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Literatura

Perfiles de una época en la novela Cuando gemía la Patria, de Emilia Pereyra

El ambiente en dos momentos señeros de la historia dominicana del siglo XIX

Emilia Pereyra

Emilia Pereyra

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Por MANUEL MATOS MOQUETE

La novela Cuando gemía la patria está construida según una técnica que nos recuerda bien la profesión de periodista de la autora. Es como una noticia dividida en dos planos: uno de los titulares; otro, del desarrollo de las noticias.

Así mismo es la estructura de la novela en dos planos, en la que se presentan dos formatos y dos tipos de historias o noticias: uno grande, macro, los titulares que solo enuncian lo que aquí, siguiendo a Emile Benveniste, llamamos historia: las dos partes de la obra y los subtítulos de cada parte; otro, pequeño, micro, las noticias o historias en su desarrollo con todos los detalles de las circunstancias, que llamamos discurso, también según Benveniste.

En la segunda parte caracterizada por el discurso tanto en la expresión de la subjetividad de la autora como de los personajes es donde suceden, se desarrollan y narran los acontecimientos.

Aquí nos centraremos en este segundo plano de las historias o noticias: la narración de los acontecimientos enunciados y referidos en los subtítulos.

En la novela Cuando gemía la Patria, Emilia Pereyra reconstruye dos grandes momentos de la patria, ambos acaecidos en febrero de del siglo XIX: uno de pena y derrota: la ocupación haitiana, el 9 de febrero de 1822; el otro, de alegría y gloria: la proclamación de la separación de Haití o de la independencia, el 27 de febrero de 1844.

Estos no son los únicos momentos notables de ese período. Del año 1822 al 1844 hay acontecimientos de talla como lo es la constitución de la sociedad secreta La Trinitaria por Juan Pablo Duarte y sus compañeros los trinitarios, pero son momentos de gestación y transición hacia el momento de gloria del trabucazo, como titula la novela.

De igual manera, después del 27 de febrero hubo otros acontecimientos, como los fueron las batallas lideradas por Pedro Santana y Antonio Duvergé hasta la expulsión definitiva de los haitianos de territorio nacional, pero fueron acontecimientos de reafirmación y consolidación del acto central de nuestra independencia en la Puerta de la Misericordia.

Todo eso es narrado y descrito por Emilia Pereyra en su novela. Pero los dos relatos señeros y emblemáticos en esa obra y en nuestra historia patria son los del 9 de febrero de 1822 y el 27 de febrero de 1844.

Son dos momentos que se contraponen radicalmente desde el punto de vista histórico y que en la novela marcan los dos grandes contrastes en las acciones, los personajes y los ambientes.

Nos concentraremos en los ambientes, vistos aquí como situaciones psicosociales de acciones y comportamientos de los personajes.

El trabajo en torno a la ambientación de la época es fundamental en esta obra. Aunque parezcan históricos, estos son ambientes novelescos, productos de la labor escritural de la autora.

Es igual que en toda literatura, que desde la Poética de Aristóteles tiene como misión la mímesis o la imitación de la naturaleza y del ser humano.

Los ambientes son un producto del trabajo escritural y ficcional de Emilia Pereyra, quien ha realizado un extraordinario esfuerzo para recrearlos, reconstruirlos y presentarnos como en experiencia de ayer y de hoy: el momento de la ocupación haitiana y el momento de la separación o la independencia.

No hay aquí exposición grandilocuente en grandes atributos de los ambientes sino el recurso de los detalles plasmados cual arte de orfebrería, que muestran y delatan la visión, los puntos de vista, la subjetividad de la autora en la descripción y narración de momentos, lugares, cosas, personajes, actitudes y reacciones de la gente.

La densidad escritural se visibiliza a través del esfuerzo y esmero de la autora en las descripciones del paisaje y los personajes, los diálogos y las pequeñas anécdotas, etc.

Sin embargo, en la narración y la descripción se imponen notoriamente los valores escriturales en la relación precisa, clara y escueta de los contenidos históricos: hechos, datos, fechas, acontecimientos.

