Ser Caribe, con arte y cultura

Delia Blanco, Areito
La cultura caribeña, por encima de sus matices regionales, tiene el arte y la manera de incorporarse a la modernidad y la la posmodernidad sin dejar de lado la memoria de la historia, y de la tradición, en las artes visuales , el maestro Manuel Mendive, de Cuba, reconocido universalmente , hace de su obra un manifiesto ancestral de la espiritualidad yoruba, con performances donde conjuga el ritmo y el color de las celebraciones y rituales del antiguo reino de Dahomey.
El maestro Antonio Guadalupe, dominicano, rinde en su obra visual un homenaje estético a la memoria amerindia taína y arawak, con una signo grafía en homenaje a la pintura rupestre de las cuevas indígenas de Quisqueya.
El maestro Vicente Pimentel en sus líneas y signos evoca ese mismo referente con una factura de abstracción lírica que ofrece un referente visual de la señal ancestral.
La artista cubana Ana Mendieta, en sus performances nutridos en sus investigaciones antropológicas en Cuba, manifestó una fusión ritual con su propio cuerpo en todas sus manifestaciones visuales.
Puede leer: Una poesía luminosa: Todas las naves al silencio de Joel Julio García
José Bedia, cubano residente en Miami, expresa en todos sus dibujos y pinturas una energía indetenible del movimiento migratorio del Caribe hacia el mundo.
Con estos referentes de creación visual podemos observar que el artista dominicano Tony Capellán, confirmó en su obra una estética del mar. del origen y de la migración con una significancia humana de alta intensidad dramática representada por una multitud de chancletas desgastadas y una púas de alambrado, metáfora del riesgo de vida y muerte que significan los viajes ilegales.
Las literaturas del Caribe de los 90 responden a esa característica migratoria que encontramos de manera magistral en la novela de Rita Indiana “Papi”, una novela que con alto grado de humor y conciencia pone de relieve el sueño y la esperanza de una niña frente a un padre emigrado al Bronx, cuyo destino e identidad se construye en el sueño de sus hija…
La escritora cubana Wendy Guerra, en su novela “Todos se van”, La guadalupana Gisele Pineau, el haitiano Laferriere ponen en evidencia los nuevos valores culturales que van construyéndose en el siglo 21 con la movilidad humana de una cultura caribeña que se desplaza de orilla a orilla cargada de sueños y esperanza, con una fuerza humana incomparable para enfrentarse a todos los obstáculos que representa la ilegalidad en los países desarrollados.
En Madrid, París, Ámsterdam, Múnich, Zúrich, no hay un barrio que no configura una identidad caribeña, plazas donde los domingos en la tarde, o los sábados, no se baile bachata, merengue, salsa, como convocatoria de vida, de intercambio y fraternidad como si estuviéramos en el mismo país que invita al encuentro, porque las caribeñas y los caribeños, más allá de sus diferencias lingüísticas, políticas y económicas tienen un denominador común: el orgullo de sus raíces, el amor a su tierra y una expresión abierta al compartir y a la fraternidad, valores , que se desplazan en el exilio y la migración con una fuerza redoblada con la distancia y la nostalgia.
Hoy el Caribe cuenta en el mundo justamente por su capacidad consciente desde los grandes pensadores libertarios que han conducido las islas a un diálogo permanente con los continentes con una conciencia heredada de sus intelectuales come Lamming en el Caribe anglófono, José Martí en Cuba, Máximo Gómez y Duarte, en República Dominicana con Juan Bosch que permitieron alimentar las conciencias ciudadanas de un sentimiento libre de pertenencia propia en el aspecto de la identidad , porque la resistencia por ser caribe está en el corazón de todos los caribeños que mantienen en común un arte de resistencia frente a todas las hegemonías .Resistencia cultural como lo manifiestan en los departamentos franceses de las Américas que, con pasaporte francés, no dejan de ser guadalupanos, martiniqueses, guyaneses, que marcan sus especificidades hablando y escribiendo creole con una literatura creolófona y escritores y escritoras como Cesaire y Edouard Glissant que llevaron al mundo la conciencia de sus mundos en sus obras fundamentales como “El discurso Colonial y “El manifiesto del todo mundo”.
La identidad caribeña lleva su voz y su cuerpo de mujer con el pensamiento femenino desde Anacaona, mujeres insurgentes, que matizaron la historia colectiva con sus voces.
Abrirse al pensamiento femenino del Caribe es poder comprender las dinámicas familiares que desde la perspectiva social ayudan a cuestionarnos sobre el rol de la mujer madre y abuela que en todas las sociedades del Caribe son fuentes de vida y honra como respuesta a la categorización del machismo que persiste todavía con fuerza en nuestro conjunto regional, pero que la conciencia colectiva intenta enfrentar. Nuestra región caribeña enlaza antes que el lanzamiento de la globalización y de la mundialización la idea que estamos en una territorialidad insular y continental terrestre y marítima integradora de todos los mundos .
El Caribe una identidad universal que pertenece al futuro del planeta cuya fuerza consiste en esa energía vital que caracteriza individualmente y colectivamente a todos los caribeños de orilla a orilla con una capacidad ancestral de inventarse siempre con dialéctica y sueños, con acción y pensamiento propia, una región en el mundo que invita a vivir con ganas,

Delia Blanco, Areito

Ser Caribe, con arte y cultura