Represión e inteligencia contra planes guerrilleros 1J4

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El 1 de octubre de 1963, el periódico El Caribe publicó una nota de prensa de la agencia Associated Press (AP) en la cual se indica que el “objetivo de los Estados Unidos es destruir al castrismo”. De manera indirecta, se puede decir que el diario dirigido por Germán Emilio Ornes le envió un mensaje a la Agrupación Política 14 de Junio, considerada por la CIA como el partido castrista en el país.
En dicha nota se explicaba que “El Departamento de Estado, anfitrión de una conferencia hemisférica que se inicia aquí sobre Cuba, dice que la política de los Estados Unidos es deshacerse del régimen de Castro y de la influencia comunista soviética en Cuba”. Ciertamente, los referidos planes no se limitaron a la mayor de las Antillas. Dicha política en el país fue visualizada por Juan Bosch en su comentario al Dr. Emilio Cordero Michel, ‘El golpe será contra ustedes”.
En ese orden, el 21 de septiembre se publicó una información concerniente a que las autoridades de inmigración de los Estados Unidos cancelaron “la visa de entrada a ese país al doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, presidente de la Agrupación Política 14 de Junio”. Después del golpe de Estado, se iniciaron las detenciones arbitrarias contra dirigentes catorcistas, campesinos y simpatizantes del partido de la bandera verde y negra, tal como lo reportó el 25 de septiembre de 1963 el telegrama de la CIA que les presentamos. Apunta Piero Gleijeses, en su obra La Esperanza desgarrada, que “si bien el 1J4 quedó legal hasta el 2 de diciembre de 1963, la persecución a los catorcistas había comenzado el mismo día del golpe, su sede había sido saqueada y clausurada por la policía”.
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El historiador Juan Francisco Martínez Almánzar nos dice en su Manual de Historia Crítica Dominicana que “los golpistas declararon ilegales a los partidos de izquierda e iniciaron una tenaz persecución en contra de sus dirigentes, llegando a declarar el general Antonio Imbert Barreras, uno de los principales golpistas, que “los buscamos a todos”. Entre las figuras de primer nivel que fueron arrestadas estuvieron el secretario general “Leandro Guzmán, ya designado comandante del frente Hermanas Mirabal, que operó en el nordeste, y Daniel Ozuna, secretario de finanzas del partido”, según cuenta Rafael Chaljub en su libro Manolo; Cincuenta años después. En relación con el líder del 1J4, Fidelio Despradel en el libro La guerrilla que señaló un horizonte, relata que después del golpe Manolo tuvo que “sumirse en la más estricta clandestinidad». Los aparatos represivos y de inteligencia del gobierno de facto lo buscaban por todo el país, y es sabido que la intención fue siempre eliminarlo físicamente”.
En los esfuerzos por destruir las condiciones logísticas necesarias para sostener la guerrilla se produjeron allanamientos masivos en barrios populares y zonas rurales, en las casas de personas allegadas al 14 de Junio. Entre esos allanamientos, Chaljub subraya aquel que tuvo lugar en Santiago donde “la policía localizó una importante cantidad de material de guerra y atribuyó al joven dirigente catorcista santiaguero Rubén Alfonso Marte Aguayo -Fonsito-, la responsabilidad de ese material”. A sabiendas de la importancia que tiene para el éxito de las guerrillas el vínculo con la población civil, la Universidad Autónoma de Santo Domingo fue militarizada tal como se recoge en la portada del periódico El Caribe del 1 de octubre de 1963 donde se dice que “alrededor de trescientos estudiantes universitarios protestaron por el golpe de Estado que depuso al presidente Bosch y por el cerco policial en el recinto universitario”.
Esta situación de asedio hacia los estudiantes universitarios y de los liceos secundarios se mantuvo durante todo el período, siendo sistemática la represión con “bombas lacrimógenas y de estruendo” cuando los estudiantes intentaban convocar a “marchas de protestas contra el golpe de Estado”. En la prensa de la época, se recoge el cierre o intervención de locales sindicales, cooperativas y clubes culturales, en donde la izquierda y particularmente el 14 de Junio tenía cierta ascendencia. También, se señala en El Caribe del 13 de octubre de 1963, que “los programas de radio del país no estarían sujetos a restricción alguna, siempre que no tengan un carácter comunista o no violen las leyes de expresión del pensamiento y la difusión”. Metódicamente, el triunvirato fue asfixiando el entorno en donde operarían las guerrillas, despojándoles como diría el Che, del “oxígeno necesario para respirar”.
A su favor, el régimen de facto contó con suficiente conocimiento del plan insurreccional a través de filtraciones e infiltraciones del propio movimiento. El caso de Luis Genao es paradigmático, Comandante del Frente Mauricio Báez, éste no solo traicionó a la organización, sino que, según Berto Batista, llevó a cabo una labor deficiente en el interior en la articulación de los frentes guerrilleros, siendo esa una de sus principales responsabilidades. A partir de los datos que se disponen, apreciamos cómo se implementó una estrategia de control territorial anticipado sobre las potenciales zonas en donde se llevaría a cabo el alzamiento. Fidelio Despradel y Rafael Chaljub describen que, en las fechas previstas, se establecieron numerosos retenes militares en caminos vecinales, cruces y en las principales carreteras del país. En el libro de Tony Raful, Miguelina Galán señala que el 27 de noviembre de 1963 Manolo fue requisado en ocho ocasiones en el trayecto de Santo Domingo a Santiago. Esto denota operativos con una saturación de presencia militar en municipios cercanos a las zonas de operación.
Ciertamente, las capacidades militares de las Fuerzas Armadas habían sido reforzadas para la ocasión en “tácticas antiguerrillas” siguiendo las enseñanzas adquiridas en la Escuela de las Américas. Especial mención merecen los vínculos de los militares con la vieja estructura trujillista, la cual no fue desmontada, permitiendo igual que en 1959, el reclutamiento de informantes entre guías locales y campesinos que colaboraron en la búsqueda de guerrilleros, al tiempo de identificar a las familias catorcistas que debían manejar en la zona las bodegas partidarias, a los fines de servir como almacén de abastecimiento para las guerrillas. Todas estas acciones fueron desarticulando las bases logísticas que La infraestructura construyó en los meses previos a la caída de Bosch. A nuestro juicio, un análisis serio sobre la derrota de la insurrección de noviembre de 1963 debe colocar en primer plano, incluso por encima de la improvisación o de las debilidades organizativas de la Infraestructura, los factores externos y estructurales que se vinculan al despliegue sistemático de una política represiva por parte de los militares dominicanos y sus asesores norteamericanos durante los dos meses que siguieron al golpe de Estado del Triunvirato.