Así, en esta obra Emilia Pereyra nombra, describe, percibe, retrata, afirma, dialoga, dibuja, observa, declara, nota, apunta, expresa disgustos y agrados, humores y sensaciones propios de los personajes en los perfiles de estos dos ambientes que describe.

Ambiente uno: capítulos 1 al 7. "La llegada de las tropas haitianas, 9 de febrero de 1822".

La narración se crece adquiriendo y asignando sentidos humanos, personales y cotidianos a los hechos históricos, desparramándolos en voces, emociones, sensaciones, tomas de posiciones, como en esta secuencia de reacciones que provoca la llegada de los haitianos a Santo Domingo.

1. En el ambiente de la ocupación haitiana el momento más emblemático y mejor logrado en esta novela es el que describe, no explica ni argumenta, la idea de la fusión de las dos partes de la isla en la cabeza de Boyer, Cap. 7 “Boyer se recrea en la plaza, 15 de febrero,1822”.

Este es un texto antológico en la literatura dominicana que debe ser leído con fruición y conciencia de la gravedad del hecho histórico que la autora reconstruye en algunos párrafos:

“Durante la conmemoración de su onomástico, pocos días después de asumir el liderazgo supremo de la parte oriental de la isla, Jean Pierre Boyer se complace en saber que la población se halla completamente sometida.

Aprecia que la fecha es propicia para celebrar consigo mismo y los demás integrantes de su séquito no solo porque se cumple el cuadragésimo sexto aniversario de su nacimiento ocurrido en Puerto Príncipe, sino porque ha concretado un propósito muy anhelado: la unión de los dos pueblos aun sea por trabazones políticas y militares, maquinada desde tiempos lejanos.

Mientras se transporta en caballo, debidamente protegido por varios edecanes uniformados y recorre la despejada Plaza de Armas, desde donde lo observan dos emperifolladas matronas de su propia progenie, deslumbradas por su porte señorial, el ínclito detiene su mirada en los muros de la antigua Catedral del Nuevo Mundo, dibujada en el lienzo de un cielo coloreado de azul tropical. Entonces, se dice que pasará a la historia de los linderos caribeños como el único gobernante haitiano que pudo alcanzar, desde ahora y tal vez para siempre, la gloria de concretar uno de los principales mandatos de la Constitución de su tierra al acoplar las dos poblaciones, antes divididas por los albures del destino, para la honra de su estirpe” (p.45).

2. La ciudad

Acerca de los días previos a esa introspección de Boyer, Emilia Pereyra describe gráficamente desde el Capítulo 1 “La llegada de las tropas haitianas, 9 de febrero de 1822", las reacciones de estremecimiento, desesperación, curiosidad y pánico de los vecinos al observar la estruendosa marcha de doce mil soldados de las tropas haitianas que toman a Santo Domingo el 9 de febrero de 1822.

“No deslumbra el sol todavía, pero azotan ráfagas de desesperación cuando se escucha con claridad en la adormilada ciudad de Santo Domingo la estruendosa marcha de 12 mil soldados y unos extraños vozarrones seseando en francés y creole , que anuncian la cristalización del anunciado acontecimiento” (p.9).

3. Los vecinos o habitantes: variadas reacciones de la gente denotan la perplejidad ante el grave e insólito momento.

Curiosidad

“... muchas personas corren desde Navarijo, San Carlos, San Miguel, Pajarito, Los Minas y otros barrios hasta engrosar en conjunto de curiosos dispersos por los alrededores que no dejan de clamar a Dios y encomendarse a santos" (p.9).

"En esos instantes, insólitos para muchos, entre la gente se generaba un mosaico de reacciones. Saltan lágrimas y se escapan ciertas sonrisas, unas de dicha y otras de mero nerviosismo, en uno y en otro bando” (p. 18).

Ataque de llanto

“Nerviosa y atolondrada, cae al suelo Dolores Candó, una ama de casa de gruesa complexión y largas piernas picadas de viruela, víctima de un ataque de llanto” (p.9).

Comidilla

“En poco tiempo corre de boca en boca la funesta noticia...” (p. 10).

Espanto, pánico, cobardía, huida

“¡Han llegado los haitianos, escóndanse!”(p.10).

