Taiwán como ejemplo

UBI RIVAS
En el transcurso de su reciente visita a la República de China en Taiwán, ROC, siglas en inglés, el presidente Leonel Fernández exhortó a sus paisanos imitar el ejemplo de superación financiera del baluarte nacionalista forjado por el generalísimo Chiang Kai-shek a partir de 1949.

El presidente Fernández anida una obsesión de convertir a nuestro país en un polo de desarrollo de tecnología “de punta”, un símil de Sillicon Valley, en la zona industrial de San Isidro.

Con esos fines, el presidente Fernández ha girado tres visitas a Sillicon Valley, próximo a Los Angeles, California, que es el polo de desarrollo global número 14.

También ha cursado tres visitas a la ROC, a su vez, el polo de desarrollo mundial número 24.

Los indicadores “a la vista”, como se expresan en su jerga los banqueros alusivo a las cartas de créditos, nuestro país logró exportaciones en 2005 por US$1,397.9 millones, de los cuales, desglosados, 7.6 millones corresponden al café; 41.6 cacao, 101.1 azúcar y 22.1 al tabaco en ramas, que en habanos representan 240 millones, es decir, que la economía tradicional o “de postre” traducen un famélico US$864 millones.

Al paquete es menester añadir 508.9 millones de zonas francas industriales, es decir, la maquila y 380.8 al ferroníquel de Loma Peguera de Monseñor Nouel, la canadiense Falconbridge, a la cual nunca se le censa el mercurio que siempre acompaña el ferroníquel y que exporta de gratis.

Las reservas brutas depositadas en las bóvedas del Banco Central no rebasan los US$700 millones.

La contrapartida de la ROC en 2004 reportan US$174,010 millones, PIB US$333,400 millones, PNB US$322,200 millones, PNB per cápita US$14,271 millones, exportaciones US$174,010 millones, reservas en dólares 252,000 millones, tasa de desempleo en una población de 23 millones (4.07% octubre 2005) en un territorio de 8 x 36 mil kilómetros cuadrados.

Todo ese jalonar económico lo ha conseguido la ROC en 56 años y nosotros en 514 años una miseria que traduce un fiasco colosal en la forma de conducir el destino nacional todos los gobiernos a partir del nacer la República en 1844.

Mientras en nuestro país nos hemos manejado con una relajocracia y gobiernos despóticos que con la excepción de los 31 años y siete meses del generalísimo Rafael Leonidas Trujillo se organizó un criterio de formar un país moderno, el estado de excepción en Taiwán que impuso en 1949 el generalísimo Chiang fue abolido apenas en 1987.

En todo ese trayecto de 38 años imperó no solamente un diseño rígido de conducencia nacional, sino además, se instauró la disciplina, el método de trabajo rítmico, todo accionado por el miedo, que con el interés, son los dos únicos resortes que mueven la apatía humana. No hay otra opción tercera.

¿O la hay?. ¿Cómo se llama?.

Nuestro país tiene las potencialidades más óptimas que la ROC para emularlo y superarlo, pero se requiere para obtenerlo de la disciplina, la mística por el trabajo que la mano dura obtuvo en la ROC y que aquí no existe porque cada quien quiere hacer lo que les viene en ganas sin respetar la más sencilla de las leyes, la 241 que regula el tránsito de vehículos de motor que todos violan millares de veces a diario.

Y de esa manera no es posible organizar un país moderno, con tecnología de punta, referencia tecnológica de Sillicon Valley o de la ROC. ¿Estamos?.