Sustraerles territorios a otros países

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El desarrollo de las civilizaciones en su devenir terrenal ha estado caracterizado de cómo muchas naciones se han apropiado por la fuerza, por engaño, por compra o hasta convencimiento de porciones de territorios de los vecinos, dando lugar a fuertes enfrentamientos y guerras en que el más débil termina con su territorio disminuido.

Uno de los casos más dramáticos de sustracción de territorios fue el de Estados Unidos, el otro sería el de la Unión Soviética en el siglo XX, aquel se apropió en 1847 de más de dos millones de kilómetros cuadrados a México, con lo que los norteamericanos llegaron al Pacífico y fueron dueños de todo el oeste desde Texas que fue integrada a la unión para ser parte de las barras y las estrellas y los mejicanos ver de cómo la supremacía de la serpiente y el nogal se esfumaba con esa merma territorial que le quedó con el río Grande como límite norteño. Está el caso de Israel que fue implantado e impuesto por los aliados en territorio de Palestina con enfrentamientos hasta el día de hoy.

Así mismo, en nuestro hemisferio hay algunos casos de pérdidas de territorios por naciones más débiles, siendo el más notorio de cómo Chile, en una larga guerra de 1879 a 1904, le arrebató la salida al mar a Bolivia, apropiándose de un territorio colindante con Perú y en el norte chileno con la importante ciudad de Arica en ese norte chileno siendo infructuosos los esfuerzos bolivianos para recuperar su salida al mar.

Panamá vivió un incidentado proceso independentista desde los tiempos heroicos de Simón Bolívar hasta la primera década del siglo XX, de alianzas e incorporaciones. Fue resultado de algo parecido a un despojo a Colombia para disponer de un territorio que asegurara la construcción del canal transoceánico a través del istmo que fue concluido en 1914 y ha sido una de las obras de ingeniería más importantes para el progreso y desarrollo de la civilización y que ha sido ampliado para mayor capacidad de los buques.

Nuestra isla, compartida por dos países, ha sido escenario de arrebato de territorios por parte de uno de ellos. En 1796, España cedió a Francia, por el tratado de Basilea, la ocupación total de la isla, dejando para 1800 la implementación de ese tratado con la llegada de las tropas francesas y las haitianas para enarbolar la bandera francesa en la Torre del Homenaje.

Con la invasión de Boyer en 1822, que ocupó toda la parte española, se marcó el inicio de una nueva historia isleña para estimular a la población oriental de la isla de adquirir conciencia de una nacionalidad, que en 1844 hizo erupción, expulsando a los haitianos para dar inicio a la guerra patriótica con las campañas que por espacio de doce años no le dieron sosiego a la recién nacida república y mucho menos a los vecinos occidentales. Antes, en 1809, Haití se había apropiado de unos cuatro mil kilómetros cuadrados de una zona, que por siglos, la corona española nunca pudo atender. Las poblaciones Hincha, San Miguel de la Atalaya, San Rafael de la Angostura y Las Caobas estaban enclavadas en una región muy alejada de Santo Domingo que permitió convertirlos en un territorio libre que cada quien vivía sin presiones de los españoles y comercializando con la colonia francesa. En 1936 Trujillo le traspasó graciosamente a Haití una porción de 629 kilómetros cuadrados conocido como La Miel.

En los tiempos de 1844 a 1856 que los haitianos y dominicanos no estaban enfrentados pero con treguas de corta duración, los haitianos preparaban campañas bélicas, según su jefe de turno, hacia el este para tratar de volver a imponer el dominio isleño, entonces el gobierno dominicano trataba de que Haití devolviera los territorios ocupados del centro de la isla. Esas gestiones fueron en vano llegándose a un acuerdo en 1874 donde se le reconocía a Haití la ocupación de esos territorios con el trazado de una nueva línea fronteriza hasta que, en 1929 Horacio Vásquez y Louis Bornó, como presidentes dominicano y haitiano, firmaron un acuerdo de paz y fronteras donde ya el país perdía parte de su territorio, renunciando a sus aspiraciones de esa superficie. En abril de 1936, los presidentes Trujillo y Vincent ratificaron ese acuerdo, y al año siguiente, ocurrió la erupción del sentimiento herido del dictador dominicano, que con la matanza de haitianos le cercenó la vida a centenares de esos seres humanos residentes en el noroeste del país.