¿Tanta gente equivocada?

http://hoy.com.do/image/article/330/460x390/0/3E127B26-39B4-4515-A04E-069077DC491E.jpeg

La oposición más persistente que se manifiesta en estos días en el país no es propiamente contra una reforma fiscal, que bien podría ser factible y justificable, sino contra la intención de establecer nuevos impuestos, y fundamentalmente aquellos que han de constreñir aún más el poder adquisitivo de la población más pobre.

Las expresiones contra esa intención provienen de sectores con los más disímiles intereses, como empresarios y choferes, industriales y comerciantes, credos religiosos y grupos de izquierda por citar unos cuantos.

Niki Fabiancic, el coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas en el país, aconseja que cualquier reforma fiscal debería basarse en los principios de solidaridad, equidad y austeridad en el gasto público. Y justifica su receta en el hecho de que en nuestro país el 20% más rico de la población tiene acceso al 60% de los ingresos y el 20% más pobre tiene acceso sólo a un 4%.

Pero quienes le están dando forma a la reforma fiscal han admitido, en diferentes momentos, sus grados de impotencia. Impotencia, por ejemplo, para contrarrestar la especulación del comercio, que se inició apenas se habló de la reforma, o para eliminar una evasión fiscal que solo en el caso del Itebis alcanzaría aproximadamente un 40%.

Hay justificadas razones para temer que la mayoría de los impuestos en diseño terminarán afectando a las familias más pobres. Si ahora el Gobierno admite que no tiene medios para contener la especulación que se ha desatado sin haber entrado en vigencia ninguna reforma, ¿qué pasará cuando ésta sea un hecho consumado?

-II-

Otro aspecto con gran influencia en las finanzas públicas es el de los subsidios al gas licuado de petróleo y la energía eléctrica. Varias administraciones, no solamente la presente, han fracasado en el intento de focalizar hacia los hogares pobres los subsidios del gas y la electricidad.

Sería un contrasentido que, sin detener esas fugas del erario se pretenda resarcirlas con más impuestos.

Mientras hay hospitales con carencias, le falta recursos a Educación y está en su peor momento el transporte subsidiado a través de la Oficina Metropolitana de Servicio de Autobuses (OMSA), el Gobierno garantiza a plenitud los fondos para continuar el Metro de Santo Domingo.

Es como desvestir a varios santos para vestir a uno. El mayor temor en cuanto al diseño de la reforma es que el Gobierno no parece muy inclinado a gravar las grandes rentas, mientras le pone la mira a productos de la canasta familiar.

La otra cara grosera de ese aspecto de la reforma es que del mismo modo que el Gobierno dice no poder controlar la especulación con los precios, tampoco podría impedir que en el caso del Itebis se produzca una especie de tributación múltiple que termine perjudicando al consumidor y al fisco.

Hay, por otro lado, capítulos del gasto público que no parecen tener justificación, como es el caso de la sobreabundancia de vicecónsules en ciudades de los Estados Unidos y Europa. Definitivamente, el aspecto impositivo de la reforma  tiene en contra a sectores de intereses muy dispares y ha puesto en trinchera común a gente que corresponden a un lado y otro de la enorme brecha social, de la inequidad.

¿Acaso hay tanta gente equivocada en este país?