Literatura
De Octavio paz: ‘la hija de Rappaccini’. Literatura para el teatro’
La pieza fue editada por primera vez en 1990, el año en que le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura

Nathaniel Hawthorne
BIENVENIDA POLANCO-DÍAZ
‘La hija de Rappaccini’ fue la única obra de literatura dramática que publicó el escritor mexicano Octavio Paz -1914-1998-. En el prólogo –Editorial Era, DF., el ensayista y poeta explica que ‘’(…) mi pieza sigue la anécdota, no el texto ni su sentido’’ refiriéndose específicamente a la novela corta de Nathaniel Hawthorne del mismo título, la versión más conocida de la famosa leyenda medieval. “Son otras mis palabras y otra mi noción del mal y del cuerpo...’’, declara el autor.
La pieza fue editada por primera vez en 1990, el año en que le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura. La leyenda de la hija del científico Rappaccini ha tenido de hecho numerosas representaciones en diferentes formatos literarios, en el cine, y más de una decena de óperas. Entre las versiones destinadas a las tablas destacan la adaptación teatral -1996- del británico Sebastián Doggart; y posteriormente la ópera ‘La hija de Rappaccini’, de Michael Cohen, del 2000.
Las fuentes de la pieza
La fuente de Hawthorne se ubica en la India. ‘Mudra Rakshasa’ ‘El sello del anillo de Rakshasa’ del poeta Vishakadatta, siglo IX, un drama político sobre la rivalidad de dos ministros uno de los cuales a fin de vencer al otro se vale del regalo de una deseable muchacha alimentada con venenos.
El tema de la doncella convertida en viviente frasco de ponzoña aparece en los ‘Puranas’ ; de la India pasó a Occidente y, cristianizado, figura en la ‘Gesta Romanorum’ y otros textos. En el siglo XVII Robert Burton recogió el cuento en ‘The Anatomy of Melancholy’ confiriéndole carácter histórico: Porus, un rey indio envía a Alejandro Magno una hermosa muchacha alimentada con acónito y repleta de otros tóxicos con la intención de destruirlo, fuese por medio de la copulación o por otro contacto físico.
El relato de Hawthorne, de 1844, era a su vez una adaptación de ‘Béatrice, ou La Belle Empoissonneuse’ de Monsieur de L´Aubépine. El nombre de la joven hace referencia a la Beatriz de Dante , alegoría de la sabiduría y la gracia divinas.
Beatrice está social y físicamente aislada del resto del mundo. Su padre la mantiene nutriéndola con sustancias venenosas para sus experimentos científicos. Ella vive feliz en su jardín hasta que conoce a Giovanni, de quien se enamora . Aunque la sabe inocente y pura, él se muestra convencido de que está corrompida o maldecida por su veneno y que necesita ser salvada. Aunque angustiada, Beatrice acepta el antídoto por el bien de Giovanni y muere como la heroína de un romance trágico.
Rappaccini es un personaje misterioso; figura fáustica, solo al final se revelan sus intenciones: creó el jardín para su hija y su futuro pretendiente, con la esperanza de colocarlos por encima de todas las demás criaturas, tal como Adán y Eva en el Jardín del Edén.
El ensayista presentó la pieza teatral fiel a su idea sobre imitación y creación puntualizando que ‘’ (…) en cada período los poetas europeos –ahora también los de América- escriben el mismo poema en lenguas diferentes. Cada una de estas versiones es, asimismo, un poema original y distinto’’. Paz reescribió la obra renovándola y adaptada a su propia poética.
Versión de Octavio Paz
‘La hija de Rappaccini’ se estructura en un solo acto, nueve escenas, un prólogo, y un epílogo. Los amantes, personajes de una fuerte identificación recíproca ‘’(…) son dos figuras, una color de día, otra color de noche y el amor es elección: ¿La muerte o la vida?’’ advierte el escritor. Y en verdad resulta asombrosa la integración estética que logra entre los amantes y la naturaleza a través de un lenguaje altamente lírico. La sexta escena, por ejemplo, nos presenta a un Juan pensativo, reflexionando sobre la conversación que ha mantenido con el profesor Baglioni en la quinta escena, pero prefiere no desconfiar de Beatriz. Cuando se inclina sobre una flor, aparece ella. Juan se descubre a sí mismo al verse reflejado en la joven hasta el punto de exponer la sensación de haberse transformado también en una planta, cubierto de hojas verdes.
El texto se enmarca en un Surrealismo perfectamente delineado. Beatriz misma parece ser una flor más del jardín y Juan dice poéticamente: ‘’Entre tanta planta desconocida la reconocí, familiar como una flor y, no obstante, remota. […] Todo mi ser empezó a cubrirse de hojas verdes. Mi cabeza, en lugar de ser esta triste máquina que produce confusos pensamientos, se convirtió en un lago. Desde entonces no pienso: reflejo. Abra los ojos o los cierre, no veo otra cosa que su imagen…’’
.Cuando ella le pregunta en la misma escena qué le puede dar a cambio de las rosas que él le lanzó, Juan responde: ‘’Un ramo de las flores de este árbol. Tenerlo esta noche junto a mi almohada será como tenerte a ti’’. Pero Beatriz le conduce hacia la muerte y Juan es envenenado cuando se produce contacto entre ellos.
Paz sostiene implícitamene que el ser humano es capaz de recuperar la inocencia a través del amor; el amor es atracción y la recuperación solo se conseguirá con la aproximación a ese Otro mimetizado con la naturaleza. ‘’(..). Y me hundo en mí mismo y no me toco’’, dice el joven en un contexto en el que la naturaleza dicta las leyes: ‘’Vivir y morir para renacer de nuevo, y así sucesivamente, reflejando en la tierra el comportamiento del universo’’, reitera Paz en su introducción.
La idea del salto a la otra orilla proviene del budismo, como explica el mismo escritor con su característica erudición: ‘’Mahaprajñaparamita es un término sánscrito; en lengua tang significa: gran-sabiduría-otra-orilla-alcanzada… el ciclo mismo del vivir y el morir’’.
El sustrato de tales ideas formaba parte de reflexiones sobre el Surrealismo que expuso en un ciclo de conferencias organizado por la Universidad Nacional de México en 1954 titulado ‘Los grandes temas de nuestro tiempo’. La contradicción aparente y dual contenida en la pieza se resuelve en el oxímoron, la fusión de contrarios, una clara reminiscencia romántica que recuperaron los surrealistas evocando dos elementos fundamentales: el amor y la mujer y con todo ello la libertad erótica, que se alía a la creencia en el amor único.
El texto presenta numerosas acotaciones y los mismos personajes que el cuento de Hawthorne:(Lisabetta), la anciana criada… Juan (Giovanni), el estudiante napolitano, el juglar que dormía con ‘’la cabeza reclinada sobre su propia infancia, pero ha oído el canto nocturno de la Dama y ha despertado’’.… un nuevo personaje, el Mensajero, ejerce la función de narrador recordándonos al coro de las tragedias grecolatinas.
La pieza fue concebida para un programa cultural de la Unam y se estrenó el 30 de julio de 1956 en el Distrito Federal. Poco antes, en 1953 el escritor había regresado a México tras su estancia en Francia y en Oriente. Octavio Paz disfrutó, según sus palabras, de la novedad del experimento universitario, una experiencia literaria plástica y visual denominada ‘Poesía en voz alta’. Se trataba de una tentativa específica de volver a la palabra hablada, es decir, que la poesía encarnase en la voz de una actriz o de un actor y que fuese teatro poético; más bien: Literatura lírica.