Taberna de la gallina gorda II

FEDERICO HENRIQUEZ GRATEREAUX
Escucha, Miklós, este químico del que te hablo gusta de comparar los pensadores antiguos con los científicos modernos y contemporáneos. Un día nos dijo: “el pobre Newton, a pesar de su genio, era esclavo de las palabras. Sus expresiones: reposo, movimiento, cuerpo, fuerza, le aprisionaban. Nunca llegó a definirlas, pues suponía que se trataba de “hechos”. Las formulas matemáticas de la física clásica no logran invalidar las palabras; solo las sustituyen o disfrazan. ¿Imaginan ustedes que habría pasado si Newton, en lugar de contentarse con los vocablos “fuerza” y “cuerpo”, hubiese pensado en “masa” y “energía”? Esta es, desde luego, una especulación arriesgada que abarca casi tres siglos.

Para Newton no era posible concebir la materia con los “conceptos” de Einstein. Pero Newton tuvo el valor y la lealtad de reconocer en Pitágoras al padre de las leyes de la gravedad, que todos atribuyen a él.”

– Ignaz, no puedo creer que seas tan ingenuo como para dejarte seducir por un sofista de café. – Hay un documento escrito por el propio Newton en el cual confirma que Pitágoras “se le anticipó en el descubrimiento de que la fuerza de gravedad variaba en proporción inversa al cuadrado de la distancia”. Es un “borrador de escolio” a la Proposición VII de los Principia. Dos historiadores británicos, Rattansi y McGuire, sostienen que Newton quiso, en algún momento, hacer declaraciones formales de sus creencias “en la filosofía pitagórica y en la teología antigua”, e incluirlas en sus Principia. Newton explicó que “Pitágoras estiraba los intestinos de las ovejas o los tendones de los bueyes atándoles varios pesos, y a partir de esto aprendió la razón de la armonía celeste. la proporción descubierta mediante tales experimentos la aplicó a los cielos, y consiguientemente, al comparar esos pesos con los de los planetas y las longitudes de las cuerdas con las distancias planetarias, entendió mediante la armonía de los cielos que los pesos [tensión] de los planetas hacia el sol se comportaban recíprocamente como el cuadrado de sus distancias respecto del sol”. Miklós, me he ocupado, durante varios meses, en comprobar estas citas cuidadosamente.

– Otra cosa, Miklós, no desdeñes a los sofistas, como hicieron Platón y Aristóteles; ellos fueron los padres del razonamiento, lo mismo que del discurso retórico o arte de discutir. Sin esas habilidades para la disputa los abogados y los políticos no sabrían qué hacer. Los sofistas eran “técnicos” de la palabra. Dice el químico que no pueden ser despreciados los hombres como Gorgias. La verdad, difícil de asir en la antigüedad, lo sigue siendo en este momento y sospecho que lo será siempre. Los “técnicos” antiguos de la palabra hablada no poseían un know how, un saber hacer; solamente dominaban un “saber decir”. En últimas cuentas, la verdad se nos muestra tan arisca y escurridiza que lo único que podemos hacer es agarrarnos a la relatividad de los vocablos; o, como lo expresa un profesor italiano, a la “posibilidad de ejercer el poder a través de la palabra y del pensamiento”. Los lingüistas modernos andan por ese camino. Han retrocedido al siglo quinto antes de Cristo. Y todo ello a pesar de los éxitos prácticos de la ciencia aplicada en los últimos cien años.

– ¿Cuándo me presentarás al químico – sofista – bebedor? – ¿Sabes una cosa? tu escepticismo no me molesta nada. Es la misma actitud que tenía yo antes de frecuentar la Taberna de la gallina gorda. He llegado a la conclusión de que los sofistas reinan en el mercado de hoy. Todos los productos de la economía son promovidos, anunciados, publicitados. La taberna es un ágora reservada donde se refugian soñadores y perezosos, inconformes auténticos, artistas reflexivos, pensadores marginales. En nuestra época existen “inconformistas” profesionales, esto es, vulgares exhibicionistas mediáticos; y también propagandistas pagados, algunos al servicio de grupos mafiosos. A la Taberna de la gallina gorda acude tanta gente interesante y valiosa que el gobierno paga espías para que vengan a beber aquí y los vigilen, escuchen sus conversaciones. Los comunistas están a punto de volver al poder en dos países vecinos.

Los radicales de Praga esperan ayuda de fuera que les permita enfrentar a ciertos ciudadanos con poder de persuasión, credibilidad, prestigio público. No quieren que surjan líderes moderados.

– Me dijiste que al llegar oíste a un hombre censurando agriamente a los políticos. – Agriamente es decir poca cosa, si midiéramos por la pequeña porción que escuché. – Sin embargo, aquí se habla poco de política. Algunos espías terminan alcoholizándose sin poder hacer ninguna denuncia que justifique sus salarios; otros “se convierten” al credo de los espiados. Oírlos hablar una y otra vez les lleva a sentir simpatía y admiración por ellos. Sus jefes les dicen que entrarán en contacto con sujetos peligrosos. Luego los agentes comprueban que no es así, que son hombres comunes, individuos que hablan “boberías sin interés para los funcionarios de la seguridad del Estado”. Una joven estudiante de post-grado, a quien veo a menudo, me contó que un espía, cliente habitual en la taberna, le pidió que tradujera una frase en inglés que escribió un parroquiano en el borde del menú. El autor de la frase objeto de investigación era Heraclito de Efeso: “El alma es una chispa de la substancia estelar” El soplón pensó que se trataba de un mensaje cifrado. La había escrito el químico; no tenía nada que ver con política. Praga, Checoslovaquia, 1993, (M.U/ID).