Manolo y la guerrilla del 1J4

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La guerrilla del 14 de Junio no puede entenderse sin el papel jugado por su principal artífice y creador, Manuel Aurelio Tavárez Justo, líder legendario que encarnó la dignidad de toda una generación, “la generación llamada Manolo”, que se negó a traicionar al pueblo dominicano en pactos oscuros con la oligarquía criolla y el imperialismo norteamericano. Algunos protagonistas, novelistas e historiadores han presentado la insurrección de 1963 como un acto desprovisto de toda racionalidad o incluso no han dudado en calificarlo de “locura”, intentando por esa vía reducir su valor y significado.
A nuestro juicio, la guerrilla fue la culminación de un proceso político, ideológico y organizativo profundamente consciente, que comprendía que la liberación nacional no se iba a materializar sin la articulación de una estructura sólida que pudiera, militar y políticamente, sostener su programa político revolucionario. De acuerdo con Raúl Pérez Peña, “había en Manolo como en todo el 14 de Junio, una concepción de la lucha política, propia de la época y del continente en la que el cierre de los caminos de lucha pacífica imponía el camino de la respuesta armada a una juventud depositaria de los más preciados ideales de libertad y justicia social”. A partir del ajusticiamiento de Trujillo, la administración del presidente John F. Kennedy trazó sus planes políticos para nuestra sociedad.
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Al momento de salir de “La Victoria”. en julio de 1961, nos dice Bacho, “Manolo Tavárez ya era un verdadero líder político nacional. Su historial en la clandestinidad y en la cárcel, y su coherencia política se sumaron a su madera carismática, para proyectarse como el catalizador de los bríos de la joven organización política de la enseña verdinegra”. A sabiendas de que los sectores dominantes se estaban reorganizando política, económica y militarmente, en agosto de 1961, el 1J4 visualizó la necesidad de prepararse para la etapa post-Trujillo. En ese sentido, el líder montecristeño envió una carta a Fidel Castro solicitando apoyo para entrenar en Cuba a dos grupos selectos de militantes. Para esta misión se confió la entrega de la misiva al Dr. Luis Gómez Pérez, quien tuvo a su vez la tarea de seleccionar a los primeros enviados.
Además de la preparación en el plano militar, se atendió también a la cuestión ideológica ordenándose la impresión de tres mil ejemplares de libros clave del marxismo, entre ellos Los fundamentos del socialismo en Cuba, de Blas Roca; Economía política, de Nikitin, y Lecciones de filosofía, de Politzer. Estos textos fueron distribuidos entre los principales dirigentes nacionales a los fines de elevar el nivel de conciencia de la militancia. De igual forma, Manolo organizó la Escuela secreta de Cuadros del partido, en una casa alquilada en el Kilómetro 12 de la carretera Sánchez, donde durante semanas se entrenaron decenas de militantes en pensamiento político, organización clandestina y autodefensa.
Según Fidelio Despradel, a la sazón secretario de organización, Manolo fue quien diseñó personalmente los programas de estudio y seleccionó a los profesores. A esta tarea la llamó construir la “columna vertebral” de la organización, véase la infraestructura que le proporcionaría cohesión y dirección al partido de masas. Otro paso fundamental en el proceso fue la creación de una fábrica clandestina de armas. Apunta Despradel que por mediación de Pupo Peguero y bajo la supervisión del militante Caonabo Abel, se alquilaron dos casas en Alma Rosa que sirvieron como taller para la fabricación de escopetas calibre 10 y 12 milímetros. Paralelamente, Manolo autorizó la compra de armamento en la Armería de San Cristóbal donde laboraba, entre otros contactos Braulio Torres, quien colaboró de manera silenciosa en los esfuerzos de armar la resistencia.
A través de sus recorridos a nivel nacional, ya sea en campos o ciudades del interior, el que fuera esposo de Minerva Mirabal pudo constatar el apoyo masivo que inspiró su proyecto político, cuyo imaginario estuvo intrínsecamente relacionado a la revolución cubana. En ese orden, se puede decir que Manolo tejió una verdadera infraestructura revolucionaria con cientos de hombres y mujeres organizados en todo el país, los cuales disponían de una mínima preparación ideológica, militar y política.
Sobre esa base, el 14 de junio de 1962, en una tarde muy lluviosa ante una multitud de más de 40 mil simpatizantes congregados en la puerta de El Conde, Manolo Tavárez pronunció un histórico discurso donde le señaló a la reacción que: “si imposibilitan la lucha pacífica del pueblo, el 14 de Junio sabe muy bien donde están las escarpadas montañas de Quisqueya, y a ellas iremos, siguiendo el ejemplo y para realizar la obra de los héroes de junio de 1959, a ellas iremos, y en ellas mantendremos encendida la antorcha de la libertad, de la justicia y el espíritu de la revolución”.
Para comprender lo que significó ese instante, Tony Raful describe en su libro Movimiento 14 de Junio; Historia y documentos, que “millares de gargantas juveniles se ahogaban por la emoción, saltaban, ya no tenían gritos para expresarse, movían sus manos y avanzaban sobre la tribuna, querían sostener a Manolo con sus propias manos, cargarlo, mostrarlo orgullosos. Cuando el mitin concluyó y las multitudes empezaron a dispersarse y a distribuirse, se oían voces y comentarios de adolescentes y jóvenes enfebrecidos “que grande es Manolo”, “Manolo es más grande que Fidel”. No hay dudas de que ese discurso expresó el sentir de la tendencia mayoritaria dentro del partido y por qué no, de la izquierda revolucionaria dominicana, la cual para ese entonces era en mayor medida foquista. En la próxima entrega abordaremos la represión que siguió al golpe de Estado de 1963 para ir acercándonos a la decisión del 1J4 de subir a las montañas.