“Y se alborota la villa entera. ¡Algunos abren puertas y ventanas para comprobar lo que se dice y otros prefieren taponarse los oídos y ocultarse donde les sea posible. “¡Que hay que salvar el pellejo! ¡Corran, corran ahora mismo!”(p.10).

Alegría

Otros se alegran especialmente los esclavos, y cantan sus alegrías dándoles la bienvenida a los orgullos extranjeros; baten palmas convencidos de que traerán consigo el orden, la libertad y el progreso”(p.10).

No todos están tristes y aterrorizados con la llegada de los haitianos. La novelista, fiel a la historia, no omite la alegría de una parte importante de la población, los esclavos, cuando en el episodio “Sembrando la palma de la libertad, 9 de febrero de 1822", recoge estas palabras dirigidas a Boyer de Jerome Maximilien Borgella, gobernador de Santo Domingo nombrado por el presidente haitiano:

“—Todo está listo para que se siembre la palma de la libertad, símbolo del fin de la esclavitud en esta parte de la isla, presidente— anuncia Borgella, con marcado optimismo.”(p 19).

Asimismo, en el capítulo 5, "El fiestón y la promesa, 13 de febrero de 1824", las reacciones de entusiasmo, alegría y celebración de los esclavos emancipados apuntan el contraste entre el infortunio de unos y la ventura de otros, que acarreó la ocupación haitiana en sus primeros momentos.

Ambiente dos: Capítulo 44 (p.242): “La gloriosa noche del trabucazo”.

Este ambiente plasma la escenificación de la noche del 27 de febrero. La autora pone en escena, mediante un vívido relato teñido de palpitantes descripciones y sobrios diálogos, el momento cumbre de la historia dominicana del siglo XIX.

Describe a un Matías Mella imponente, decidido, transmutado de hombre a héroe predestinado por la historia, cuando llega a la puerta, toma una antorcha, agarra con fuerza el trabuco y “con un tono autoritario y una mirada cuajada de arrojo” proclama ante el gentío expectante, los convidados a la cita suprema.

“—¡Ha llegado la hora!

“La voz ansiosa de Benito González lo interrumpe.

—¡No, no! Espera. ¡Todavía no, Matías! ¡Falta gente! —argumenta el joven, con la mirada clavada en la oscuridad, como si espera la llegada de una multitud”.

Alude a los convidados a la acción heroica, quienes previamente iban llegando y aglomerándose en la Puerta de la Misericordia.

“Se oyen pasos y voces susurrantes en los alrededores de la Puerta de la Misericordia. Varios jóvenes, con el corazón agitado, se desplazan tratando de no hacer ruidos. Han partido desde las inmediaciones del matadero, donde el hedor y la sangre perturba los sentidos, y avanzan vestidos de negro, los rostros iluminados por las antorchas, llevando algunas armas, arrojo y miedo”.

De pronto se impone un silbato agudo y solitario. Es la señal convenida que convoca a muchos al momento cimero de aquel día gestado en reuniones secretas”(p.242).

Predomina imperturbable decisión de Mella de continuar adelante en la ausencia de los que no se presentaron a la inminente hora pasada la hora:

“¡Ha llegado la hora de la libertad! La suerte está echada ¡ Ya no podemos retroceder! ¡Cobardes como valiente, iremos hasta el fin!”.

Finalmente, el ansiado acontecimiento.

“En el acto, Ramón levanta el arma y dispara. La detonación retumba, ensordecedora. El fogonazo alumbra por unos segundos, develando el sobresalto de los más medrosos. El patriota exhala una sonrisa y sus ojos se detienen en el humo que se dispersa desde la boca del trabuco. Luego, su mirada planea, rauda, por las caras de sus compañeros y observa que algunos siguen atemorizados; otros lucen arrebatados y lo aplauden”(p.243):

La portada ambienta la obra con una imagen de la Puerta de la Misericordia en que simbólicamente se puso fin a la ocupación haitiana.

Así, en Cuando gemía la patria la imaginación y la memoria histórica se entremezclan y forman un conjunto indivisible en un texto en prosa de alta calidad literaria.

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