificultad de novelar un acontecimiento histórico contemporáneo cuando en 2000, la editora dominicana Taller publicó La fiesta del chivo; sabía igualmente que Antonio Imbert Barrera, único sobreviviente del atentado podía contradecir su relato; de igual modo era consciente asimismo que no se puede contradecir una obra de ficción que ha tenido en cuenta, con pocas excepciones, los protagonistas reales del atentado, los conjurados, lugares, la cronología de los hechos antes y después del ajusticiamiento aquella noche del martes 30 de mayo de 1961.

Los novelistas dominicanos, en cambio, no se han arriesgado a tocar, a narrar puntualmente el atentado tal vez, por considerar de manera implícita lo que advierte Crassweller en Trujillo, la trágica aventura del poder personal.

Marcio Veloz Maggiolo (1936), que vivió los primeros 24 años de su vida bajo la tiranía de Trujillo. Presenta al dictador dominicano como un personaje ubicuo, una suerte de sombra que arropa, con la complicidad de sus ministros y funcionarios, todos los rincones de la vida dominicana.

Biografía difusa de Sombra Castañeda (Siruela, Barcelona, 2005), y El hombre del acordeón (Siruela, Barcelona, 2012), pueden ilustrar lo que precede; en El buen ladrón (librería Dominicana, 1960), una de sus primeras novelas, por ejemplo, los actos delictivos del personaje principal, Denás, o la prostitución de su hermana, Midena, serían menos reprobables que la manera cómo las autoridades se exceden en el ejercicio del poder, más aún cuando esa historia la narra una madre frente al cadáver de su hijo.

Enfocando de ese modo hechos que podrían parecernos absurdos, bizarros, ilegales y socialmente reprochables no somos conscientes de que estamos aceptando un mundo donde los delincuentes son “las autoridades”, no la prostituta ni el ladrón: ¡un mundo al revés!

Tanto Biografía difusa de Sombra Castañeda como El hombre del acordeón nos relatan acontecimientos contemporáneos sin que Trujillo, en tanto personaje, sea simplemente reducido al sempiterno e insaciable depredador sexual. A pesar de que abundan las referencias reales, así como los recursos necesarios para que esas novelas cumplan con las exigencias de la novela “histórica”. Al optar por narrar un mundo real-maravilloso, Marcio Veloz Maggiolo evita la contemporaneidad.

Sobre el autor

Guillermo Piña Contreras

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