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LIBROS Los poemas de Luis Manuel Ledesma

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Los poemas de Luis Manuel Ledesma

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Los poemas que integran el libro “Facturas y otros papeles”, el primero de Luis Manuel Ledesma, pero publicado parcialmente en 1974 en el suplemento “Aquí”, del desaparecido periódico La Noticia, son en parte una crítica a la ideología y al funcionamiento de nuestra burocracia pública y privada, ese laboratorio de conservadurismo bien estudiado por Max Weber.

La última parte de la obra titulada “Otros poemas” parece no formar parte del libro original premiado en 1974. En esta parte se muestra la voluntad de subjetivización que orientará la escritura futura del poeta y dejará atrás cierta pasión por nombrar, ajustar cuentas o historiar el pequeño mundo de los burócratas, su sicología autorrepresiva y sus aspiraciones cotidianas casi nunca satisfechas.

Sea dicho de pasada, ni la ciencia del computador ha podido evitar los estragos que tampoco la Remington o la Olimpia de los años 70 pudieron evitar a los diagramadores de La Noticia. Por ahí comienza la crítica de los empleados o empleadas que mataron el sentido de dos versos del poema “Canción a la hermana bienamada”, título con olor a Incháustegui. En la segunda estrofa, el verso que dice “en el miedo de no nunca en su abrazo” (p.106) y en página 107, el verso “as sea mía la caída en el tropiezo”, que sin duda debe ser “así sea mía la caída en el tropiezo”, mutilan el sentido. Al igual que en el poema “Los alipios”, el tercer verso compuesto de una sola palabra: “óan” (p. 108) liquida el sentido del poema en esa parte, lo mismo que el verso seis donde alguien digitó “dar” en vez de “dan”, pero este yerro es “peccata minuta”, pues el sentido se restablece sin esfuerzo.

Me concentro en esta última parte del libro porque muestra por encima de los defectos minúsculos de la escritura (abundancia de gerundios mal empleados a lo largo de todo el libro. Y en la primera parte pleonasmo (p. 85, erario público), o el error común a todos los escritores de lengua española con el empleo de lo poseído en plural cuando debe ir en singular, sin importar que el poseedor está en plural o en singular. Ejemplos: “Al lado de sus esposos aburridos copulan [las secretarias] con arcángeles” (p. 22); “los ministros preparan sus discursos” (p. 78); o esa conjugación defectuosa del pasado de indicativo en segunda persona, atribuible a una influencia del oral puertorriqueño y a corrección posterior por parte del poeta en versos como “no permita más que el comentario que dejastes” (p. 39) y “¿vistes qué caderas?”(p. 53) y el uso de “ello” como fósil lingüístico cuando se usa en función de pronombre personal, censurado acremente por Pedro Henríquez Ureña en “El español en Santo Domingo”: “Ello no se aviene con tu espíritu laboral” (p. 31). O “la hora non”, en vez de la hora nona (p .61) y “repiten jubilados hacia la oncena sombra”, en vez de “la undécima sombra” (Ibíd.)

Pero estos son defectos menores ante los hallazgos poéticos de la totalidad de la obra como sistema de crítica en contra de la ideología y el funcionamiento de un estamento social como lo es la burocracia pequeño burguesa dominicana generadora de todos los conservadurismos y miedos a lo político y a la lucha social, proclive por lo tanto a las genuflexiones y a los variados tipos de corrupción entre jefes y subalternos y subalternas.

Gracias al poeta Ledesma, la cultura dominicana dispone, desde 1974, de unos arquetipos de burócratas: Elvira, Méndez, Mildred, Don Alberto, García, Violeta, Álvarez, Fernández, Castellanos, la Señorita Bruno, la viuda Tobías, Rojas, la Señorita Pol, Gorki, Schéker, Alba, incluso el nombre del autor de la obra, que firma en la página 69 como Luis Ledesma, se ha inscrito como ficción en el pluralema con el cargo de auxiliar (¿de contabilidad?) en la firma Martínez Vivaldi, S. A., y ha ironizado contra sí mismo como empleado barajador que sustrae tiempo de trabajo a la empresa para dedicarse a escribir poemas, según el informe confidencial de algún inspector de la empresa.

Si el poeta ha inscrito su nombre como personaje del poema para burlarse, no del autor, sino del personaje de la escritura, imagínese el lector la corrosión que sufren los pobres empleados y empleadas del sector público y privado en manos del sujeto de la escritura. Con extrema violencia semántica y poética se inscriben los poemas en contra de los pequeños burócratas. En el poema “Fauna”, este verso: “con una flor podrida en medio del ojo…” (p. 79) referidos a los invitados especiales a una fiesta de la cúpula del poder. Y todo esto hecho a los 20 años. Pido un ejemplo de poeta que entre los 18 y 20 años haya escrito, no un libro como este, cosa imposible, sino un libro que haya transformado las ideologías, creencia y mitos de la sociedad dominicana en los últimos treinta años.

Aunque la internet volvió obsoletos a la mecanógrafa o dactilógrafa, no así a la taquígrafa o al taquígrafo aunque la grabadora les ha asestado un “jab” que será a la postre fatal cuando otra tecnología elimine ese oficio, muchos de los personajes de la burocracia privada y pública han sido reciclados por el ordenador o computador y los personajes y el léxico de la década del 70, tópico de “Facturas y otros papeles”, han caducado, aunque su vigencia se extendió incluso al decenio del 80, pues internet entra en forma en el decenio del 90. Pero la técnica, las maquinillas, las cajas registradoras, las sumadoras y la forma de llevar la contabilidad es lo que la informática ha cambiado. La crítica a ese mundo, a esa cultura, a ese retazo de sociedad dominicana es lo que los poemas de Ledesma mantienen en pie. Es la crítica a una subjetividad, a un modo de vida, a unos antivalores pequeños burgueses anclados en el egoísmo, la mojigatería, la hipocresía, la represión sexual y la mediocridad que, todos juntos, mantienen el orden social, político y literario.

En contra de aquella estupidez de los setenta-ochenta, la crítica del poema-Ledesma se mantiene hoy en pie. Esa misma burocracia ampliada a extremos incalculables mantiene la misma ideología de antaño con el nombre aséptico de informática o telemática, pues la pequeña burguesía es incapaz de transformarse de utilizadora instrumental de los “hardware” en sujeto cibernético, es decir, en sujeto crítico de la relación lenguaje, discurso, ciencia, poder, arte y sociedad.

Otros poetas como el Ledesma de los años 70 deben surgir en este siglo XXI para que transformen la ideología aséptica y “light” que invade a esta generación X que desde el poder ha impuesto una asepsia política y una sacralización de la tecnología a secas, separada de lo social y lo político.

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