Tácticas de miedo en la era nuclear

DAVID E. SANGLER
Tal vez Corea del Norte se está preparando realmente para sacudir la tierra, para probar que sus 50 años de intentos por adquirir un arsenal nuclear tuvieron éxito. O tal vez Kim Jong Il, hijo del fundador del padre, solamente juega con el resto de los jefes de estado del mundo. De cualquier manera, Corea del Norte demuestra una verdad de la segunda era nuclear: el poder político de las armas atómicas ya no depende de las dimensiones de nuestro arsenal, que era la medida durante la guerra fría. En cambio, está ligado a nuestra capacidad para convencer al mundo de que podríamos estar lo suficientemente locos para usar, o vender, lo que tenemos. Para tales fines, media docena de armas son tan buenas como 5,200, el número actual (aunque cada vez menor) del arsenal operativo de Estados Unidos.

Es por eso que, aunque Estados Unidos y Rusia aún cuentan con aproximadamente 95 por ciento de las armas nucleares del mundo, Washington y el mundo parecen consumidos en estos días por el restante 5 por ciento. Aunque hay muchas razones para preocuparse porque los materiales nucleares no controlados en la antigua Unión Soviética puedan ir a parar a las manos de Al Qaeda o de separatistas chechenios, la inmensidad de los arsenales de la guerra fría parece hoy extrañamente casi irrelevante.

Kofi Annan, el secretario general de las Naciones Unidas, aludió a esta paradoja en una insinuación que formuló sobre una revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear. Si Washington y Moscú desearan alentar a resto del mundo a desarmarse, afirmó deberían cumplir sus propias obligaciones bajo el tratado y comprometerse “a mayores reducciones en sus arsenales, para que las ojivas asciendan a cientos, no a miles”.

El gobierno del Presidente Bush, que contempla nuevas armas nucleares capaces de destruir refugios, no aceptó la invitación. Tampoco lo hizo Vladimir Putin, Presidente de Rusia, quien describió recientemente el desplome de la Unión Soviética como un desastre geopolítico.

No obstante, la pesadilla que más preocupa a los expertos en estos días es la de armas nucleares en manos de quienes no aprendieron la disciplina nuclear en los días de la guerra fría. Hace tres años, se temía que Pakistán e India pudieran permitir que su rivalidad en torno a Cachemira desencadenar ataques nucleares. Desde entonces, dieron marcha atrás, y limitaron su más reciente enfrentamiento al campo de cricket.

Sin embargo, Corea del Norte no juega cricket. Negocia mediante amenazas y escalamiento. Así, aunque la mayor actividad detectada recientemente en un sitio de pruebas en el noreste montañoso podría ser una estratagema, podría ser también una señal de los intentos de Corea del Norte por obtener más poder de negociación, al demostrar que en verdad puede detonar una bomba nuclear.

Desde luego, una prueba evaporaría de inmediato un 15 por ciento del presunto arsenal de Corea del Norte. Pero podría tener sentido para Kim, ya que aumentaría el valor político de las armas que conserve almacenadas.

“Creo que es fácil subestimar cuál podría ser el efecto político de que un arma estalle en el Noreste de Asia”, afirmó el ex senador Sam Nunn, quien pasa gran parte del tiempo intentando detener la propagación de armas nucleares. “Pondría en movimiento temores a largo plazo acerca de otros países que desean desarrollar armas nucleares. Crearía la impresión — correcta o equivocada — de que los coreanos podrían estar dispuestos a usar o vender una”.